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viernes, 13 de febrero de 2026

Hablemos de langostas: La mente eléctrica de David Foster Wallace

Hay libros que se leen y libros que se viven. Hoy toca asomarse a la honestidad brutal de David Foster Wallace

Elegir a Wallace para esta reseña no es solo hablar de literatura: es asomarse a un precipicio. Su obra, y especialmente esta joya titulada "Hablemos de langostas" (en la impecable traducción de Javier Calvo para Random House), es el testamento de una de las mentes más brillantes —y más atormentadas— de nuestro tiempo.

El hombre detrás de la bandana

David Foster Wallace no fue simplemente un escritor brillante, sino un náufrago de su propia hiperlucidez que intentó, durante toda su carrera, construir un puente hacia los demás a través de la palabra. Vivía en una búsqueda constante de la honestidad en una cultura que él percibía como anestesiada por el consumo vacío.

Para él, su propia cabeza no era un lugar tranquilo donde descansar, sino una televisión encendida a todo volumen que no podía apagar. Esa mente le obligaba a analizarlo todo, desde el gesto más tonto de un vecino hasta el dilema moral más profundo, estirando cada pensamiento hasta que ya no quedaba nada por rascar. Bajo esa apariencia de profesor universitario de modales sencillos y bandana en la frente en Claremont (California), escondía una maquinaria intelectual que no conocía el descanso.

Su trágico final en septiembre de 2008 nos dejó huérfanas de una de las voces más lúcidas de la literatura contemporánea, pero también nos recordó que, detrás de cada nota al pie y de cada frase brillante, había un hombre que buscaba desesperadamente una forma de estar en el mundo. Cuando decidió terminar con su vida, lo hace tras el inmenso sufrimiento de intentar dejar la medicación antidepresiva que le permitía funcionar pero que, sentía, nublaba su capacidad creativa.

Detrás de cada nota al pie, había un hombre buscando desesperadamente una forma de estar en el mundo

El banquete: un viaje por sus obsesiones

En este libro, Wallace se infiltra en las entrañas de la realidad para contarnos lo que ve. Cada ensayo funciona como una trinchera desde la que dispara contra la complacencia y la anestesia contemporánea:

