Hay diez películas nominadas al Oscar a la mejor película y cinco a la mejor dirección. Pero, como nos gusta el morbo, en todas las quinielas se compara Avatar y En tierra hostil.
Empecemos con James Cameron. Este hombre es famoso por Titanic (y por Terminator, Abyss...), una película que no he visto y no pienso ver. Hay cosas que me caen mal sin explicación lógica; las rechazo de plano y ya está. Eso me ocurre con Titanic y me ocurría otro tanto con Avatar. Sin embargo, decidí ir a verla. ¿Por qué? Iba bien acompañada al cine, así que puse mucho interés. Me coloqué mis gafas y a la aventura.
Sin embargo, según pasaban los minutos, aquello era como un globo que iba perdiendo el aire poco a poco. A los cinco minutos de empezar la película, quería tirar las puñeteras gafas, pero me contuve. Un verdadero desastre. Lo peor de todo es el guion: es malísimo. Y eso que el amigo Cameron lo escribió allá por 1994 y lo guardó en un cajón más de diez años esperando a que la tecnología estuviera a la altura de sus efectos especiales. Pues ya podía haber aprovechado esa década para darle una vuelta al libreto, porque es producto de Hollywood puro y duro. Es ñoña hasta decir basta; la historia de amor del soldado paralítico y la alienígena, qué puedo decir, da asco. Edulcorada hasta la saciedad (vamos, una mezcla entre Pocahontas y Bailando con lobos). Los buenos son buenos, pero "retequebuenos", y los malos no son solo malos, son malísimos. Es más, son unos fascistas; por tanto, lo peor de la sociedad.
James Cameron, que sospecho que no es nada humilde, debería haber dejado el guion en manos de quien supiera contar historias. Así como buscó lo mejor para los efectos especiales (y lo consiguió), tendría que haber hecho lo mismo con el texto. Así tendríamos una película equilibrada, al menos. Esa publicidad sobre que Avatar es una revolución y que Cameron es un artista... ni caso. Esta gente no sabe nada de historia del cine. Si el cine que nos viene va a continuar por estos derroteros, no vuelvo a una sala, comienzo a tirar de mi videoteca (que está muy bien surtida) y a disfrutar.
¿De qué va Avatar? Si a estas alturas hay alguien que no lo sepa, ahí va un pequeño resumen: se ambienta en el año 2154, el planeta Tierra está en crisis energética y necesita un mineral que Pandora, otro planeta, tiene en abundancia. La solución es sencilla: cogerlo. Existen dos formas, la buena y la mala. La buena consiste en conquistar pacíficamente a sus habitantes, los Na'vi, hacerse amigos de ellos y que simplemente nos den el mineral. La mala, por supuesto, es la vía militar: arrasar con todo. Aquí hay que destacar el personaje de Stephen Lang; al menos es entretenido. Su actitud de "hagamos este trabajito y volvamos a casa", al más puro estilo Rambo, tiene su punto. Además, el peinado es brutal (¿o eran cicatrices? No me acuerdo, pero era de lo más chulo).
En una entrevista le preguntaron a James Cameron por qué el personaje de Sigourney Weaver fumaba (esto ya no está muy bien visto hoy en día, ¡si Bogart levantara la cabeza!), y va y contesta el sesudo director: «para que se sepa que es una persona maleducada». ¿Mande? Este tipo es un simple.
La atmósfera de Pandora es tóxica para los humanos. Por ello, los terrícolas crean unos cuerpos con ADN humano y alienígena, controlándolos a través de la conciencia humana (uno para el soldado paralítico, otro lo controla la fumadora de Weaver —el cerebro de todo este asunto— y otro un segundo científico).
Las imágenes creadas por ordenador junto a los personajes reales, el 3D y el lenguaje inventado por Cameron para los Na'vi (que, por cierto, contrató a un lingüista profesional para crear un idioma desde cero con más de 1.000 palabras, un esfuerzo tremendo para una trama tan básica), es a lo que llaman "la revolución del cine". Afortunadamente, el cine es mucho más y de revolución nada; la única revolución es la cuenta corriente de James Cameron, que está a rebosar. La última escena nos dice que habrá una segunda parte. También se habla de videojuegos, muñequitos, etc. Visualmente, Avatar está muy bien. Que le den el Oscar a los mejores efectos especiales, pero que se quede ahí.
¡Caray! Acabo de destrozar la maravilla de la taquilla. Bueno, no era mi intención, pero no voy a borrar todo lo escrito, ahí se queda hasta que Google quiera.
Y ahora pasamos a En tierra hostil (The Hurt Locker) de Kathryn Bigelow (Le llaman Bodhi, Cuando cae la oscuridad...). Esta directora es muy interesante; al menos, bastante más interesante que su ex, el mismísimo James Cameron. Y aquí viene lo bueno de esta edición de los Oscar: es la primera vez en la historia que unos exesposos compiten directamente por los premios a Mejor Película y Mejor Dirección. Punto para ella. Sin embargo, a esta película le veo un peligro que ya comentaré al final.
