Libro que me gusta, autor que exprimo (lo dejo sin sangre). Así que recibí con muchísima alegría la publicación de Botchan (坊っちゃん) en 2009 de la mano de la editorial Impedimenta, una alegría que continuó con Sanshiro (三四郎). Y no hace mucho, esta estupenda editorial nos volvió a sorprender con Soy un gato (吾輩は猫である Wagahai wa neko de aru), en esta ocasión con traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.
A estas alturas, poco puedo aportar que no se haya dicho ya de esta obra. Está considerada un clásico absoluto de la literatura japonesa (en Japón, claro, porque en España apenas era conocido, aunque internet está haciendo maravillas y el libro ha tenido una gran acogida).
A diferencia de los otros títulos de Soseki que he mencionado, Soy un gato es un novelón de más de seiscientas páginas. El autor escribió las aventuras de este felino sin nombre por entregas para una revista de la época (en el año 1905). Supongo que por ese carácter episódico alarga diálogos y situaciones que podrían haberse cerrado antes. Sé que hay auténticas forofas de este gato y todavía no he leído ninguna crítica que mencione esto, pero hay que decirlo: no conozco novela de seiscientas hojas que no flaquee en algún momento, y esta tiene sus pequeños bajones rítmicos.
Dejando ese detalle a un lado, la lectura es increíblemente fluida y en absoluto parece estar escrita a principios del siglo XX. Soseki nos ofrece un retrato sorprendente de la sociedad japonesa de la época: los coletazos de la era Meiji (明治時代, 1868-1912), marcada por la apertura a Occidente y el intento simultáneo de preservar las costumbres niponas. El gato no deja títere con cabeza y da un buen repaso a todos los personajes. Hay que confesarlo, el felino es un cotilla de cuidado, y de paso, nos convierte en cotillas a nosotras.
A través de sus ojos seguimos las desventuras del profesor Kushami (un hombre mediocre, mal vestido y más bien feo), de su familia (esposa y dos hijas sobre las que es mejor no hacer comentarios), de sus amigos y vecinos.
Cuando se habla de esta novela, siempre se cita su célebre inicio, que en la literatura japonesa es tan icónico como el de nuestro Quijote: "Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde nací. 吾輩は猫である。名前はまだ無い。どこで生れたかとんと見当がつかぬ (Wagahai wa neko de aru. Namae wa mada nai. Doko de umareta ka tonto kentou ga tsukanu)"
Curiosidades gatunas:
El origen real: Soseki se inspiró en un gato callejero negro que se coló en su casa. Su mujer, Kyoko, odiaba a los felinos y quiso echarlo, pero una masajista le dijo que aquel animal traía buena suerte, así que se quedó.
El funeral del gato: Cuando el gato real murió en 1908, Soseki le construyó una pequeña tumba en su jardín (que hoy es un lugar de culto) y envió esquelas formales a sus amigos avisando del fallecimiento.
La arrogancia de "Wagahai": El título original usa el pronombre Wagahai (吾輩), una forma arcaica y extremadamente arrogante de decir "yo", propia de nobles o militares de alto rango. Que un gato callejero y sin nombre hable de sí mismo como si fuera un emperador es la primera gran genialidad de la novela.
Iba a ser un cuento corto: Soseki solo pensaba escribir un relato breve para la revista literaria Hototogisu (El cuco). Tuvo tanto éxito que sus lectores le suplicaron que continuara, de ahí su formato episódico y su gran extensión final.
Disfruté mucho de la lectura y pido desde aquí a Impedimenta que agote todo el catálogo de Natsume Soseki; por suerte, aún quedan unos cuantos libros suyos por traducir.
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| Natsume Soseki |


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