  1. Gran Hijo Rojo (Big Red Son): Es el relato que abre el libro y resulta un choque frontal. Empieza de forma estrambótica: contándonos que cada año entre una y dos docenas de hombres se castran con utensilios de cocina porque su ansiedad sexual es intolerable. Desde ahí, nos arrastra a los premios del porno en Las Vegas con todo lujo de detalles. Pero lo que empieza como una crónica bizarra acaba en el horror, analizando la violencia contra niñas y mujeres en esos vídeos. Es una disección de cómo esa industria es un pilar de la violencia machista, donde la deshumanización convierte el cuerpo femenino en un mero objeto de consumo frío.
  2. Ciertamente el final de algo o, al menos, algo por el estilo (Certainly the End of Something or Other...): Su ajuste de cuentas con John Updike. Una crítica magistral al "macho alfa literario" que ya no sirve para explicar el mundo actual.
  3. Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka de los que, posiblemente, no se ha hecho suficiente mención (Some Remarks on Kafka's Funniness...): Una delicia donde explica que Kafka no es solo oscuridad, sino esa risa nerviosa ante lo absurdo de estar vivos.
  4. La autoridad y el uso del lenguaje (Authority and American Usage): Un festín para las que amamos las palabras; Wallace demuestra que cómo hablamos es un acto político.
  5. La vista desde la casa de la señora Thompson (The View from Mrs. Thompson’s): El 11 de septiembre vivido desde la América profunda de Illinois. Pura ternura y miedo.
  6. Cómo Tracy Austin me rompió el corazón (How Tracy Austin Broke My Heart): Una reflexión muy divertida sobre por qué los grandes deportistas suelen escribir memorias tan vacías.
  7. Arriba, Simba (Up, Simba): En este relato, Wallace deja de lado la teoría y se mancha los zapatos como enviado de Rolling Stone. Es casi entrañable imaginarlo intentando "meterse en el papel": un amigo tuvo que prestarle una cazadora para que pareciera un auténtico periodista de la revista, buscando un disfraz de seguridad que en realidad no sentía. Así, apretujado en el autobús de John McCain, intentó descifrar qué hay de real en ese político que presumía de no tener filtros. Lo que encontró en su lugar fue un ser humano fascinante y contradictorio: un héroe de guerra que desprendía una mística de verdad, pero que vivía rodeado de asesores que medían cada una de sus palabras. A pesar de sus esfuerzos, nunca consiguió una entrevista con el candidato; el jefe de prensa no consideraba a los lectores de la revista como potenciales votantes y, por tanto, no valía la pena perder el tiempo con ellos. Es un relato magistral sobre la pérdida de la inocencia política y sobre cómo, en campaña, hasta la autenticidad se fabrica.
  8. Hablemos de langostas (Consider the Lobster): Esta es la pieza que da título al libro y donde Wallace despliega toda su artillería moral. Lo que empieza como un encargo gastronómico en el Festival de la Langosta de Maine —con sus concursos de comer garras y su olor a mantequilla derretida— se convierte en una disección filosófica sobre el dolor. Wallace nos obliga a mirar dentro de la olla. Nos pregunta qué derecho tenemos a hervir vivo a un ser sintiente solo por una gratificación sensorial de diez minutos. Pero lo hace sin darnos lecciones desde un pedestal; lo hace como alguien que también disfruta comiendo, pero que ya no puede ignorar el ruido de las pinzas de la langosta golpeando el metal mientras muere. Es un texto que te cambia la perspectiva para siempre porque te saca de la comodidad de la ignorancia y te obliga a decidir si tu placer vale más que el sufrimiento ajeno. Y, al menos en mi caso, soy vegetariana desde hace años, hubo momentos en que se me saltaban las lágrimas pensando en el dolor de esas langostas: hay violencias gratuitas que simplemente no entiendo, y esta es una de ellas.
  9. El Dostoievski de Joseph Frank (Joseph Frank’s Dostoevsky): Aquí Wallace se pone serio para hablar de por qué nos da tanto miedo ser profundos. Al reseñar la biografía del autor ruso, Wallace lanza un dardo contra nuestra sociedad actual, donde la ironía es nuestra armadura preferida: preferimos ser sarcásticos o "guays" antes que parecer sentimentales. Compara nuestra frialdad con la "pasión brutal" de Dostoievski, un hombre que no tenía miedo a hablar de la fe, del pecado o de la salvación. Wallace utiliza este ensayo para hacernos una pregunta incómoda: ¿nos hemos vuelto tan modernos y tan irónicos que ya no somos capaces de creer en nada con pasión? Es una defensa apasionada de la literatura que se atreve a ser moral y humana, alejándose del postureo intelectual para tocar el hueso de la existencia. Si últimamente a Dostoievski lo tengo continuamente presente con reseñas que me cruzo por todas partes, ahora Wallace me ha dado el golpe certero. Me he rendido: leeré sus grandes obras.
  10. Presentador (Host): Un análisis aterrador sobre el ruido y la manipulación en las entrañas de la radio conservadora, donde el exceso de información y opinión se convierte en anestesia moral.

Conclusión

Wallace es exigente y, a ratos, perturbador. Os va a obligar a trabajar, a subir y bajar a las notas al pie y a cuestionar vuestros propios consumos. Pero merece la pena. Es una oportunidad de asomarse a una mente que, aunque no pudo salvarse a sí misma, nos dejó las herramientas para que nosotras aprendamos a mirar la realidad con un poco más de conciencia y mucho menos cinismo.

David Foster Wallace en uno de esos raros momentos de calma, antes de que la 'televisión a todo volumen' de su cabeza volviera a encenderse

viernes, 6 de febrero de 2026

Japón en negro: The Man Who Stole the Sun. Adiós al legendario Kazuhiko Hasegawa 長谷川 和彦


El pasado 31 de enero desapareció Kazuhiko Hasegawa, y con él desapareció uno de los misterios más magnéticos de la cinematografía nipona. Cineasta de culto absoluto, fue el hombre que incendió el Japón de los setenta con solo dos películas para luego retirarse a sus cuarteles de invierno, dejando tras de sí un silencio que duró décadas, pero que nunca logró apagar el eco de su audacia. Precisamente esta obra, rescatada en la retrospectiva Japón en negro del Festival de San Sebastián 2008, vuelve ahora con más fuerza ante su partida. 
El catálogo de la retrospectiva "Japón en negro" (San Sebastián. 2008)

Del barro del "Pinky Porno" a la cima de la crítica 


Hasegawa no nació en la academia, sino en el subsuelo creativo de la Nikkatsu. Curtido en la transgresión del Roman Porno, fue la mano derecha del legendario Tatsumi Kumashiro. De esa escuela de guerrilla aprendió que la violencia y el sexo no eran solo ganchos comerciales, sino herramientas para diseccionar una sociedad que asfixia. Su huella en este género es imborrable, especialmente como guionista de A Woman with Red Hair (1979), título que ya anticipaba el tono áspero y conflictivo que marcaría su carrera.

