Este libro se publicó en España en 2008 (su edición original japonesa es de 1997). Creo que lo tengo en mi estantería desde entonces, pero no lo había leído. En su momento no me gustó cómo empezaba, así que lo dejé a un lado. Sin embargo, como estaba decidida a hacer limpieza y despejar algunas cosas del medio, le he dado una segunda oportunidad.
El autor, Hitonari Tsuji (辻仁成), nació en Tokio en 1959 y reside en París. Es una especie de hombre del Renacimiento moderno: poeta, escritor, director de cine y cantante (de hecho, en su faceta musical y cinematográfica suele utilizar una lectura alternativa de sus kanjis, dándose a conocer como Jinsei Tsuji). El buda blanco (Hakubutsu, 白仏), editado aquí por Alianza Editorial, es probablemente el único libro suyo publicado en España. Como detalle curioso, la traducción al español se hizo a partir de la versión francesa y no del japonés original. Esto se debe a que la obra hizo historia al convertirse en la primera de un autor nipón en ganar el prestigioso Premio Femina en Francia en 1999; ese tremendo éxito en el mercado francófono sirvió de puente para su publicación en el resto de Europa.
Lo cierto es que, una vez superadas las primeras páginas (es una introducción corta que sigue sin convencerme del todo), la novela resulta muy entretenida. La historia está inspirada en la vida del propio abuelo del autor. Comienza durante la niñez del protagonista, Minoru Eguchi, y, al mismo tiempo, nos va narrando el momento histórico que le rodea.
Desde su infancia, Minoru se pregunta por el sentido de la vida. Cuando se hace adulto y tiene que ir a la guerra, sufre experiencias traumáticas que no podrá olvidar; sus remordimientos de conciencia no cesarán hasta casi el final de sus días. Otro tema que aparece una y otra vez en su existencia es la transmigración de las almas. Además, un amor de la niñez le acompañará hasta la vejez.
En definitiva, la novela es mucho más que todo esto. Abarca casi setenta años de la vida de una persona, y eso da para hablar de todos los sentimientos que puede albergar un ser humano. Al mismo tiempo, conocemos a fondo la comunidad donde vivía: la isla de Ono y a sus habitantes.
Hitonari Tsuji

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