Lo bueno de ponerme a ordenar la biblioteca es que, de vez en cuando, me reencuentro con algunas lecturas que en su día se quedaron sin reseñar. Así ha sido con Venganza (寡黙な死骸 みだらな弔い, Kamoku na shigai, midara na tomurai) de Yoko Ogawa, una obra que rescato ahora, un poco tarde, para seguir completando mi recorrido por los libros que tengo de la autora. Quienes sigan de cerca sus obras recordarán la sutil tensión psicológica que ya analicé en El embarazo de mi hermana, la atmósfera tan particular que envolvía los días en La residencia de estudiantes o la delicadeza matemática de La fórmula preferida del profesor. Sin embargo, en esta ocasión, Ogawa da un paso más hacia lo abiertamente macabro a través de una colección de relatos que esconden mucho más de lo que parece a simple vista.
Lo que a primera vista parece un libro de once cuentos independientes, pronto se revela como un ingenioso rompecabezas. Ogawa tiene una forma muy sutil de ir conectando las historias. Un personaje secundario de un relato se convierte en el protagonista del siguiente, un escenario reaparece cuando menos lo esperas, o un pequeño detalle, como una extraña plantación de zanahorias con forma humana o un tigre de Bengala, sirve de hilo conductor. Me gustó mucho ir descubriendo esas conexiones y ese juego de espejos que la autora propone.
Aun así, hay que advertir que la atmósfera de Venganza no es para todos los estómagos. Es un libro frío, clínico en ocasiones, donde temas como la muerte, el luto, la obsesión y, por supuesto, la venganza, se abordan desde una perspectiva muy oscura. Relatos como el de la madre en la pastelería, que abre la colección, o el del artesano que fabrica estuches para corazones, muestran un terror sutil, esa incomodidad que se cuela en lo cotidiano sin hacer ruido.
A pesar del impecable diseño de este mapa de relatos conectados, la frialdad de su atmósfera hace que, de momento, mantenga la preferencia por el magnetismo de las anteriores lecturas que ya han pasado por el blog. Aunque mi recorrido con la autora no termina aquí: ya tengo encargado La policía de la memoria, así que pronto habrá una nueva oportunidad para seguir descubriendo sus diferentes facetas.
Como apunte final, no quería dejar pasar el curioso cambio de título para su publicación en español; sabiendo que el original japonés significa literalmente algo así como Cadáveres silenciosos, funerales indecorosos, creo que esa traducción refleja muchísimo mejor la esencia perturbadora del libro que un simple y directo Venganza.
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| Yoko Ogawa |




































