Natsume Soseki (1867-1916) es, sin lugar a dudas, uno de los autores más queridos de Japón; tanto es así que su rostro llegó a ilustrar los billetes de mil yenes. En 1906, un año después del arrollador éxito de su debut con Soy un gato, publicó Botchan, una novela corta que obtuvo un enorme reconocimiento de crítica y público.
La obra tiene innegables tintes autobiográficos. Al igual que el protagonista, Natsume Soseki pasó un par de años enseñando inglés en Matsuyama, en la isla de Shikoku, una zona que en aquella época era considerada por los urbanitas como un lugar ajeno a la civilización (hasta el punto de que sus propios amigos llegaron a darle el pésame por semejante destino).
Gran parte de la visión agridulce y cínica del autor se había forjado años antes, en 1900, cuando consiguió una mísera beca del gobierno japonés para ir a Londres. Allí pasó tres años de penurias económicas, sin lograr nunca hacer buenas migas con los ingleses. Cuenta la anécdota que, en una ocasión en la que nevaba, invitó a un conocido a ver caer los copos; la carcajada que le espetó aquel zafio inglés aún le resonaba a su vuelta a su país. Esas sombrías reflexiones sobre su vida en Inglaterra verían la luz años después en el diario japonés Asahi.
Editada en una preciosa edición por Impedimenta (y sirviendo de compañera a otras obras del autor como Sanshiro o la magistral Kokoro), Botchan arranca con esta genialidad:
"Desde niño, he tenido una impulsividad innata que me viene de familia y que no ha hecho más que crearme problemas. Una vez, en la escuela primaria, salté desde la ventana de un primer piso y no pude andar durante una semana. Alguien se preguntará por qué hice semejante tontería. Pero la verdad es que no hubo ninguna razón especial."
La lectura de Botchan es muy recomendable. Es ágil, sencilla y tremendamente divertida. La historia sigue las peripecias de este joven desde sus trastadas infantiles hasta su primer destino como profesor de matemáticas en Shikoku. A lo largo de la narración, el protagonista recuerda constantemente a Kiyo, una especie de niñera que funciona como su brújula emocional y cuyas incesantes ganas pasan por que Botchan compre una casa para irse a vivir con él.
Las aventuras (o más bien, desventuras) del protagonista en su destino como profesor ocupan la mayor parte de la novela. En esta comunidad pequeña, donde los alumnos parecen salirse siempre con la suya, el fracaso educativo está asegurado desde el principio. Botchan, que se nos presenta como alguien mezquino y algo gandul, se siente infinitamente superior a los "paletos" de la zona y se dedica a poner motes a todos, los cuales perdurarán a lo largo de toda la historia.
Como indicaba antes, es una lectura altamente recomendable y una gran sorpresa para quienes hayan leído a otras autoras o autores japoneses y esperen un tono solemne, ya que no tiene parecido a ningún otro.
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| Natsume Soseki |


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