Por Alemania, La cinta blanca (Das weiße Band) de Michael Haneke, y por Perú, La teta asustada de Claudia Llosa. Estas son dos de las cinco obras nominadas al Oscar a la mejor película de habla no inglesa (junto a la israelí Ajami, la argentina El secreto de sus ojos y la francesa Un profeta). Tanto la cinta alemana como la peruana son dos auténticas joyas. Del resto de las nominadas no puedo hablar porque aún no las he visto; lo siento especialmente por la candidata argentina. No sé qué ocurrió en mi mundo para que se me escapara en cartelera, así que tocará esperar a que la editen en DVD.
Comencemos con Michael Haneke (nacido en Alemania, pero de nacionalidad austriaca por vía materna). Creo que la primera película que vi de este director fue Funny Games y me dejó «un poco pallá» (como espectadora, confieso que soy algo sensible). Alguna vez todos nos hemos preguntado cómo se pudo llegar al exterminio de millones de personas en los campos de concentración de la Alemania nazi. ¿Cómo un ser humano puede alcanzar ese nivel de depravación? ¿Cómo se forja un torturador? ¿Qué efectos tiene una educación intolerante y fundamentada en el miedo? Sería pretencioso afirmar que en La cinta blanca se encuentran todas las respuestas. Haneke traza el retrato de una sociedad sin dar explicaciones masticadas; se limita a mostrarnos los valores imperantes en una pequeña aldea protestante alemana a escasos meses del estallido de la Primera Guerra Mundial. Veinte años después, surgiría el nazismo, y esos niños ya serían adultos.
Por su parte, Claudia Llosa, directora peruana, nos presenta su segundo largometraje, La teta asustada. Desde su estreno no ha dejado de cosechar reconocimientos, destacando el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2009. Si la memoria no me falla, es la primera película de Perú que veo.
La teta asustada aborda temas durísimos: el miedo a vivir, la pobreza, la explotación y la violencia. Esta última nos llega de la mano de Sendero Luminoso, el autodenominado Partido Comunista del Perú, que instauró un régimen de terror en todo el país durante los años ochenta.
La película arranca con una impactante pantalla en negro sobre la que se escucha el canto en quechua de una mujer. En su lamento nos relata cómo fue violada estando embarazada de su hija, Fausta (Magaly Solier). A través de este trauma le transmite a la niña el llamado síndrome de «la teta asustada». A consecuencia de ello, Fausta vivirá paralizada por el pánico a sufrir el mismo destino, incapaz siquiera de caminar sola por la calle.
Mis mejores deseos van para esta película. Ojalá escuchen ese «And the Oscar goes to...» (aunque sigo prefiriendo la franqueza de la antigua expresión «And the winner is...»). Y si el galardón no recae en ella, me gustaría que fuera para El secreto de sus ojos, que seguro es estupenda. Sin embargo, mi pronóstico es que la estatuilla será para La cinta blanca; lo contrario supondría una verdadera sorpresa.
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Actualización pos-Oscar: ¡Y vaya si hubo sorpresa! Al final, mi intuición sobre lo imprevisible de estos premios dio en el clavo. Aunque La cinta blanca partía como la gran favorita de la crítica tras ganar la Palma de Oro en Cannes, la Academia dio un vuelco total y entregó el Oscar a la película argentina, El secreto de sus ojos (la cual, como os comentaba, me perdí en el cine, ¡pero de la que ahora tengo aún más ganas de disfrutar!).
A modo de curiosidad, aunque La teta asustada no se llevó la estatuilla, hizo historia al convertirse en el primer largometraje peruano nominado a un Oscar. Un detalle inolvidable de aquella gala fue ver a su protagonista, Magaly Solier, desfilando por la alfombra roja fiel a sus raíces, hablando y cantando en quechua ante la prensa internacional. Por su parte, de Haneke nos queda el magistral truco visual de su obra: para conseguir ese aspecto tan puritano y gélido, La cinta blanca se filmó originalmente en color y se pasó a blanco y negro en posproducción para emular con absoluta exactitud la fotografía de principios del siglo XX.




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