portada que el libro trataba sobre la Guerra Civil española y Mercader, me decidí a comprarlo, aunque hasta entonces solo sabía de él que había sido un asesino.
El autor de este verdadero "novelón", publicado por Tusquets en 2009, es el cubano Leonardo Padura (1955). Fundamentalmente conocido por ser el renovador del género negro en español gracias a su detective Mario Conde, en El hombre que amaba a los perros Padura trasciende el "neopolicial" para firmar una obra cumbre de la novela histórica contemporánea. Tras más de cinco años de exhaustiva investigación documental, el autor —que sigue viviendo y escribiendo desde su barrio en La Habana— utiliza esta historia para realizar una crónica descarnada sobre el desgaste del sueño revolucionario.
Como lectora, confieso que, aunque algunos capítulos pueden resultar densos, la lectura es fluida y he aprendido muchísimo. La genialidad estructural de Padura reside en la construcción de una triple hélice narrativa que avanza convergiendo de manera inevitable hacia un mismo punto en el espacio y el tiempo (México, 1940), pero cuyas ondas expansivas llegan hasta la Cuba contemporánea (2004). Mezcla magistralmente la historia con la ficción, logrando que el relato resulte siempre verosímil.
El autor entrelaza estas tres vidas de forma brillante, utilizando un poderoso nexo simbólico: los perros. Los borzois rusos de Trotsky, los galgos de Mercader y los perros que acompañan al protagonista cubano representan la lealtad pura, el anclaje emocional en contraste absoluto con la traición y la deslealtad de las ideologías políticas que destruyen sus vidas.
Por un lado, la historia de Mercader comienza en el frente español luchando contra el fascismo. Es aquí donde la novela explora una de sus cuestiones más escalofriantes: el fanatismo como destructor de la humanidad. Este tema está perfectamente encarnado en su madre, Caridad, una burguesa catalana convertida en comunista convencida. Ella representa la alienación ideológica total, una madre dispuesta a sacrificar el alma de su propio hijo para entregarlo como herramienta asesina al servicio del estalinismo. Destaca también la figura de Kotov, el enigmático soviético que preparará a Mercader casi como a un agente "007" para su gran objetivo.
Por otro lado, seguimos el exilio de Trotsky y su familia por una Europa que le cierra las puertas, culminando en México al amparo de Diego Rivera y Frida Kahlo. A través de esta línea, descubrimos las purgas llevadas a cabo por Stalin. Padura expone magistralmente cómo el estalinismo reescribió la historia, eliminando personas de las fotografías y utilizando la perversión del lenguaje (con acusaciones prefabricadas como "enemigo del pueblo") para justificar masacres. Es en este punto, debido a la abrumadora cantidad de datos y nombres de ejecutados, donde la novela se me hizo un poco más pesada; una mayor concisión habría agilizado el ritmo, pero merece la pena continuar hasta el final.
La tercera historia, que funciona como hilo conductor, es la del escritor cubano Iván Cárdenas. A través de un manuscrito que Iván deja a su amigo Daniel, conocemos sus conversaciones en Cuba con un misterioso hombre llamado Jaime López. Esta parte, relatada en primera persona, sirve como espejo del fracaso soviético. Iván es el paralelismo del desencanto: la novela traza una línea directa entre la perversión del ideal comunista original y la ruina moral y personal que sufren los ciudadanos cubanos en el Periodo Especial. Padura nos muestra que el asesinato de Trotsky no solo mató a un hombre, sino que también asesinó la utopía igualitaria.
En definitiva, es una lectura muy recomendable que denota un inmenso trabajo de preparación. El resultado es una novela muy entretenida que cumple la máxima de la buena literatura: entretener y, de
paso, enseñarnos algo valioso.
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| Leonardo Padura |


Comentarios
por ahi por los blogs cubanos se ha comentado la novela; yo no la he leido aun; una de las cosas que leí que se le criticaba es que el autor nunca explicaba por qué el asesino de Trotsky estaba en Cuba. Pero, bueno, todavía no he leido la novela, así que no sé
Aparte, aunque seguro ya lo viste, te mando aqui el link al documental contra la impunidad del franquismo: http://www.youtube.com/watch?v=Xf8oZKEejD8
Emilio
Lo que también está muy bien es tu introducción, parece como si tu abuelita, en vez de cotarte los cuentecitos infantiles al uso, te contara historias de la IV internacional al ir a la cama. Debió ser interesante, por no decir otra cosa, vivir en ese ambiente aquellos años.
Un abrazo
Es cierto que no explica Padura por qué Mercader estaba en Cuba, pero yo no le di importancia porque sobreentendí que había sido un premio, sí Cuba es un premio.
No quiero desarrollarlo, pues, sería destripar la historia, además, hay mucho de ficción en esta parte y supongo que el autor prefirió dejarlo así. Por cierto, a propósito en la entrada había omitido este dato, cuando se lee la novela, te preguntas, ¿este Jaime López es Mercader?, pero ya que lo comentas….
Sobre el vídeo contra la impunidad del franquismo, sí lo conocía pero no lo había visto, acabo de verlo. Está muy bien, aunque los jueces se nieguen a ver causa contra esta época, la sociedad está bien que tome conciencia de lo que ha ocurrido.
(Estoy viendo el partido de España, estoy con un ojo en el televisor y otro en el portátil, ¡dios, que me quedo bizca!, vamos perdiendo por un gol, tanto cuento con la selección española y perdemos contra los suizos…)
Hasta otra,
Bara
(P.D. A mi también me gustan “Ros panchos”
Tiene 570 páginas este novelón, para las vacaciones, pero lleva otro para descansar de tanto ruso.
¡Que bien que te guste la batallita de la familia!.
Mi abuela no me hablaba de la IV Internacional, éstos eran comunistas y ella, a pesar de tenerlos en la familia, no los podía ver, decía que eran capitalistas disfrazados de obreros, cosas de ella.
Regalé muchos libros, pero aún tengo los cuentos de hadas, leía y me contaba los cuentos que a todos los niños les leen por las noches, bueno eso creo.
Un abrazo,
Bara
(España no hay manera que meta un gol, menos mal que es como se acaba y no como se empieza, en fin)