Tras la masacre del frente, en la última batalla solo quedan tres soldados del batallón con vida, y Kaji es uno de ellos. Comienza entonces el desesperado viaje de vuelta a casa. A lo largo de las horas anteriores hemos sido testigos, como espectadoras, de la tremenda evolución de nuestro protagonista. Y aquí el cambio es absoluto: aquel joven pacifista que no quería empuñar un arma, ahora no duda en matar para salvar su propia vida.
La valentía de Masaki Kobayashi en esta cinta es asombrosa, pues nos muestra con crudeza cómo somos realmente los humanos. En circunstancias extremas de supervivencia, somos capaces de olvidarnos de nuestros sentimientos, de nuestros ideales más profundos y de nuestros anhelos.
En su agónica huida hacia el sur de Manchuria, los tres supervivientes se cruzan con otros soldados japoneses en desbandada, civiles chinos y, finalmente, con las tropas rusas, a las que deciden entregarse creyendo encontrar un trato más justo. Y aquí reside una de las ironías más crueles y brillantes de la vida de Kaji: él, que siempre fue un ferviente comunista y defensor de los trabajadores chinos, es tildado por los rusos de "samurái fascista" y de explotador laboral debido a su antiguo cargo en la mina.
Acaban confinados en un campo de trabajo (Gulag). En esta fase, el director no se muerde la lengua y se muestra tan crítico como debiera con los supuestos camaradas soviéticos, haciendo patente y denunciando las condiciones inhumanas a las que sometían a los prisioneros japoneses.
Es, sin lugar a dudas, la parte más triste y desoladora de toda la trilogía. A pesar de todo, mantenemos la esperanza de que Kaji logre salir de allí, de que finalmente se reencuentre con su amada esposa Michiko. Nos aferramos a esa esperanza, sobre todo, cuando decide escapar y emprender su última marcha a través de un paisaje infinito y helado. (Como curiosidad sobre el rodaje de estas últimas escenas, Tatsuya Nakadai caminó literalmente por los campos nevados de Hokkaido hasta caer exhausto en la vida real, fundiéndose definitivamente con el sufrimiento de su personaje).
Como ya comenté desde el inicio, La condición humana es una obra maestra absoluta. Desde este pequeño rincón, mi mayor deseo es que sea más conocida y que quienes me leen puedan descubrirla y disfrutarla. La actuación de Tatsuya Nakadai en el papel de Kaji es memorable, un hito irrepetible. Este actor, que cuenta con más de 120 películas en su haber, sigue siendo una leyenda viva que ha trabajado con gigantes de la dirección como Akira Kurosawa, Mikio Naruse o Kon Ichikawa, por citar solo a algunos.
Siendo esta mi última entrada del año, deseo a todas y a todos para el inminente año 2010 mucha paz, salud, trabajo y felicidad. Haced el amor, haced felices a quienes tengáis cerca y, sobre todo, sigamos luchando por una sociedad igualitaria donde la igualdad entre sexos sea, por fin, una realidad.
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| Masaki Kobayashi |


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