Huyendo del frío y buscando el sol
El frío y la lluvia ya han hecho acto de presencia y, francamente, es el momento de huir. Para cuando se publique esta entrada, mi plan es estar muy lejos, buscando el sol bajo una palmera.
Tirando de mi experiencia para exprimir el calendario, he organizado un par de semanas para dedicarme a lo que de verdad importa: nadar, hacer turismo sin prisas y, sobre todo, leer. El cine tendrá que esperar (en mi destino no hay salas, qué se le va a hacer) y el portátil se queda en casa. Me espera una desconexión absoluta, sin internet ni pantallas. Solo libros y tiempo por delante.
Equipaje literario: un viaje desde las Américas
Mi equipaje consta de dos maletas. Una de ellas está llena de libros, y dos de los ejemplares provienen de sendos «amigos blogueros», aunque hoy solo hablaré de uno. Todos viajan forrados y preparados para una batalla dura en la playa, en la piscina y con algún líquido que otro.
El primer libro en llegar fue el que recorrió más distancia, directo «de las Américas»: se trata del poemario Presentación del olvido, de Emilio García Montiel, editado por la jovencísima Ediciones Malecón. Con él comenzó su andadura y a la que le doy la bienvenida; estaré muy atenta a sus nuevas publicaciones (además, su web está muy bien). El ejemplar que tengo no tiene la portada original —como se ve en la fotografía, el enlace de Linkgua es más reciente—.
Tacto, diseño y misterio
El libro me gusta mucho; es poesía cien por cien. Tiene sesenta y siete páginas numeradas, y en cada una de ellas encontramos un verso acompañado de dos hojas más en blanco (como si fuesen guardas). Las páginas son gruesas y tienen un tacto muy agradable. La cubierta es negra y las letras resaltan de maravilla en blanco y rojo; es de tapa blanda y su tacto también resulta estupendo. La ilustración de la cubierta, obra de Sandra Ramos, es preciosa y además me parece enigmática: solo se ve una parte del puente, se ocultan el principio y el fin, y al estar sobre el mar transmite una profunda sensación de soledad.
Puentes hacia la lírica universal
En la contracubierta, colegas de profesión —y supongo que también amigos— describen la obra del poeta. Todas las valoraciones son excelentes, pero me cautiva especialmente la de Antonio Orlando Rodríguez:
Emilio García Montiel nació en una isla, pero desde su primer libro resultó evidente que su modo de mirar el mundo es profundamente universal; su poesía es una isla en sí misma, pero unida por numerosos puentes, visibles o invisibles, al continente de la lírica más auténtica y perdurable
Las poesías están divididas en cuatro partes:
Otras armas
Un día de inocencia (1988 - 1990)
Cartas desde Rusia (1986 - 1988)
Squeeze Play (1984 - 1986)
El título del libro se corresponde, además, con el de una de las composiciones de la primera parte.
El atrevimiento de leer (y reseñar) poesía
Muchas veces he dicho de mí misma que soy muy atrevida e ignorante («la ignorancia es muy atrevida»), y no sé cómo me embarco en esta entrada: hablar de poesía no es como decir de una novela que me gusta o no me gusta. En ocasiones, las cosas que se hacen con buena intención las fastidiamos por ser ignorantes. Si algo molesta al poeta, que lo disculpe y lo rectifico al instante (bien a la vuelta del viaje).
Desde la primera poesía de Presentación del olvido, titulada Pie de foto (pocas veces una primera hoja de un libro, sea poesía o narrativa, me había llenado tanto), experimenté esa sensación de reconciliación con una misma. Es pensar en lo que somos, en lo que hacemos y en cómo nos sentimos. Los poemas son claros y limpios; su lectura es sencilla y nos muestra sentimientos que son universales. Si bien pertenecen a su autor —que los escribió en países muy lejanos—, al publicarlos y tenerlos con nosotras, creo que pasan a formar parte de quien los lee y los podemos hacer nuestros.
El tiempo que merecen los versos
La lectura de la poesía está reñida con la vida ajetreada que llevamos; no es posible leerla después de una jornada laboral, al menos a mí me resulta algo difícil. Quiero hacer una lectura lenta de los poemas, darles el ritmo que se merecen y el tiempo que necesitan.
Por eso los llevo a mi isla.
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| Emilio García Montiel |


Comentarios
Muchas gracias por hacer un comentario a la entrada, qué bien.
Tus poemas me gustaron mucho, lo cierto es que me he sentido muy bien con su lectura. Vueltos a leer estos días, creo, que son magníficos.
Me alegro que te haya ido muy bien en la Feria del Libro de Miami y que sigas en los próximos años presentando tus libros, ya sabes, viajarán a través del océano.
Saludos y nos vemos por los blogs,
P.D.:
Seguro que ya lo has leído, pero por si acaso, te paso un enlace de Kenzaburo Oe hablando de Vargas Llosa
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Vargas/Llosa/luz/literaria/elpepicul/20101206elpepicul_2/Tes