Nacido en 1946 en la prefectura de Hiroshima, Hasegawa estudió en la Universidad de Tokio antes de abandonar la carrera y entrar en la productora de Shohei Imamura. Allí se formó a la sombra de uno de los grandes iconoclastas del cine japonés, afilando una mirada feroz hacia la posguerra que luego llevaría al extremo en sus propias películas. 

The Man Who Stole the Sun: El caos en el corazón de Tokio 

Dentro de mi serie de Japón en negro, esta obra brilla con una luz propia y peligrosa. La premisa es tan fascinante como aterradora: un anodino profesor de química de instituto (Kenji Sawada, en un papel que mezcla timidez con locura) construye una bomba atómica en su propio apartamento, robando plutonio de una central nuclear y siguiendo manuales reales. Hasegawa eliminó pasos técnicos por seguridad pública.

martes, 3 de febrero de 2026

Emily Brontë y el espejo roto: La anatomía de un maltratador en "Cumbres Borrascosas"


Nos enseñaron a suspirar por Heathcliff en los cines, pero Emily Brontë no escribió una historia de amor. Escribió una autopsia. En este post, recojo los cristales de un espejo roto para analizar la anatomía de un maltratador y la violencia machista que, bajo la bruma de los páramos, sigue cortando como el primer día.

Una mujer a contracorriente

Para entender la verdadera dimensión de Cumbres Borrascosas, primero debemos situar a su autora en el lugar que le corresponde por derecho y genio. Emily Brontë no fue, en absoluto, la dócil doncella victoriana que la historia oficial intentó dibujar durante décadas. Bajo el seudónimo de Ellis Bell, se rebeló desde los páramos de Yorkshire contra un mundo que quería encerrar a las mujeres en historias de salón y romances con final feliz. Emily no buscaba dar el gusto a los lectores de su tiempo; su intención era mucho más real y oscura: mostrar sin filtros lo peor del ser humano. Su única novela, escrita en 1847, la consagra no como una escritora romántica más, sino como una mujer que se atrevió a mostrar la crueldad tal cual es. Es desolador recordar que, a diferencia del éxito de su hermana Charlotte con Jane Eyre, Emily murió sin conocer el triunfo de su obra, despreciada en su momento por una crítica que no estaba preparada para su brutal honestidad.

El desarrollo de una tormenta

La novela no avanza lineal, sino que se despliega en una espiral violenta que termina por arrasar a dos generaciones completas. El contraste entre Cumbres Borrascosas —espacio salvaje y elemental— frente a la Granja de los Tordos, pretendidamente civilizada y represora, no es un mero recurso paisajístico. Es el escenario del choque donde el orden social implosiona ante la fuerza de la obsesión. A través de relatos encajados, donde Lockwood actúa como el extraño que no entiende nada y Nelly Dean como la testigo a veces demasiado silenciosa, Emily nos obliga a observar desde fuera cómo el odio se hereda como único legado posible. No hay paz en los páramos porque el aislamiento geográfico se convierte en la cárcel perfecta donde la impunidad campa a sus anchas. La imagen de la portada que os muestro es la publicación traducida por Rosa Castillo; su trabajo es magistral y permite captar cada matiz de esta atmósfera asfixiante sin perder un ápice de su fuerza original.

Heathcliff: El maltratador de libro

domingo, 1 de febrero de 2026

La chica zurda (Shih-Ching Tsou, 2026) ⭐⭐⭐⭐½ De Taipéi a Madrid: la mano izquierda que desafía al patriarcado

En los mercados nocturnos de Taipéi, donde el vapor de los fideos se mezcla con sueños rotos, Shih-Ching Tsou filma una historia que corta la respiración. La chica zurda, candidata taiwanesa a los Oscar, es la joya asiática que necesitábamos ver en pantalla grande.

Rodada con iPhone para camuflarse entre los puestos reales, sigue a tres generaciones de mujeres —la niña zurda I-Jing (Nina Ye, revelación absoluta), su madre Shu-Fen (Janel Tsai) y la rebelde I-Ann (Shih-Yuan Ma)— atrapadas en un sistema que valora hijos varones y manos derechas. Tsou, que sufrió el tabú de ser zurda de niña, convierte esa "mano del diablo" en metáfora brutal de desigualdad sexual. 

