Mientras lees estas líneas, en las calles de Irán se está librando una batalla desigual. No es solo una protesta; es una auténtica revolución donde la vida se pone en juego en cada esquina. Mujeres que se despojan del velo desafiando a la muerte y hombres que caminan junto a ellas, conscientes de que la libertad de un pueblo empieza por el fin de la violencia machista institucionalizada que ejerce la dictadura. Sin embargo, a este lado del mapa, el silencio es ensordecedor. En Europa parecemos haber caído en una pasividad cómoda, mirando las noticias como si fueran escenas de una ficción lejana. Olvidamos que nuestro apoyo —o nuestra falta de él— tiene consecuencias reales. Rostros que el régimen no pudo borrar La violencia machista de los Ayatolás no se queda en las leyes; se ejecuta en las celdas y en las plazas. Lo que en Persépolis vemos a través de trazos de tinta, hoy lo vemos en fotografías de teléf...
Crítica cultural:
literatura, sociedad y mucho cine japonés.
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