Han vuelto los hermanos Coen. Un tipo serio destila humor judío, pero con el inconfundible sello de los directores: no busques carcajadas explosivas, sino sonrisas torcidas y una profunda ironía. Tras el éxito de No es país para viejos, muchos creyeron que se habían rendido a Hollywood. Todo lo contrario. Esta obra se aleja de los crímenes de Fargo o Muerte entre las flores, así como del tono de El gran Lebowski.
Ambientada a finales de los sesenta, la cinta sigue a Larry Gopnik (una magistral interpretación de Michael Stuhlbarg), un anodino profesor de matemáticas. Cuando su vida comienza a desmoronarse sin explicación alguna, acude a varios rabinos buscando respuestas. Antes de presentarnos a Larry, la película arranca con un prólogo fascinante de otra época. Aunque parece una fábula clásica con moraleja, es una invención de los hermanos; una genialidad introducida por puro capricho que desafía al público a buscarle sentido.
La cinta está repleta de personajes excéntricos y momentos memorables. Destaca el estudiante surcoreano, empeñado en aprobar matemáticas para estudiar física, o el dentista que encuentra símbolos religiosos en los dientes de un paciente. La escena de la pizarra es magistral: Larry, empequeñecido por un fondo lleno de fórmulas, explica el Principio de Incertidumbre de Heisenberg:
"El principio de incertidumbre prueba que nunca podemos saber qué demonios está pasando... pero aunque no entendáis nada, os pedirán cuentas de esto en el examen final".
El humor irónico se mantiene hasta el final. En los créditos de cierre se incluye la advertencia: "No jews were harmed in the making of this motion picture" (Ningún judío fue maltratado durante el desarrollo de esta película). Es un guiño brillante para las que, como espectadora dedicada, nos quedamos en la butaca hasta que se encienden las luces. Con un final tan abierto como su principio y una banda sonora coronada por Somebody to Love de Jefferson Airplane, estamos ante una obra sobresaliente que mejora con cada visionado.
Curiosidades Cinematográficas:
Inspiración autobiográfica: La película está ambientada exactamente en 1967 en St. Louis Park (Minnesota), el mismo barrio donde crecieron los hermanos Coen.
El idioma del prólogo: Está íntegramente rodada en yidis, buscando emular los cuentos folclóricos del este de Europa.
Una alegoría bíblica: La estructura de la película y las visitas a los tres rabinos son, en realidad, una reinterpretación moderna y cargada de humor negro del Libro de Job.
Un casting inesperado: Michael Stuhlbarg fue llamado originalmente para hacer una audición para uno de los papeles del prólogo, pero impresionó tanto a los directores que terminó llevándose el papel protagonista.
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Comentarios
Saludos
No me quedé hasta el final de la gala de los Goya porque tenía que madrugar (se terminaron las “vacaciones”), espero que la vuelvan a pasar, quiero ver a Almodóvar entrar al escenario, sólo vi hasta que le dieron el Goya a Luis Tosar, este hombre acabará haciendo un mercadillo con ellos, porque este es, si no me equivoco el tercero. Me alegré mucho que le dieran a Celda el Goya a la mejor película, era mi favorita y que te hayas acordado de la “vena”, todo ello forma un círculo perfecto.
Por cierto, la película de los Coen, ya veremos qué te parece, no conozco a nadie que le guste, todo lo contrario. Algunas críticas dicen que va en la línea de Barton Fink, no lo creo.
De todas formas, considero la película muy localista, es decir, marcada por una época, clase social y, cómo no, religión, así, ser norteamericano y judío (algo que yo no cumplo) supongo que ayudaría a comprender muchas cosas del diálogo, que seguramente no las capto, pues, a ironía nadie gana a los Coen. De todas formas, sigo creyendo que esta película es de lo mejor de los Coen. Ya me comentarás.
Estoy viendo que tienes una entrada con los chocolates de los japoneses en San Valentín, voy a leerla que me caen en gracia algunas de sus costumbres.
Hasta otra,
Bara
http://www.youtube.com/user/globitodechicle
bajaron la ceremonia de los goya por partes