⚠️ Reseña completa en mi blog "Bara y el cine de los viernes"

jueves, 29 de enero de 2026

Kokoro こころ - Natsume Sōseki: El maestro que me rompió el corazón

El cierre de un ciclo personal 

Mi historia con Natsume Sōseki empezó de la forma más curiosa. Hace años, ese librero que se toma libertades poniéndome libros en la mano (y al que no me atrevo a llevar la contraria) me entregó un ejemplar de Kokoro. Era de la editorial Gredos, de pasta dura, numerado... un libro que, al principio, me pareció "feo", casi como si fuera a empezar una enciclopedia y al que, al final, le añadí el kanji **こころ** cuando empecé a estudiar japonés. Esa edición de tapa dura y numerada fue pionera en el catálogo de Gredos —tradicionalmente grecolatino—, formando parte de un intento por incorporar clásicos japoneses que, aunque limitado, nos dio joyas como Kokoro y Heike monogatari. Lo que explica esa mi primera impresión de "enciclopedia" más que de novela. 

Pero al llegar a casa y ponerme a leer, no pude parar. Al terminar la lectura apasionada de la historia, acabé moqueando un buen rato, llorando con un final que se me quedó grabado a fuego. 

Desde entonces, he ido encontrándome con Natsume Sōseki en distintos momentos de su obra: primero llegó para mí la sátira desternillante de Soy un gato, luego la rebeldía juvenil de Botchan y más tarde ese puente hacia la madurez que supuso Sanshiro, sin olvidar el haiku‑poético de Kusamakura, que aún tengo pendiente de reseñar como se merece. Aunque en mi experiencia Kokoro fue el inicio de todo, en la trayectoria del propio autor pertenece a su etapa de madurez, posterior a estas novelas; por eso hoy regreso a ella, para cerrar este ciclo con la obra que de verdad me conquistó. 

El escenario de un enigma: El fin de la era Meiji

La historia comienza con una calma engañosa en las playas de Kamakura, hacia el final de la Era Meiji (1868-1912). Para entender la atmósfera del libro, hay que saber que esta fue una época de cambios brutales: Japón dejó de ser un país feudal de samuráis para convertirse en una nación moderna. La gente vivía con un pie en el pasado y otro en un futuro incierto.

Este choque cultural se personifica en el General Nogi Maresuke, héroe nacional de la Guerra Ruso-Japonesa, que tras la muerte del Emperador en 1912 decidió quitarse la vida siguiendo el antiguo código de honor.

Horas antes de cometer seppuku junto a su esposa Shizuko, posaron para este retrato formal con una serenidad escalofriante: él en uniforme militar, ella en kimono ceremonial, plenamente conscientes de su destino. Fue un acto que se vivió como anacrónico incluso en su momento: un último estallido del código samurái en pleno Tokio moderno. Este sacrificio real es el que marca el destino de nuestro protagonista, Sensei, quien ve en ese gesto la señal de que su tiempo también ha terminado. 

viernes, 23 de enero de 2026

Kenzaburo Ōe: El refugio de la ternura en medio del caos Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura われらの狂気を生き延びる道を教えよ

Si hay un libro que define la simbiosis emocional entre Ōe y su hijo Hikari, nacido en 1963 con hidrocefalia, autismo y limitaciones motoras y visuales que marcaron la obra del Nobel, es este. La publicación que acompaña a esta reseña está traducida por Shigeko Suzuki y Elena Vilageliu.

Aquí no encontramos al Nobel distante, sino a un ser humano desnudándose ante el abismo de la discapacidad en un mundo que parece haberse vuelto loco. La obra, colección de tres relatos publicados en Japón en 1969 Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura  われらの狂気を生き延びる道を教えよ  (Warera no kyōki wo ikinobiru michi wo oshieyo), eleva esta experiencia a mito personal influido por Jean-Paul Sartre y Malcolm Lowry, con el primero dando título al volumen.

Como lectora, me he sentido vulnerable y, a la vez, extrañamente protegida por la honestidad de su autor. En esta obra, Ōe no maquilla el dolor ni la desesperación de la paternidad: el protagonista (un hombre obeso alter ego del autor que cae a un estanque de osos polares para recapitular su vida), vive obsesionado por su padre y la locura heredada, pero tampoco permite que la oscuridad lo inunde todo. 

