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| El verdadero viaje a Ítaca estaba en las estanterías de casa. Rescatando el mítico ejemplar de mi tío Santiago para recordar quiénes movían de verdad los hilos en esta historia |
Basta echar un vistazo a mi última reseña cinematográfica del viernes para entender por qué he tenido que venir corriendo a refugiarme en mis estanterías. Después de la sobredosis de testosterona de Christopher Nolan, necesitaba una desintoxicación urgente.
Para ponernos en perspectiva: estamos hablando de un poema épico atribuido a Homero y compuesto hacia el siglo VIII a. C., que relata aventuras supuestamente ocurridas en los años posteriores a la Guerra de Troya, allá por el siglo XII a. C. Es decir, pura Edad del Bronce. Y, paradójicamente, resulta que una obra de hace casi tres milenios le otorga más peso, autonomía y respeto a la inteligencia femenina que un guion de Hollywood del siglo XXI.
He rescatado mi vieja y querida edición de Austral, ese ejemplar que era de mi tío Santiago, con la clásica traducción de Luis Segalà, para reencontrarme con el texto original. Este es uno de esos libros que marcan; lo leí en el bachillerato y volví a él al terminar la universidad. Y ahora, al compararlo con el blockbuster del verano, la conclusión es desoladora: Hollywood ha escamoteado y silenciado a las verdaderas dueñas del destino en esta historia.
Si una ve la cinta de Nolan, parece que el viaje es solo una cuestión de espadas y hombres gritando. En pantalla desfilan deidades encarnadas por actrices de primer nivel, sí, pero reducidas a meros cameos hipervitaminados. Sin embargo, en el poema de Homero, el papel de las diosas, ninfas y reinas es estructural. Ellas son el motor, el obstáculo y la salvación. Vamos a ponerles nombre, porque la película ha preferido que las olvidemos:
Calipso: Siete años de silencio forzado en pantalla
Es, probablemente, el caso que más me ha indignado en el cine. En el libro, la ninfa Calipso retiene a Odiseo en la isla de Ogigia durante nada menos que siete años. Es una deidad poderosa, elocuente, que le ofrece la inmortalidad y que, cuando recibe la orden divina de dejarlo marchar (una imposición decretada por Zeus y que le entrega en persona el dios mensajero Hermes), le proporciona las herramientas para construir su balsa.
¿Qué hace la película de Nolan con esto? Convierte a Odiseo en el centro absoluto de la acción y la palabra. Él monopoliza el discurso, mientras que a Calipso (interpretada por Charlize Theron), la dueña de la isla y de su destino durante casi una década, apenas se la escucha. Se la despoja de su voz y de su autonomía para convertirla en un mero decorado mudo.
Circe y Atenea: Sabiduría ninguneada




































