A veces, para entender una obra maestra, no basta con leer sus páginas; hay que mirar a los ojos de quien la escribió. O, mejor aún, a los ojos de quienes lo amaron.
En mi entrada de hoy quiero llevaros a un viaje doble por las estrellas. Primero, a través de las páginas de El tren nocturno de la Vía Láctea (Ginga tetsudō no yoru 銀河鉄道の夜), ese cuento infinito de Kenji Miyazawa que es casi un rezo a la bondad y al sacrificio.
Y segundo, a través de la gran pantalla con la película Father of the Milky Way Railroad (Ginga Tetsudo no Chichi 銀河鉄道の父, 2023), de Izuru Narushima.
Si el libro es el sueño —lleno de trenes celestiales, garzas de cristal y paisajes oníricos—, la película es el corazón que latía detrás: la historia de un hijo rebelde, de una hermana que fue luz, Toshi, y de un padre que, rompiendo todos los moldes de su época, decidió que su mayor orgullo no sería su negocio, sino el talento de su hijo.
El peso del nombre
La película nos regala un inicio cargado de simbolismo: el momento en que el abuelo entrega a Masajiro (el padre, interpretado por Koji Yakusho 役所広司, mi actor fetiche por excelencia) el nombre del recién nacido. En este papel leemos Kenji (賢治). No es solo un nombre; en ese Japón de finales del siglo XIX, era un decreto. Su abuelo esperaba un administrador sabio para el negocio familiar de empeños, sin saber que esa "sabiduría" acabaría desbordándose hacia la poesía y la agricultura.
Es fascinante ver cómo Kenji lucha por redefinir su destino, pasando de ser el "heredero" a ser el guía de un ferrocarril galáctico que consolaría a generaciones enteras.
El libro: Un manuscrito entre el duelo y la fe
El tren nocturno de la Vía Láctea es una obra que trasciende la literatura. Escrita durante casi diez años (1924-1933) y marcada por la muerte de su hermana Toshi (1922), narra el viaje de Giovanni y Campanella a través de las constelaciones:
- Un mapa real: El recorrido sigue fielmente el mapa estelar, desde el Cisne hasta la Cruz del Sur.
- La búsqueda de la felicidad: Kenji nos enseña que la verdadera felicidad no es individual, sino que se alcanza ayudando al prójimo.
- Obra abierta: Al morir Kenji en 1933, el libro quedó inacabado, lleno de correcciones que lo hacen sentir vivo y eterno.
Más allá de la Vía Láctea
La excelente edición de Satori Ediciones incluye dos relatos más imprescindibles:
- Matasaburo, el genio del viento (Kaze no Matasaburo 風の又三郎): En la película, hay un momento de una ternura infinita: Kenji le lee a su hermana Toshi, postrada por la enfermedad, los fragmentos rítmicos del dododo, dododo de Matasaburo. Es ahí donde comprendemos que sus cuentos no eran solo literatura, sino un bálsamo y un lenguaje secreto entre dos hermanos que se adoraban. la imagen de abajo se corresponde con ese momento.
- Gauche, el violoncelista (Sero hiki no Gauche セロ弾きのゴーシュ): Aunque en el cuento original Gauche aprende de los animales, la película nos regala una versión más humana y social (ver imagen abajo). Vemos a Kenji tocando el violonchelo y cantando para los campesinos de su pueblo. Es una escena poderosa que resume su filosofía: poner el arte y la belleza al servicio de los que más sufren, convirtiendo la música en un refugio para la comunidad.
Edición Satori, joya imprescindible
El prólogo de Montse Watkins (Kamakura, agosto 1996), a quien me referí en varias ocasiones en el blog, es oro: contextualiza la era Taisho, explica nombres Giovanni/Campanella (astronomía italiana) y presenta los tres relatos. Traducción de Watkins: La primera versión del libro fue publicada por la editorial de Luna Books (fundada por ella para difundir literatura japonesa en español). Satori rescata esta maravilla histórica.
La película: El padre que custodió los sueños
Basada en la novela premiada por el Naoki (直木三十五賞), de Yoshinobu Kadoi (門井慶喜), esta cinta cambia el foco hacia Masajiro Miyazawa, Koji Yakusho magistral:
- Un padre moderno: Contra la severidad de la era Meiji, Masajiro apoya las inquietudes de su hijo.
- El origen de la obra: Kenji escribe cuentos para consolar a Toshi enferma, dando sentido a cada palabra.
- Justicia histórica: Humaniza a Kenji —ya no solo "santo de Iwate", sino joven apasionado, a veces frustrado, siempre amado por su familia.
Actuaciones que iluminan
Koji Yakusho convierte cada papel en otra obra maestra. Aquí es un Masajiro perfecto: creemos totalmente que es el padre de Kenji. Curiosidad: Al principio de la película, a Yakusho le pasaron por el departamento de chapa y pintura facial, ¡es divertido de ver!
Masaki Suda (菅田将暉) responde con un Kenji memorable. Su intensidad juvenil parece contagiada por Yakusho: pasión, frustración, ternura. Dúo inolvidable.
De un papel al infinito
Es conmovedor pensar que todo empezó con un padre sosteniendo un papel donde el nombre de su hijo era promesa de éxito terrenal. Pero la vida tenía otros planes.
A través del libro, Kenji usó su sabiduría para cartografiar almas. Gracias a la película, comprendemos que el verdadero éxito no estuvo en la casa de empeños, sino en el orgullo de un padre guardián de manuscritos.
Kenji nos dejó dicho que la felicidad solo se alcanza cuando todos son felices. Su tren sigue rodando, recordándonos que el amor familiar convierte un nombre en papel en luz eterna.
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| Kenji Miyazawa |
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| Izuru Narushima |








3 comentarios:
Tomo nota tanto de las referencias -literaria y cinematográfica- que dices y de paso de tu erudición curiosa e inagotable. Me matas.
¡Jajaja, muchas gracias, Fackel! No te me "mueras" todavía, que aún quedan muchos trenes galácticos por tomar.
Me alegra mucho que te hayan servido las referencias. Al final, esa '"erudición que mencionas no es más que el resultado de tirar de un hilo por pura curiosidad y amor a estas historias. Es un placer ver que esos pequeños hallazgos resuenan al otro lado de la pantalla.
Y prepárate, porque la próxima entrada ya está casi lista. Esta vez nos quedaremos en un entorno mucho más cercano geográficamente, aunque de corazón... de corazón no sé si podrá estar más cerca que este viaje por la Vía Láctea. ¡Estate atento!
Un abrazo fuerte
hubo un cambio de planes debido
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