Después de leer La carretera (The road), necesitaba algo más de McCarthy. Así que me fui a la librería y, cosas de la vida, nada más entrar vi esa cubierta (me gusta, es sencilla, directa, reconocible), la cogí y a leer.
Y ya puestos a criticar, el resumen de la contracubierta es malísimo; destroza la novela. Quien no conozca al autor y lea eso, seguro que lo suelta y se sacude después de un ahhhhhhhhh.
Bromas aparte, Meridiano de sangre fue publicado allá por 1985; la edición DEBOLSILLO Contemporánea que leí es de 2008 y la traducción es de Luis Murillo Fort (muy buena lectura).
La novela está estructurada en veintitrés capítulos y un epílogo. Cada capítulo, en lugar de un título al uso, nos va describiendo como en los libros antiguos (por ejemplo: VII Jackson blanco, Jackson negro. Un encuentro en las afueras... Glanton corta una cabellera...) lo que va a ocurrir, así que yo me lo saltaba. Prefería enfrascarme directamente en su lectura; no quería adelantos.
Esta edición tiene cerca de 400 páginas y, junto a la temática de la historia, me llevó algún tiempo terminarla. De vez en cuando tenía que dejar el libro a un lado, pues, aunque tengo un punto masoquista como lectora, no puedo con una lectura tan intensa; tenía que descansar y leer otras cosas más livianas. Como curiosidad, parece que no soy la única lectora abrumada: el legendario crítico Harold Bloom confesó que las dos primeras veces que intentó leer Meridiano de sangre tuvo que abandonarlo porque la violencia lo superaba, hasta que a la tercera lo consiguió y terminó catalogándola como la mayor obra maestra estadounidense de su tiempo.
A estas alturas, quienes no conozcan la novela se preguntarán de qué va. Se podría contestar que es un wéstern, que trata sobre indios, de viajes, de masacres... de un baile. Esta novela es un compendio de tantas cosas. Hay violencia, pero el autor no se recrea en ella; sin embargo, desde el principio al final la obra está impregnada de ella.
No terminamos de conocer bien a los personajes. McCarthy solo comenta qué hacen y cómo lo hacen; no nos dice qué piensan ni valora sus acciones. Viajan a lo largo de la frontera (México - Texas, a mediados del siglo XIX) en busca de apaches para cortarles la cabellera, ya que han sido contratados por el Gobernador de Chihuahua para exterminar a los indios y acabar así con su barbarie. Y lo más escalofriante es que esto no es una invención sádica del autor, sino pura historia documentada. La novela sigue a la verdadera Banda de Glanton, unos mercenarios que descubrieron una laguna macabra: las autoridades no sabían distinguir una cabellera apache de la de un indio pacífico o la de un granjero mexicano, así que empezaron a masacrar a cualquiera que se cruzara en su camino para cobrar la recompensa en oro.
En medio de esta locura que no conoce límites, donde la matanza continúa hasta el último baile, destaca el enfrentamiento entre el Juez Holden y el chaval. Lo fascinante es que McCarthy construyó todo esto basándose en un documento histórico real: My Confession, las memorias de Samuel Chamberlain, un joven que huyó de casa a los 16 años para unirse a Glanton y que es la inspiración directa para el personaje de "el chaval". En esos textos también se describe al Juez casi exactamente como en el libro: un gigante pálido, sin un solo pelo, políglota, excelente músico y profundamente perturbador, dejando a los historiadores todavía debatiendo hoy en día si existió de verdad o fue una exageración mítica para representar el mal absoluto.
Quienes quieran una lectura sencilla, que se aparten de este libro o esperen a la película, que siempre será más suave.
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| Cormac McCarthy |


Comentarios
Estoy disfrutando de tus comentarios librescos. ;)
Te cuento que cuando el primer libro que leo de un escritor "x" me gusta, yo también trato de exprimirlo hasta donde se pueda (a veces me pego un empacho, como con Auster). Así que llevado por los buenos momentos que pasé con Cormac McCarthy, y esta novela en especial (tenemos la misma edición), pienso retomarlo el próximo año.
¡Feliz año nuevo!
R.
Muchas gracias por pasarte por el blog, ha sido una sorpresa muy agradable.
Me gusta exprimir a los escritores y sí, a veces es para darse cabezazos por el tiempo perdido.
Y, en ocasiones, se me va la olla en los comentarios, como habrás comprobado.
Yo también te deseo un feliz año, 2011 (este número no acaba de gustarme, tonterías), que lo disfrutes en compañía de libros y de la gente que más quieres,
Bara