Es una lectura que se siente en la piel; es ese refugio de ternura donde aprendemos que la única supervivencia posible es la que se construye a través de la empatía radical. Los monólogos del padre, que analizan su vínculo simbiótico, juntan manos para sentir lo mismo, y los otros relatos como Agüí, el monstruo del cielo 空の怪物アグイー  y El día que él se digne enjugar mis lágrimas 我が涙をぬぐいたもう日, cierran con la madre disculpándose por culpar a una locura heredada.

lunes, 19 de enero de 2026

Trilogía de Estocolmo (1794-1795): Del asco al asombro - Niklas Natt och Dag



Hace un par de años, mientras recorría Estocolmo, mi curiosidad me llevó a preguntar a una mujer local por la ubicación exacta del lago Fatburen. Hoy, esa zona cerca de la estación de Södra (Fatbursparken y Södermalmsallén) es un gran parque verde, pero en mi mente seguía siendo el lodazal infecto y gélido donde comienza 1793. Fue mencionar el lago y el nombre de Niklas Natt och Dag, y ver cómo el rostro de aquella mujer se transformaba en una mueca de absoluto asco. Tras ese gesto espontáneo de repulsión, admitió sin dudar: Es un escritor extraordinario.

Esa contradicción, el rechazo físico ante la podredumbre y el reconocimiento de su talento, define la experiencia de sumergirse en las secuelas de su famosa trilogía. Si en mi anterior reseña sobre el primer volumen (1793) hablaba de la miseria moral que recordaba al Madrid de Filomena, en 1794 y 1795 el autor decide, directamente, no darnos tregua.

1794 - El fuego y el minotauro

En esta segunda entrega, la historia se vuelve más ambiciosa y, si cabe, más atroz. La trama nos traslada a la colonia sueca de Saint-Barthélemy (San Bartolomé), enclave puerto libre desde 1784 para esclavistas de cualquier nación, con impuestos bajos que enriquecieron a Suecia vía trata humana. Es aquí donde la novela nos recuerda explícitamente que la riqueza nórdica se apoyó en la explotación y la esclavitud, rompiendo cualquier imagen idílica del pasado.

jueves, 15 de enero de 2026

Cerveza, orejas perfectas y ovejas fantasmales: Reseña de La caza del carnero salvaje de Haruki Murakami 村上 春樹

 

La caza del carnero salvaje 羊をめぐる冒険 fue el segundo libro que leí de Haruki Murakami, justo después de la maravillosa Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, inaugurando así mi biblioteca japonesa. En mi estantería todavía brilla con luz propia esta edición de Anagrama que veis en la foto, con la magnífica traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala.

Aunque ahora Tusquets tiene su propia edición y mi estantería se ha ido tiñendo de negro, guardo este ejemplar amarillo como un tesoro. Es también una oportunidad para comentar que los nuevos lectores, al tener ya todos los libros publicados en español, podrán leer al autor en su orden de publicación original y no como ha querido la editorial, que nos los trajo de forma un tanto caótica según el éxito comercial. He decidido que voy a reseñar todos los libros que me faltan de Haruki Murakami, y por supuesto, lo haré sin ningún orden en concreto.

El matiz de la traducción: de Chandler a Lourdes Porta

miércoles, 14 de enero de 2026

Música, sólo música - El festín melómano de Haruki Murakami y Seiji Ozawa

 


Aunque esta reseña nació compartiendo espacio con otros libros, la profundidad de las conversaciones entre Murakami y Ozawa en Música, sólo música pedía a gritos su propio rincón. Con el nuevo carrusel de mi biblioteca, ahora cada obra tiene su sitio, y este festín musical no podía ser menos.

Nos llega este libro que no es una novela, tampoco un cuento, ni siquiera un ensayo. Son conversaciones entre Haruki Murakami y Seiji Ozawa que tuvieron en diferentes momentos a lo largo de dos años, entre noviembre de 2010 y julio de 2011. Ozawa es un director japonés de música clásica, seguro que si ves una foto suya le reconoces. El libro fue publicado en 2011 en Japón, y en España se publicó a finales de septiembre de 2020.

Lo primero que me ha sorprendido es lo que sabe Haruki Murakami de música, su cultura musical te deja con la boca abierta, hasta Ozawa quedaba impresionado. Todos sabemos que son inseparables los personajes literarios de sus novelas y la música. En estas conversaciones no solo hablaba de piezas musicales, de sus intérpretes, quién las dirigía, también explicaba las distintas versiones que había escuchado y qué le parecían, y para rizar el rizo, es que las tiene en su casa y se las ponía al antiguo director de la Boston Symphony Orchestra.

