Este ensayo, a medio camino entre la narración y la crónica, recorre los orígenes del libro y de la lectura como si fueran una aventura humana: desde los rollos de papiro hasta los códices medievales, desde Alejandría hasta nuestros días digitales. Mientras nos habla de rollos, bibliotecas antiguas y lectores de otras épocas, lo hace siempre desde una voz cercana, más interesada en las personas que en las fechas. A medida que avanzaba, fui inundando sus páginas de pequeños post-it, marcas silenciosas para volver a esos datos, imágenes y frases que no quería perder, como si plantara banderitas en un mapa personal de la lectura.
Al leerlo, sentí que cada página era una declaración de amor al acto de leer: al silencio, al olor del papel, al gesto de abrir un libro y desaparecer por un rato en él. Quizá eso sea el “infinito” del título: el espacio que se abre entre las palabras y quien las recibe, una extensión invisible del tiempo humano.
He leído muchas obras de autores japoneses, que saben hablar con delicadeza del paso del tiempo y de la fragilidad de las cosas. Pero en Irene Vallejo encontré algo parecido: una sensibilidad atenta, una escritura que se detiene, que observa, que respira. El infinito en un junco es una invitación a pensar en todo lo que hubo detrás de un gesto tan cotidiano como leer.
Un libro exterior e interiormente hermoso. Un objeto que celebra la cultura y la fragilidad de quienes la sostienen. Un recordatorio de que, pese a los siglos, seguimos buscando lo mismo: dejar constancia de nuestro paso, y hacerlo con palabras.
Irene Vallejo
Mi junco



Comentarios
He hecho una fotografía de mi junco para las redes sociales, la voy a incluir en la entrada del blog 🙂
Qué bien me llevaba yo de niño con los juncos de la ribera del río junto al que nací. Y con los carrizos y con las eneas...Les echo tanto de menos a todos ellos...