Las primeras películas japonesas que descubrí como espectadora llevaban la firma de dos gigantes: Akira Kurosawa y Yasujirō Ozu. Durante mucho tiempo, estuve convencida de que Japón y sus habitantes eran exactamente como los retrataba Ozu en Cuentos de Tokio. Incluso llegué a pensar que su actor fetiche, Chishū Ryū, era un anciano venerable y prácticamente inmortal, hasta que el documental Tokyo-ga de Wim Wenders me reveló la magia del cine: había sido caracterizado como anciano desde su juventud. (Por cierto, un detalle que olvidé mencionar al reseñar El funeral de Jūzō Itami, donde Ryū interpretaba al sacerdote).
La joya que traigo hoy, disfrutada dentro del ciclo Japón en negro, es Dragnet Girl (Hijosen no onna, 1933), conocida en España como Una mujer fuera de la ley.
Estilo y dirección
Perteneciente a la etapa de cine mudo (silente) de Ozu, es una obra imprescindible para cualquier cinéfila. Aunque no cuenta con banda sonora original ni diálogos hablados, su capacidad inmersiva es absoluta. Gracias a la magistral construcción psicológica de los personajes y a la milimétrica colocación de la cámara —tan característica del director—, la película te transporta de inmediato a los bajos fondos de Yokohama. Es una experiencia visual que atrapa desde el primer plano y exige disfrutar de cada detalle que compone la pantalla.
Desarrollo de la trama y reparto
La historia reúne todos los ingredientes clásicos del cine negro americano adaptados al contexto japonés. Por un lado, tenemos a la "chica mala", Tokiko (interpretada por la gran Kinuyo Tanaka), una joven independiente a la que le gusta divertirse, que trabaja como mecanógrafa de día y coquetea con su jefe. Su pareja es Joji (Joji Oka), el arquetípico "chico malo": un atractivo gánster dispuesto a todo para mantener su estatus y estilo de vida en el inframundo.
El conflicto estalla cuando entra en escena Hiroshi (Hideo Mitsui), un muchacho inexperto que anhela unirse a la banda. Su hermana Kazuko (Sumiko Mizukubo), que representa el contrapunto de "la chica buena", descubre las intenciones de su hermano y hará lo imposible para alejarlo de Joji y sus secuaces, desencadenando una red de lealtades y traiciones que vertebra la cinta.
Curiosidades de la película
Fascinación por Occidente: Un detalle que llama poderosamente la atención es la ambientación de los decorados. Todos los letreros, carteles y avisos que aparecen en la película están escritos en inglés. Esto refleja el momento de apertura de Japón y la profunda influencia que la cultura y el cine de gánsteres de Hollywood ejercían sobre un joven Ozu.
Una rareza en su filmografía: Ver a Ozu, mundialmente consagrado como el gran maestro del drama familiar japonés tradicional (shomin-geki), adentrarse de lleno en el noir con tiroteos, clubes nocturnos de billar y mujeres fatales, convierte a esta obra en una fascinante anomalía histórica dentro de su carrera.
El secreto de Chishū Ryū: Como mencionaba al inicio, el maquillaje jugó un papel crucial en la carrera del actor protagonista de Cuentos de Tokio, logrando engañar a toda una generación de espectadores occidentales que lo creíamos un anciano en la vida real durante los años en los que Ozu rodó sus obras más famosas.


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