Esa contradicción, el rechazo físico ante la podredumbre y el reconocimiento de su talento, define la experiencia de sumergirse en las secuelas de su famosa trilogía. Si en mi anterior reseña sobre el primer volumen (1793) hablaba de la miseria moral que recordaba al Madrid de Filomena, en 1794 y 1795 el autor decide, directamente, no darnos tregua.
1794 - El fuego y el minotauro
En esta segunda entrega, la historia se vuelve más ambiciosa y, si cabe, más atroz. La trama nos traslada a la colonia sueca de Saint-Barthélemy (San Bartolomé), enclave puerto libre desde 1784 para esclavistas de cualquier nación, con impuestos bajos que enriquecieron a Suecia vía trata humana. Es aquí donde la novela nos recuerda explícitamente que la riqueza nórdica se apoyó en la explotación y la esclavitud, rompiendo cualquier imagen idílica del pasado.
De vuelta en Estocolmo, la acción se centra en un crimen brutal en la noche de bodas de Erik Tres Rosas y Linnea Charlotta, con Mickel Cardell unido a Emil Winge, hermano de Cecil y consumido por sus demonios. Lo que hace a este libro especialmente duro es cómo desarrolla la violencia machista: la indefensión de las mujeres ante un sistema que permite a los poderosos (el Minotauro de la alta sociedad) dar rienda suelta a sus perversiones.
1795 - La hermandad y el fin de la esperanza
El cierre de la trilogía es el descenso definitivo a los infiernos. Estocolmo arde literal y metafóricamente, mientras Cardell y Emil persiguen al sádico Tycho Ceton, cuyo plan infernal hace que la justicia parezca un lujo lejano.
El alma de 1795 es Anna Stina Knapp. Tras sobrevivir a lo indecible, su lucha por proteger a sus hijos contra el hambre y el estigma, denuncia la violencia machista sistémica. Mientras hombres poderosos conspiran en logias secretas (La Hermandad), su resistencia es el único rayo de luz en un final sin finales felices gratuitos.
El autor - Niklas Natt och Dag, la voz de la "Noche y Día"
Para entender la crudeza de estas páginas, hay que mirar a quien las escribe. Niklas Natt och Dag (Estocolmo, 1979) no es un nombre artístico; pertenece a la familia noble más antigua de Suecia que aún sobrevive, con un linaje que se remonta a más de 700 años. Su propio apellido significa "Noche y Día", haciendo referencia al escudo de armas de su familia, dividido horizontalmente en azul, la parte superior representando la noche, y la inferior es blanca, que representa el día.
Esta conexión vital con la historia le permite escribir desde una posición única: la de alguien que conoce los secretos y la heráldica de la aristocracia desde dentro, pero que decide usar su pluma para desnudar sus miserias. Antes de dedicarse a la literatura, fue editor jefe de una revista y es un apasionado músico de instrumentos antiguos (como el laúd).
Su obsesión por el rigor histórico es tal que utiliza mapas y crónicas originales para que cada olor, cada calle y cada injusticia descrita sea geográficamente exacta. Con esta trilogía, Niklas ha fundado lo que ya se conoce como el Bellman Noir: un género que mezcla la belleza lírica de las canciones de la época con la oscuridad más absoluta del género negro.
Conclusión final
Natt och Dag no busca complacernos. Nos obliga a mirar el barro y la injusticia de frente. Cerrar esta trilogía deja vacío y alivio: ahora comprendo el “asco” de aquella mujer sueca, rechazo ante un espejo histórico que devuelve nuestra imagen más deforme y real. Como mujer y lectora, me quedo con la resistencia de Anna Stina, negándose a ser borrada incluso cuando el mundo quema
Para quienes quieran perderse por las sombras de este Estocolmo, os dejo recursos fascinantes:
- Mapa Fatburssjön 1764 - Propietarios locales de la época.
- Carta 1733 Stockholm - Panorama general.
- Mapa ruta Stadsmuseum 1793 - Escenarios reales Södermalm-Gamla Stan.
- Tour virtual Stockholm 1793 - Atmósfera histórica.

Niklas Natt och Dag


6 comentarios:
Rebuscando he hallado algo que escribí hace tiempo:
https://laantorchadekraus.blogspot.com/2021/12/seppuku-serie-negra-59.html
https://laantorchadekraus.blogspot.com/2008/10/ken-ogata.html
https://laantorchadekraus.blogspot.com/2017/09/tarde-de-domingo-con-philip-glass.html
Sobre tu entrada presente: desconocido para mí el autor y la obra. No tengo por costumbre leer autores recientes, salvo que hay algo que por recomendación ajena, sin garantías de éxito, me interese. Pero con el texto que pones casi es para animarse uno. Buen martes, hermana Bara.
Fackel, te agradezco los enlaces, pues ayudan a entender tu perspectiva, aunque he de serte sincera: Mishima no me gusta nada.
Sé que tiene legión de seguidores y reconozco su peso histórico, pero me encuentro en las antípodas de su pensamiento y de su literatura. Aunque en mi blog haya reseñado escenas magistrales (como las de Nakadai en el cine), una cosa es valorar la calidad técnica o artística y otra muy distinta comulgar con lo que representan.
Eso sí, reconozco profundamente a Ken Ogata, a quien recuerdo especialmente en La balada de Narayama de Shohei Imamura; para mí, una de las grandísimas películas de la historia del cine. No he hecho todavía una reseña sobre ella en el blog, pero es una falta que pronto subsanaré.
Aborrezco cualquier romanticismo aplicado a esas prácticas y no encuentro belleza alguna en el dolor extremo o el sacrificio. Mi mirada en esta reseña es una mirada de denuncia hacia la violencia machista y la miseria humana, sin misticismos ni filtros estéticos (que es la lectura que hace el autor de aquellos tiempos).
Prefiero la realidad cruda antes que cualquier refugio que intente embellecer lo que, en el fondo, es pura brutalidad. ¡Un abrazo!
No te quepa duda de que estoy en las antípodas de Mishima. Pero me apeteció sin más hacer una ficción que no t iene que ver con MIshima, porque ponga fotos no te dejes condicionar. Eres buena lectora y ese texto del seppuku estaba enmarcado en una serie negra, como se me ocurrió escribir. Ya sabemos lo que intentó representar Mishima y ese fascismo a la carta, enrevesado, no le resultó triunfante precisamente.
En el otro post sobre la muerte de Ogata solo quería recordar al actor que se metió en el papel de Mishima. Así de simple.
Aclarado entonces, Fackel. Me alegra que compartamos esa visión sobre el 'fantasma' de Mishima.
Respecto a la película de Schrader, también la he visto y tengo que reconocer que, artísticamente, me gustó mucho. El trabajo de Ken Ogata es soberbio y la puesta en escena es fascinante, pero precisamente por eso me parece tan importante separar la admiración por la obra o el actor de la repulsa que me genera el personaje y su pensamiento.
Me quedo con ese Ogata inmenso, pero también con la mirada limpia de misticismos cuando toque hablar de la realidad. ¡Seguimos leyéndonos!
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