En sus charlas aparecen nombres como Mahler, Beethoven o Brahms. Seiji Ozawa, además de desgranar aspectos musicales de las piezas, nos deleita con anécdotas de figuras como Glenn Gould, Leonard Bernstein o Karajan, y nos confiesa las penurias económicas que pasaron él y su esposa. Al leerlo, descubrí un mundo totalmente desconocido para mí; nunca se me hubiera ocurrido que un director de orquesta pudiera haber llegado a malvivir por perseguir su sueño de aprender de los grandes. Además, Ozawa relata con sinceridad la frustración de no hablar inglés en sus inicios, sintiendo que eso le impidió disfrutar plenamente de las grandes figuras con las que coincidió en su carrera

Te dejo la lista de reproducción, 9 horas de música, así lees y escuchas la música mucho mejor.  
 

martes, 13 de enero de 2026

Guía definitiva de lectura: Haruki Murakami 村上 春樹 en orden cronológico



¡Por fin orden en la biblioteca! 📚 He preparado una cronología visual completa de Haruki Murakami 村上 春樹 basándome en las fechas originales de publicación en Japón. 

Mi intención ha sido respetar su evolución real como escritor, ya que a España los libros nos han ido llegando con ritmos y órdenes diferentes. De esta forma, podemos ver cómo nació realmente su universo literario.

Podéis encontrar este carrusel interactivo en el lateral derecho del blog, justo debajo de mi lista de reseñados, para que lo tengáis siempre a mano como guía de consulta. Si hacéis clic en las imágenes, os llevarán directamente a mis reseñas individuales (faltan algunas, ¡pero pronto estarán todas!).

¿Cuál de sus libros es vuestro favorito o cual tenéis pendiente por leer? ¡Os leo!

lunes, 12 de enero de 2026

Cielo verde, suelo negro: El fin de la inocencia en el valle de John Ford y Richard Llewellyn

Hay lecturas que te acompañan mucho antes de que tus pies pisen el destino. El verano pasado, mientras recorría las islas Británicas e Irlanda, sentía que los paisajes me resultaban familiares. No era solo por las fotos, sino por las decenas de páginas devoradas meses atrás. Entre ellas, Qué verde era mi valle (How Green Was My Valley) fue la brújula que me permitió entender que bajo ese verde infinito se escondía una historia de carbón, lucha y silencios.

Hay una maleta que espera junto a la puerta y un hombre que, antes de marcharse para siempre, decide envolver sus recuerdos en un pañuelo de seda azul. Así comienza una de las crónicas más desgarradoras y bellas sobre la pérdida: "¡Qué verde era mi valle!". A través de la memoria de Huw Morgan, Richard Llewellyn en el papel y John Ford tras la cámara nos transportan a un Gales donde el cielo parecía teñido por la esperanza, pero donde el suelo acabaría volviéndose negro bajo el peso del carbón.

Curiosidad sobre el cartel original: Es común confundirse al leer "Prize Novel" en los carteles de la época y pensar que Llewellyn ganó el Nobel. En realidad, se refiere al National Book Award de 1939. Aunque no recibió el galardón sueco, su "novela premiada" se convirtió en un pilar de la literatura obrera.


El honor de los hombres, el cuerpo de las mujeres

sábado, 10 de enero de 2026

Persépolis: El grito de libertad que hoy resuena más fuerte que nunca

                 

Mientras lees estas líneas, en las calles de Irán se está librando una batalla desigual. No es solo una protesta; es una auténtica revolución donde la vida se pone en juego en cada esquina. Mujeres que se despojan del velo desafiando a la muerte y hombres que caminan junto a ellas, conscientes de que la libertad de un pueblo empieza por el fin de la violencia machista institucionalizada que ejerce la dictadura.

Sin embargo, a este lado del mapa, el silencio es ensordecedor. En Europa parecemos haber caído en una pasividad cómoda, mirando las noticias como si fueran escenas de una ficción lejana. Olvidamos que nuestro apoyo —o nuestra falta de él— tiene consecuencias reales.

Rostros que el régimen no pudo borrar

La violencia machista de los Ayatolás no se queda en las leyes; se ejecuta en las celdas y en las plazas. Lo que en Persépolis vemos a través de trazos de tinta, hoy lo vemos en fotografías de teléfonos móviles que logran burlar la censura.

