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lunes, 12 de enero de 2026

Cielo verde, suelo negro: El fin de la inocencia en el valle de John Ford y Richard Llewellyn

Hay lecturas que te acompañan mucho antes de que tus pies pisen el destino. El verano pasado, mientras recorría las islas Británicas e Irlanda, sentía que los paisajes me resultaban familiares. No era solo por las fotos, sino por las decenas de páginas devoradas meses atrás. Entre ellas, Qué verde era mi valle (How Green Was My Valley) fue la brújula que me permitió entender que bajo ese verde infinito se escondía una historia de carbón, lucha y silencios.

Hay una maleta que espera junto a la puerta y un hombre que, antes de marcharse para siempre, decide envolver sus recuerdos en un pañuelo de seda azul. Así comienza una de las crónicas más desgarradoras y bellas sobre la pérdida: "¡Qué verde era mi valle!". A través de la memoria de Huw Morgan, Richard Llewellyn en el papel y John Ford tras la cámara nos transportan a un Gales donde el cielo parecía teñido por la esperanza, pero donde el suelo acabaría volviéndose negro bajo el peso del carbón.

Curiosidad sobre el cartel original: Es común confundirse al leer "Prize Novel" en los carteles de la época y pensar que Llewellyn ganó el Nobel. En realidad, se refiere al National Book Award de 1939. Aunque no recibió el galardón sueco, su "novela premiada" se convirtió en un pilar de la literatura obrera.


El honor de los hombres, el cuerpo de las mujeres

Al revisitar la novela de Llewellyn, es imposible no ver las grietas de una estructura familiar sostenida por una violencia machista silenciosa y normalizada. En el libro, la crueldad es mucho más explícita que en la pantalla.


  • El escarnio del embarazo: Uno de los momentos más brutales es el trato a la mujer que queda embarazada fuera del matrimonio. No solo es juzgada, sino "puesta en evidencia" ante todo el pueblo, una ejecución pública de su reputación orquestada por el puritanismo religioso. Esta violencia psicológica buscaba anular la libertad de la mujer mediante la humillación colectiva.

  • El matrimonio de Angharad y el Sr. Gruffydd: El amor entre Angharad y el sacerdote del valle no es solo una historia romántica fallida; es el choque entre el deseo y la hipocresía. Su posterior unión con Iestyn Evans es un contrato, no un acto de amor. En las páginas del libro palpamos cómo ella se convierte en una posesión, viviendo un maltrato psicológico basado en la anulación absoluta de su voluntad.

  • El puñetazo: Lo que el libro cuenta y el cine suaviza: Mientras que en la película de John Ford la violencia a menudo se oculta o se estiliza, en la novela el puñetazo de uno de los hermanos al pretendiente de su hermana es una marca de fuego. Es una manifestación de violencia machista territorial: los hombres de la familia imponen su fuerza física para decidir sobre la vida social de su hermana, negándole a ella cualquier capacidad de elección.


El sindicalismo: La única lucha por la dignidad

Frente a la explotación de los dueños de la mina, Llewellyn otorga una importancia vital al nacimiento del sindicalismo. En el valle, la unión de los trabajadores no es una opción ideológica, es supervivencia. Son los obreros organizados los únicos que realmente pelean por la vida y el pan de sus compañeros, rompiendo incluso la jerarquía del hogar cuando los padres, por una fe ciega en el patrón, se oponen a la huelga. Es el despertar de la conciencia frente a un sistema que los enterraba vivos.

El eco de los valles: De Llewellyn a Margaret Thatcher

La lucha sindical que Llewellyn retrata en sus inicios tuvo su capítulo final décadas después. El espíritu de los Morgan revivió en la gran huelga minera de 1984-1985 contra el gobierno de Margaret Thatcher. Los valles de Gales del Sur, el mismo escenario del libro, fueron de los más combativos junto a Yorkshire y Escocia. Lo que en el siglo XIX fue un "despertar de conciencia", en los años 80 fue el último aliento de un modo de vida que la política económica de Thatcher terminó por desmantelar, dejando tras de sí una melancolía que hoy todavía se respira al visitar esos valles.

Richard Llewellyn: Escribir desde el abismo de la guerra

Publicada en 1939, la novela de Llewellyn fue un refugio de identidad cultural. Aunque el autor nació en Londres, volcó en la obra los recuerdos de sus abuelos galeses. Llewellyn vivió para ver el triunfo de la película, aunque su relación con ella fue distante debido al conflicto bélico: mientras Ford rodaba en Malibú (California) —porque la guerra impedía viajar a Gales—, Llewellyn servía en el ejército británico.

Esta distancia física explica por qué la película es una visión americanizada, mientras que el libro conserva el sudor y la amargura de la mina. Llewellyn sabía que Hollywood había "embellecido" su valle, pero el éxito fue tal que le permitió escribir tres secuelas más sobre la vida de Huw Morgan.


El año en que Ford venció a Welles

La adaptación hizo historia en los Oscar de 1942. En plena contienda, la Academia prefirió la emoción de los Morgan antes que la frialdad técnica de Orson Welles, otorgándole 5 estatuillas, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, arrebatándole la gloria a la mítica Ciudadano Kane. Fue el triunfo del sentimiento sobre la vanguardia.

Reparto Principal de la película (1941)

Walter Pidgeon como Mr. Gruffydd
Maureen O'Hara como Angharad Morgan 
Donald Crisp como Gwilym Morgan
Roddy McDowall como Huw Morgan
Sara Allgood como Mrs. Beth Morgan
Anna Lee como Bronwyn
Patric Knowles como Ivor Morgan
John Loder como Ianto Morgan
Barry Fitzgerald como Cyfartha
Rhys Williams como Dai Bando
Morton Lowry como Mr. Jonas
Arthur Shields como Mr. Parry
Frederick Worlock como Dr. Richards
Richard Fraser como Davy Morgan
Evan S. Evans como Gwilym Morgan Jr.
James Monks como Owen Morgan
Ethel Griffies como Mrs. Nicholas

"¡Qué verde era mi valle! es un recordatorio de que, bajo la belleza de las colinas, se esconden historias de opresión." La verdadera historia de los Morgan tiene muchas más sombras de las que Ford se atrevió a filmar, y es en la novela de Llewellyn donde encontramos la denuncia más cruda de una sociedad que, mientras extraía carbón, también asfixiaba el espíritu de sus mujeres.

Maureen O'Hara


Richard Llewllyn
Jhon Ford

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