La historia nos sitúa en Bagdad, capital de Irak, y nos muestra sutilmente (sin mencionarlo) el terrorismo que impera en la ciudad tras la intervención norteamericana y de los países amigos. Todo ello en busca de unas armas de destrucción masiva y el posterior derrocamiento —ejecutado finalmente en la horca— de Saddam Hussein. Esto ni se insinúa en la película, una crítica que se le ha hecho a la directora por no haber arriesgado más. Tampoco es para criticarla duramente; creo que Bigelow quiso contar una historia centrada en unos personajes y nada más.
Esta cinta fue estrenada en el Festival de Venecia de 2008 como una película más, pasando sin pena ni gloria, pero en Estados Unidos ha tenido mucho éxito.
Comienza con una cita de Christopher Lynn Hedges, quien fuera corresponsal del New York Times, sobre la adicción a la guerra: «La guerra es una droga». Su duración es de unas dos horas y no se hace pesada. La primera hora te mantiene en tensión, es impactante; luego hay un bajón y casi al final se vuelve a animar un poco. Está rodada como si fuese un documental, con cámara al hombro. Esto está muy bien, pero durante todo el metraje llega a cansar un poco. Trata de una unidad de desactivación de bombas; en realidad, de un chalado, Jeremy Renner, que expone su vida y la de sus compañeros continuamente. Hay que reconocerle el mérito al actor, porque rodaron en Jordania con un calor abrasador y los trajes de desactivación pesaban casi 40 kilos de verdad. El cansancio extremo que se le ve en pantalla no era solo actuación, estaban al borde del colapso físico. Está nominado al Oscar al mejor actor y hace un buen trabajo, está muy bien dirigido. Su personaje da la impresión de ser una mezcla entre militar y cowboy.
Hay escenas que son poco creíbles, como la de apagar un coche en llamas con un extintor. Al verla, empecé a recordar un curso de prevención de riesgos que hice donde nos enseñaban a utilizarlos. Decía el profe: "Salvo que se trate de una papelera y sea un conato, un extintor no sirve de mucho más. Si es un fuego más grande, poneos a salvo y llamad a los bomberos". Pues bien, con un solo extintor, este chiflado apaga el fuego de un coche que estaba ardiendo y que, encima, estaba lleno de bombas.
Hay otras escenas que tampoco nos podemos creer, como el cariño que le coge a un niño que anda por allí ganándose la vida como puede, o cuando escapa por la noche a hacer sus cosas de soldado. Pero el remate es cuando llega a su casa. Con lo tranquilo que se ve con su mujer (Evangeline Lilly, de Lost) y su hijo, y esa sonrisa de "nirvana" que tiene, te preguntas: ¿qué le pasa? También hay cameos de Guy Pearce y Ralph Fiennes.
¡Y qué peligro! Sí, el peligro del que hablaba arriba. Esa "adicción a la guerra" que se mencionaba al principio, ¿a qué se refiere? ¿Qué nos quiere contar la directora? A los jóvenes que quieran experiencias fuertes, a esos que les gusta tirarse de un puente o por un barranco porque quieren que la adrenalina les fluya por todo el cuerpo... que vayan a la guerra y pongan su vida en peligro, que no hay mejor subidón. El ejército nunca tuvo mejor anuncio publicitario para reclutar soldados. Evidentemente, esta reflexión es de cosecha propia. Kathryn Bigelow dice que es una película antibelicista; si ella lo dice, habrá que creerla.
Yo sigo apostando por otro tipo de cine, como Un tipo serio (A Serious Man) de Joel y Ethan Coen, o Up in the Air de Jason Reitman, que también están nominadas. Además, estoy deseando oír: And The Winner is... George Clooney.


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Comentarios
saludos y nos leemos..
Encantada, pasaremos un rato divertido leyéndonos, que de eso se trata.
Saludos,
Bara
Respectoa "En tierra Hostil", tenía cierto interés en verla, aunque después de leerte, no me atormentaré si no puedo verla.
lo de los oscars, déjaselo a los académicos esos, al fin y al cabo ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Para mi oscar no equivale a buen cine, salvo en contadas ocasiones, todo es un bluf comercial, más que otra cosa.
Ah!, y te veo muy interesada en la literatura japonesa!, en mi caso no tanto, pero también me interesa muco.
Un saludo
Un amigo más, estoy encantada, después de este comentario paso por tu blog.
Sobre las críticas de cine y literatura que hago, no te las tomes al pie de la letra.
Podrás comprobar que no tienen nada de “profesionales”, me paso las mañanas aplicando lo publicado en el BOE,
así que, cuando empiezo a escribir una entrada en el blog, me suelto la melena y algunas veces soy un poco radical, me divierte mucho, pero todo lo que digo lo siento de verdad.
Sobre la literatura japonesa es cierto, me gusta mucho. Pero también su cine, su idioma…. Pero no me hagas ninguna pregunta técnica que no sabría contestar.
Para eso vete al blog de Parió Katana, que sabe mucho y bien.
Como me decía Moisés, nos leemos,
Saludos,
Bara