  • Jina Mahsa Amini: El nombre que encendió la mecha. Su asesinato bajo custodia de la "policía de la moral" tras ser secuestrada por llevar "mal puesto" el velo.
  • La juventud sacrificada: Nika Shakarami, Sarina Esmailzadeh... adolescentes que solo querían un futuro normal.
  • Hombres en el patíbulo: Aquellos ejecutados por alzarse en defensa de sus hermanas, hijas y compañeras. 

viernes, 9 de enero de 2026

La Vía Láctea de Kenji Miyazawa (宮沢 賢治): El sueño de un hijo, el orgullo de un padre



A veces, para entender una obra maestra, no basta con leer sus páginas; hay que mirar a los ojos de quien la escribió. O, mejor aún, a los ojos de quienes lo amaron.

En mi entrada de hoy quiero llevaros a un viaje doble por las estrellas. Primero, a través de las páginas de El tren nocturno de la Vía Láctea (Ginga tetsudō no yoru 銀河鉄道の夜), ese cuento infinito de Kenji Miyazawa que es casi un rezo a la bondad y al sacrificio.

Y segundo, a través de la gran pantalla con la película Father of the Milky Way Railroad (Ginga Tetsudo no Chichi 銀河鉄道の父, 2023), de Izuru Narushima.

Si el libro es el sueño —lleno de trenes celestiales, garzas de cristal y paisajes oníricos—, la película es el corazón que latía detrás: la historia de un hijo rebelde, de una hermana que fue luz, Toshi, y de un padre que, rompiendo todos los moldes de su época, decidió que su mayor orgullo no sería su negocio, sino el talento de su hijo.

El peso del nombre

La película nos regala un inicio cargado de simbolismo: el momento en que el abuelo entrega a Masajiro (el padre, interpretado por Koji Yakusho 役所広司, mi actor fetiche por excelencia) el nombre del recién nacido. En este papel leemos Kenji (賢治)No es solo un nombre; en ese Japón de finales del siglo XIX, era un decreto. Su abuelo esperaba un administrador sabio para el negocio familiar de empeños, sin saber que esa "sabiduría" acabaría desbordándose hacia la poesía y la agricultura.

Es fascinante ver cómo Kenji lucha por redefinir su destino, pasando de ser el "heredero" a ser el guía de un ferrocarril galáctico que consolaría a generaciones enteras.

El libro: Un manuscrito entre el duelo y la fe

El tren nocturno de la Vía Láctea es una obra que trasciende la literatura. Escrita durante casi diez años (1924-1933) y marcada por la muerte de su hermana Toshi (1922), narra el viaje de Giovanni y Campanella a través de las constelaciones:

  • Un mapa real: El recorrido sigue fielmente el mapa estelar, desde el Cisne hasta la Cruz del Sur.
  • La búsqueda de la felicidad: Kenji nos enseña que la verdadera felicidad no es individual, sino que se alcanza ayudando al prójimo.
  • Obra abierta: Al morir Kenji en 1933, el libro quedó inacabado, lleno de correcciones que lo hacen sentir vivo y eterno.

Más allá de la Vía Láctea

domingo, 4 de enero de 2026

Under The Open Sky (すばらしき世界 Subarashiki Sekai): El precio de la libertad en una sociedad que no perdona

Cuando Masao Mikami cruza las puertas de la prisión tras 13 años de encierro, el cielo que encuentra no es solo "abierto", es inabarcable y ligeramente hostil, como si el mundo hubiera seguido girando a una velocidad que ya no le pertenece. La película de Miwa Nishikawa (西川美和), a la que ya dediqué una entrada por su Dear Doctor, no es el típico relato de redención de Hollywood; es una disección japonesa, pausada y dolorosa, sobre lo que significa ser un "ex" en un mundo que solo entiende de etiquetas presentes.

1. El hombre fuera del tiempo

Koji Yakusho (役所広司 / やくしょ こうじ) mi actor fetiche por excelencia, interpreta a Mikami con una vulnerabilidad física que asusta: es un hombre de 60 años con salud frágil y un pasado de violencia, incluida una condena por asesinato, pero con el corazón de un yakuza que aún cree en el honor, la lealtad y la justicia directa. El conflicto central no es que Mikami quiera volver al crimen, sino que no sabe cómo vivir sin él: el crimen no es solo su pasado, es el idioma emocional que mejor domina. La sociedad moderna le pide que sea invisible, dócil y que acepte empleos precarios, algo que choca frontalmente con su orgullo y con un código moral que ya no encaja en el presente.

