Cerdos y acorazados (Pigs and Battleships, por su título internacional) es una cinta estrenada en 1961 y considerada hoy en día como uno de los pilares fundacionales de la "Nueva Ola Japonesa" (Nuberu Bagu), un movimiento que revolucionó el cine nipón rompiendo tabúes sociales y mostrando la cara menos amable del país. Fue, además, una de las dos películas de Shohei Imamura seleccionadas en el Festival de Cine de San Sebastián de 2008 para la retrospectiva Japón en negro.
En Cerdos y acorazados, Imamura nos muestra a una sociedad que anhela salir de la pobreza y que se las ingenia para sobrevivir en las inmediaciones de una base militar norteamericana. Además de la prostitución, la mafia local también busca controlar el lucrativo negocio de la cría de cerdos. Aquí, los animales funcionan como una cruda metáfora visual: al igual que los cerdos engordan comiendo los desperdicios de la base militar, los personajes sobreviven alimentándose de las "sobras" de la ocupación estadounidense, dirigiéndose casi a ciegas hacia el matadero.
Una de las protagonistas es la joven Haruko (Jitsuko Yoshimura), quien sueña con emigrar a América y hace todo lo posible para que su novio, Kinta (Hiroyuki Nagato), la acompañe. Sin embargo, él tiene otros planes: prefiere quedarse en su ciudad natal, sobre todo ahora que ha conseguido un trabajo cuidando esa misma piara. Las cosas se complican porque los animales son propiedad de la mafia y a los criminales no les cuesta mucho convencer a Kinta para que se una a sus filas, prometiéndole que hay dinero de sobra para todos.
Como es habitual en su filmografía, Imamura retrata y critica ferozmente la sociedad japonesa de la época. Resulta fascinante saber que el director comenzó su carrera como asistente del legendario Yasujiro Ozu, cuyo estilo estático, elegante y formal llegó a detestar. Cerdos y acorazados es un claro ejemplo de esa rebelión cinematográfica contra su maestro, apostando por encuadres caóticos, movimientos frenéticos y personajes marginados. Muchos de ellos son unos pobres diablos o asesinos, pero también hay personas ajenas a ese submundo. Un ejemplo es el padre de Kinta, un anciano trabajador que termina sus jornadas agotado sin lograr salir de la miseria. Ante este desolador panorama, no es de extrañar que su hijo acabe juntándose con los yakuza bajo la triste premisa de que "podemos hacer cualquier cosa por el dinero, incluso matar".
¡Qué grande es Shohei Imamura!
![]() |
| Shohei Imamura |


Comentarios