El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas - 世界の終りとハードボイルドワンダーランド Haruki Murakami 村上 春樹
Me pregunto a menudo qué criterio siguen las editoriales para sus publicaciones. ¿Son los traductores los que deciden? ¿La editorial manda? ¿O es el propio autor? Sea como sea, a veces resulta un verdadero desastre cronológico.
Tusquets tuvo la posibilidad de publicar esta joya de 1985 mucho antes, pero decidió priorizar obras posteriores como Tokio Blues, Sputnik, mi amor, Kafka en la orilla o After Dark. Como lectora que valora el recorrido vital de un escritor, me parece un pecado editorial. Sin embargo, cada vez que abro un libro de Haruki Murakami, lo hago con la esperanza de volver a encontrarme con el genio detrás de La caza del carnero salvaje o Crónica del pájaro que da vuelta al mundo. Y confieso que, tras algunas decepciones recientes, esta novela me ha reconciliado plenamente con el autor.
Dos mundos, un viaje al subconsciente
El gran triunfo de esta novela es su estructura magistral. Murakami nos presenta dos narrativas paralelas que se alternan capítulo a capítulo, cada una con su propio tono, subtítulo y con las maravillosas ilustraciones de Osamu Tsukasa.
El despiadado país de las maravillas: Es un thriller de ciencia ficción con tintes cyberpunk y noir. Ambientado en un Tokio futurista, seguimos a un Calculador (un procesador humano de datos) envuelto en una guerra de información contra los Semióticos, lidiando con criaturas subterráneas llamadas Tenebrosos y un excéntrico científico.
El fin del mundo: Es una fantasía onírica y melancólica. Aquí entramos en una misteriosa ciudad amurallada donde los habitantes no tienen sombra. El protagonista trabaja como Lector de sueños, extrayendo viejos recuerdos de los cráneos de unicornios dorados.
Como suelo hacer, leo varios libros a la vez; es una manía inevitable cuando paso largas temporadas inmersa en la lectura. Pero con esta obra me fue imposible. La forma en que estos dos universos, aparentemente desconectados, empiezan a entrelazarse en la mente y la identidad del protagonista es pura alquimia literaria. Tuve que aparcar todo lo demás y seguir a Murakami hasta el final.
Ecos y rupturas en la literatura japonesa
Si situamos esta obra en el panorama literario japonés de mediados de los años ochenta, el contraste es fascinante. Mientras que voces gigantes y contemporáneas como Kenzaburō Ōe exploraban las heridas sociales e históricas con una prosa densa y terrenal, Murakami rompía moldes infundiendo su narrativa de cultura pop, jazz y referentes occidentales.
Sin embargo, en la atmósfera de El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, resulta casi imposible no percibir la brillante estela del gran Kōbō Abe. Esa sensación de alienación urbana, las identidades fracturadas y los paisajes oníricos que rozan lo absurdo nos conectan directamente con la opresión existencial y el surrealismo que Abe dominaba a la perfección. Es como si Murakami hubiera tomado ese testigo de la vanguardia japonesa y lo hubiera recubierto con una pátina de novela negra cibernética, logrando un híbrido literario sin precedentes.
El arte de la traducción y un consejo crucial
No puedo dejar de destacar el impecable trabajo de Lourdes Porta Fuentes. Su traducción captura a la perfección esa dualidad entre la frialdad tecnológica de un mundo y el lirismo nostálgico del otro, demostrando por qué es una de las voces imprescindibles para entender la literatura japonesa en nuestro idioma.
Para terminar, un consejo de oro: no leas la contraportada. Si quieres disfrutar del misterio y dejar que la historia te envuelva, entra a ciegas. Es una lectura que dejará fascinada a cualquier persona, tanto a las que ya idolatran a Murakami como a las que jamás se han acercado a su obra.


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