2. La mirada del "otro": el papel de los medios

Un punto clave de la trama es el personaje del joven cineasta Tsunoda (Taiga Nakano 仲野太賀), que se acerca a Mikami desde la televisión con un objetivo claramente sensacionalista: empaquetar la figura del ex-yakuza en forma de docu-espectáculo. A través de su lente, el espectador vive la misma transformación que el cineasta: pasamos de ver a un "monstruo" o una "curiosidad" a ver un ser humano desesperadamente solo, atrapado entre su pasado y un presente que no le quiere. La película critica cómo consumimos la tragedia ajena como entretenimiento; antes de ofrecer una mano real, el sistema prefiere encuadrar, editar y emitir.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Cristina Rivera Garza y la lucha contra el olvido: El feminicidio de su hermana Liliana

Al planear esta última entrada del año, mi primera intención fue escribir sobre la fiesta, los deseos de año nuevo y la felicidad que suele acompañar estas fechas. Pero no sería real. He decidido que no podemos cerrar los ojos ante una realidad que nos golpea cada día: la violencia machista sigue siendo la herida más profunda de nuestra sociedad.

Escribo esto con el peso de la realidad sobre la mesa. En España, las cifras oficiales del Ministerio de Igualdad ya confirmaban al menos 47 mujeres asesinadas a mediados de diciembre de 2025. Sin embargo, sabemos que estas cifras son solo una parte de la tragedia: son las víctimas computadas dentro del ámbito de la pareja o expareja.

Fuera de ese recuento oficial quedan muchas otras mujeres asesinadas por el hecho de serlo, muchas de ellas en situaciones de extrema vulnerabilidad, cuyos nombres a menudo no entran en las estadísticas principales de violencia de género. Tampoco podemos olvidar el horror de la violencia vicaria: esos hijos e hijas asesinados con el fin de destrozar la vida de sus madres. Ellos y ellas también son víctimas directas de este terrorismo machista y deberían contabilizarse con el mismo peso, pues forman parte de la misma arquitectura de odio y control.

En México, la magnitud del horror es sobrecogedora: según datos del Secretariado Ejecutivo, entre enero y noviembre se han registrado más de 5.000 asesinatos de mujeres, de los cuales solo 597 han sido tipificados oficialmente como feminicidios. Son miles de nombres que ya no brindarán este fin de año; miles de familias atravesadas por la impunidad.

martes, 30 de diciembre de 2025

El doble luto del cine japonés: El mes en que se fueron Tatsuya Nakadai 仲代達矢 y Masato Harada 原田眞人



El 8 de noviembre y el 8 de diciembre de 2025, dos pilares del cine japonés se apagaron en días simétricos. Tatsuya Nakadai 仲代達矢 y Masato Harada 原田眞人 dejaron un vacío que este blog lleva años intentando llenar con palabras. En ocho fragmentos, como el suehirogari japonés que promete prosperidad, rindo homenaje a ellos y a Koji Yakusho 役所 広司, su tercer vértice sagrado.

1. Mirada


El pasado 8 de diciembre sentí que algo en mi firmamento cinéfilo se apagaba: se marchaba Masato Harada, director de películas que he ido rescatando aquí, como la delicada Chronicle of My Mother o la combativa Bluestockings. Un mes antes, el 8 de noviembre, ya nos había dejado Tatsuya Nakadai, y desde entonces Japón se me parece más a un plano vacío, esperando a dos presencias que ya no llegarán.


2. Triángulo sagrado


En Cosas de Bara llevo años volviendo a tres pilares personales del cine japonés: Tatsuya Nakadai (maestro), Masato Harada (director político) y Koji Yakusho (su discípulo directo de Mumeijuku). Coordenadas emocionales de tradición herida, mirada incisiva y cuerpo contemporáneo que une ambos mundos.


3. Nakadai: la tradición encarnada


Si de alguien he escrito con verdadera devoción es de Tatsuya Nakadai, cuya filmografía habita mi archivo como un mapa afectivo propio. De su anciano testarudo en Haru’s Journey, hasta los fantasmas de KwaidanLa condición humana IIIIIIRío negroHachikō Monogatari o Harakiri (seppuku), su rostro encarna la memoria y el peso de la historia. Y su Hidetora derrumbado en Ran confirma que es imposible hacer una historia del cine mundial sin él.