Mientras lees estas líneas, en las calles de Irán se está librando una batalla desigual. No es solo una protesta; es una auténtica revolución donde la vida se pone en juego en cada esquina. Mujeres que se despojan del velo desafiando a la muerte y hombres que caminan junto a ellas, conscientes de que la libertad de un pueblo empieza por el fin de la violencia machista institucionalizada que ejerce la dictadura.
Sin embargo, a este lado del mapa, el silencio es ensordecedor. En Europa parecemos haber caído en una pasividad cómoda, mirando las noticias como si fueran escenas de una ficción lejana. Olvidamos que nuestro apoyo —o nuestra falta de él— tiene consecuencias reales.Rostros que el régimen no pudo borrar
La violencia machista de los Ayatolás no se queda en las leyes; se ejecuta en las celdas y en las plazas. Lo que en Persépolis vemos a través de trazos de tinta, hoy lo vemos en fotografías de teléfonos móviles que logran burlar la censura.
- Jina Mahsa Amini: El nombre que encendió la mecha. Su asesinato bajo custodia de la "policía de la moral" tras ser secuestrada por llevar "mal puesto" el velo.
- La juventud sacrificada: Nika Shakarami, Sarina Esmailzadeh... adolescentes que solo querían un futuro normal.
- Hombres en el patíbulo: Aquellos ejecutados por alzarse en defensa de sus hermanas, hijas y compañeras.
La genealogía del terror: Cuando el velo se convirtió en cárcel
Al abrir las páginas de Persépolis, asistimos al año 1980, cuando el uso del velo pasó de ser una opción religiosa a una obligación estatal. Marjane Satrapi nos muestra que el control sobre la mujer fue la primera ley de la teocracia.
En la obra, vemos a las Guardianas de la Revolución patrullando las calles, exactamente igual que la policía de la moral actual. Satrapi nos enseña que el miedo es un método para que la mujer nunca se sienta dueña de su propia existencia, atacando su educación y su pensamiento crítico.
Si la mujer no es libre, la sociedad entera vive en una cárcel.
Marjane Satrapi
Conclusión: Nuestra mirada es su escudo
No podemos permitir que el paso de los días anestesie nuestra sensibilidad. Cada vez que en Europa apartamos la vista de Irán, le estamos dando permiso a la dictadura para seguir apretando la soga. Volver a Persépolis hoy no es un ejercicio de nostalgia, es un acto de resistencia.
El pueblo iraní ya ha roto los muros del miedo. Ahora nos toca a nosotros ser el altavoz de quienes el régimen intenta silenciar. No les dejemos solos.
¿Cómo apoyar desde Europa?
- Amnistía Internacional: Firma contra las ejecuciones.
- Iran Human Rights (IHRNGO): Información verificada sobre la represión.
- Center for Human Rights in Iran (CHRI): Testimonios directos de las víctimas.
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