Matsumoto, la mente responsable de esta locura, es también el hombre que protagoniza el cartel del póster. Con un peculiar corte de pelo infantil y un pijama de lunares de colores, su personaje despierta encerrado en una inmensa y aséptica habitación blanca, aparentemente sin puertas ni ventanas. Nadie parece escucharle por más que grite, y su única misión es descubrir, mediante el ensayo y error, cómo escapar de ese espacio.
Sin embargo, la película no arranca en esta blancura estéril, sino a miles de kilómetros de distancia: en México (suponiendo que el hombre del pijama se encuentre en Japón, ya que nada indica su ubicación real). Allí seguimos el día a día de una familia liderada por Escargot Man, un luchador libre enmascarado cuyas habilidades en el ring dejan mucho que desear. Su entorno es tan costumbrista como fascinante: un abuelo, su esposa, un niño que sufre por la mediocridad deportiva de su padre, y dos hijas, de las cuales destaca una monja fumadora empedernida que no duda en soltar sapos y culebras por la boca. Toda la expectación de esta trama gira en torno a su próximo gran combate.
Lo que a simple vista parece un ejercicio de humor absurdo desconectado, termina entrelazando magistralmente ambas narrativas. La historia del hombre atrapado intentando huir y la del luchador preparándose para la pelea final se orquestan y conectan hacia un clímax cósmico. El desenlace es abierto, permitiendo que cada espectadora construya su propia interpretación, siendo todas ellas igual de válidas.
El Director, Desarrollo y Curiosidades
El autor tras la obra: Hitoshi Matsumoto es una auténtica leyenda de la comedia en Japón, conocido por ser la mitad del icónico dúo Downtown. Con Symbol (2009), su segundo largometraje tras la aclamada Big Man Japan (Dai Nipponjin), Matsumoto consolida un estilo cinematográfico muy personal: una mezcla de comedia física o slapstick, un surrealismo extremo y reflexiones filosóficas de gran calado.
La mecánica de los querubines (Escape Room): Para escapar de la sala blanca, el protagonista debe presionar pequeños genitales de querubines que emergen de las paredes. Al pulsarlos, caen objetos aleatorios (desde cepillos de dientes hasta jarrones o sushi). La dinámica funciona visual y narrativamente como una aventura gráfica moderna o un "Escape Room", donde la comedia nace del dolor físico y la frustración ante la inutilidad de los objetos.
El contraste visual y narrativo: La película utiliza dos lenguajes cinematográficos completamente opuestos para remarcar la dualidad. La trama mexicana está rodada en formato documental (cinéma vérité), con colores cálidos, textura arenosa y actuaciones realistas. En contraste, el encierro del japonés es sintético, brillante, carente de sombras y puramente teatral.
El Efecto Mariposa y lo divino: Sin desvelar demasiado sobre los minutos finales, la película se revela como una enorme metáfora del "efecto mariposa". Las acciones más absurdas e insignificantes del protagonista en la habitación blanca tienen repercusiones directas en el mundo exterior, transformando la premisa inicial en una sátira sobre la creación cósmica y el papel de un ente superior manejando los hilos del universo de forma accidental.
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| Hitoshi Matsumoto |


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