El cineasta surcoreano Kim Ki-young (1922-1988), quien falleció trágicamente junto a su esposa en un incendio, es hoy una verdadera figura de culto. Aunque su nombre no resuene entre el gran público, cuenta con una legión de seguidores que no deja de crecer al descubrir su obra. Su cine no admite medias tintas: o se le alaba o se le ddetesta. Como apasionada del séptimo arte, me posiciono claramente entre sus más firmes admiradoras.
Tuve la oportunidad de descubrir The Housemaid (하녀, Hanyeo, 1960) durante el Festival de Cine Asiático de Barcelona. El reparto principal cuenta con Eun-shim Lee, Jeung-nyeo Ju, Ji Kyu Kim y Ahn Sung-Kee. En torno a este elenco gira una de las curiosidades más fascinantes y tristes del filme: Eun-shim Lee, encargada de dar vida a la sirvienta, entregó una interpretación tan brillante y retorcida que el público fue incapaz de separar a la actriz de su personaje. El odio visceral de los espectadores hacia la criada terminó truncando su prometedora carrera, un fenómeno injusto pero que demuestra la fuerza de su actuación.
El desarrollo de la trama atrapa desde el principio. Sigue a un profesor de piano (Ji Kyu Kim), un hombre casado y a punto de ser padre por tercera vez. Las alumnas se encaprichan con él —llegando el protagonista a denunciar a una joven por enviarle una carta de amor—, pero, paradójicamente, es él quien acaba cediendo ante los encantos de la nueva criada de la familia, dejándola embarazada. Lejos de actuar con rectitud moral, le confiesa la infidelidad a su esposa (Jeung-nyeo Ju). Esta reacciona de manera inesperada: en lugar de ofenderse en un primer momento, le exige absoluto silencio para proteger el prestigio de su puesto de trabajo y no perder la casa ni los electrodomésticos por los que tanto ha sacrificado. Este pacto de conveniencia es el detonante que desata el terror psicológico dentro del hogar, convirtiendo a la película en un éxito rotundo de taquilla en su época.
Hoy podemos disfrutar de esta obra maestra, en gran parte, gracias a los esfuerzos de restauración de figuras clave como Martin Scorsese. Como bien ha señalado el director estadounidense, el hecho de que esta película haya quedado reservada durante décadas solo para algunos cinéfilos es un auténtico infortunio en la historia del cine.
La relevancia de Hanyeo es tal que recientemente se estrenó en el Festival de Cannes un notable remake dirigido por Im Sang-soo, con un reparto encabezado por Jeon Do-Youn, Lee Jung Jae y Youn Yuh-Jung. Para analizar el calado de esta nueva versión, merece la pena detenerse en la visión de Carlos Boyero, un crítico con un vastísimo conocimiento cinematográfico y un criterio siempre digno de atención. Boyero destaca cómo la película plasma magistralmente las dinámicas de poder y la implacable opresión del fuerte sobre el débil, elogiando la capacidad del director para retratar con crudeza y veracidad esta desesperada lucha de clases. En esta misma línea, el crítico Oti Rodríguez Marchante subraya en su crónica la asombrosa fluidez con la que el guion navega entre el drama, el misterio y el terror fantástico, demostrando un dominio narrativo cautivador.
Recomiendo fervientemente darle una oportunidad a la obra original de 1960. Quien la vea notará ciertos ecos al cine de Luis Buñuel, especialmente en su afilada disección de la burguesía. Si bien es cierto que cuenta con algunos clichés de la época —como el uso de música estridente para acentuar la tensión o la inclusión de una evidente moraleja final—, estos detalles son fundamentales para contextualizar las costumbres y el país de su filmación. Una joya que, como espectadora, te mantiene completamente absorta de principio a fin.








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