Hay libros que, por el motivo que sea, empezamos y dejamos a medias, esperando silenciosamente su momento adecuado para ser leídos. Eso me ocurrió con Lo que vio la criada. Ocho cuentos psíquicos de Yasutaka Tsutsui. Tras haber reseñado en el blog otras obras del autor como Estoy desnudo, Paprika o Hombres salmonela en el planeta Porno, sentía que me faltaba abordar esta pieza. El reencuentro ha valido la pena, en gran parte gracias a la siempre exquisita edición de Atalanta, que en sus notas nos sitúa en el contexto perfecto: la obra se publicó originariamente por entregas antes de recopilarse como libro en 1972.
Esta fecha no es un dato menor. De entrada, el propio término "criada" en la traducción resulta chocante y anacrónico para los tiempos que corren, pero funciona como un anclaje necesario para comprender la sociedad japonesa de principios de los setenta. Más revelador aún es su título original en japonés, Kazoku hakkei (家族八景). Mientras que kazoku significa «familia», hakkei alude a las «ocho vistas» u «ocho paisajes», un motivo clásico del arte y la poesía oriental que evocaba parajes idílicos y de una serenidad perfecta. Con este sutil juego de palabras, Tsutsui lanza una sátira brillante desde la misma portada: utiliza un concepto asociado a la pureza para prometernos ocho estampas idílicas de la sagrada institución familiar y, acto seguido, sumergirnos en su más absoluta podredumbre.
Es en este teatro de las apariencias donde se mueve Nanase Hata, una joven de dieciocho años que posee habilidades telepáticas. Consciente de que su poder es una carga abrumadora, decide trabajar como empleada doméstica itinerante, saltando de casa en casa antes de crear vínculos. Lo hace también por pura estrategia: en un oficio de servidumbre, a menudo invisibilizado y relegado al fondo del escenario familiar, sus habilidades psíquicas pueden pasar mucho más desapercibidas.






































