El pasado 23 de marzo se celebró el centenario del nacimiento de Akira Kurosawa (黑澤明). Como me gusta celebrar las cosas a mi propia manera, y más vale tarde que nunca (cerca de cuatro meses después), cumplo con la promesa que me hice de comentar las películas del Festival de San Sebastián de 2008, del ciclo Japón en Negro.
No hay película de Kurosawa que no me haya gustado. Da igual que sea de sus inicios o de su etapa "madura", cuando ya era un anciano; todas, absolutamente todas, me fascinan. Y no soy la única apasionada por este hombre. Grandes cineastas han bebido de él e incluso han hecho remakes confesos de sus obras: desde Los siete samuráis, que inspiró Los siete magníficos de John Sturges, hasta la profunda influencia que tuvo en el spaghetti western de Sergio Leone (Por un puñado de dólares) o en la saga espacial de George Lucas (La guerra de las galaxias).
El perro rabioso (1949) está protagonizada por un jovencísimo y por entonces casi desconocido Toshiro Mifune (三船 敏郎). Este filme es uno de los grandes pilares del legendario tándem Kurosawa-Mifune, una colaboración que se desarrolló desde El ángel ebrio (Yoidore Tenshi, 1948) hasta Barbarroja (Akahige, 1965). Tras esta última no volvieron a trabajar juntos, pero cerraron su etapa a lo grande con una obra verdaderamente espectacular.
En El perro rabioso, Kurosawa introduce un elemento que cobraría vital importancia en gran parte de su filmografía: la climatología. Fiel a su extremo perfeccionismo, el director utiliza el calor bochornoso como una herramienta narrativa que nos hace sentir exactamente lo mismo que los personajes. Es un calor pegajoso, insoportable, de esos en los que el cielo está encapotado y no dejas de preguntarte: "¿Cuándo va a llover de una vez?". Personalmente, llevo tan mal el calor que, una vez superados los 25 grados, dejo de ser persona. Si a las altas temperaturas le añadimos la humedad asfixiante de Tokio que muestra la película, mi ser muta en otra cosa; no puedo pensar y lo único que me alivia es nadar, ya sea haciendo unos largos en la piscina o, si tengo la suerte de estar cerca, sumergiéndome en el mar (aún no he encontrado nada que lo sustituya).
La premisa de la película es aparentemente sencilla —de hecho, Kurosawa escribió originalmente esta historia como una novela inédita, inspirándose enormemente en el estilo de Georges Simenon y su célebre comisario Maigret—: a Murakami (Mifune), un policía novato, le roban su pistola Colt en un autobús atestado de gente sudorosa. Este hecho lo sume en una profunda crisis de deshonor y lo atormenta, haciéndole sentir culpable de cada crimen y asesinato que se cometa con su arma, a pesar de no haber apretado él el gatillo.
En su descenso a los bajos fondos para recuperar su pistola, contará con la ayuda de Takashi Shimura (el agente Sato), quien interpreta magistralmente el papel de policía veterano, cínico pero experto. Esta dinámica entre ambos convierte a la cinta en una de las precursoras absolutas del género policiaco de "colegas" (el famoso buddy cop que Hollywood explotaría décadas después emparejando al joven impulsivo con el veterano sabio).
Juntos, nos sumergen en el Tokio inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. Profundamente influenciado por el neorrealismo italiano y obras como El ladrón de bicicletas, Kurosawa buscaba mostrar la ciudad de la forma más cruda y genuina posible. Tanto es así que, para lograr ese tono hiperrealista, varias de las escenas de los mercados negros y las calles en ruinas fueron grabadas como un auténtico documental, usando cámaras ocultas manejadas por su ayudante de dirección, Ishiro Honda (quien más tarde haría historia dirigiendo Godzilla). En este entorno de cartillas de racionamiento donde cada cual hacía lo imposible para sobrevivir, Kurosawa construye un relato de dualidades: Murakami no juzga a ningún personaje con el que tropieza porque entiende la desesperación de su entorno; de hecho, el director nos insinúa que el policía y el criminal son dos caras de la misma moneda.
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| Akira Kurosawa |


Comentarios
Pues sí que hicieron películas juntos, yo me quedo con…, con todas, lo cierto es que me gustan todas, no tengo criterio en lo que se refiere a este tema, pues, alguna debe ser mala, pero yo he disfrutado de todas, ayyy, ¿debería ser más exigente?, bahh.
Gracias por el comentario, me gustó mucho, saludos,
Bara