Lo que leo, lo que veo y lo que guardo.

Mi foto
Madrid, Madrid, Spain
Lo que leo, lo que veo y lo que guardo
Mostrando entradas con la etiqueta Raymond Chandler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Raymond Chandler. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de enero de 2026

Cerveza, orejas perfectas y ovejas fantasmales: Reseña de La caza del carnero salvaje de Haruki Murakami 村上 春樹

 

La caza del carnero salvaje" fue el segundo libro que leí de Haruki Murakami, justo después de la maravillosa Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, inaugurando así mi biblioteca japonesa. En mi estantería todavía brilla con luz propia esta edición de Anagrama que veis en la foto, con la magnífica traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala.

Aunque ahora Tusquets tiene su propia edición y mi estantería se ha ido tiñendo de negro, guardo este ejemplar amarillo como un tesoro. Es también una oportunidad para comentar que los nuevos lectores, al tener ya todos los libros publicados en español, podrán leer al autor en su orden de publicación original y no como ha querido la editorial, que nos los trajo de forma un tanto caótica según el éxito comercial. He decidido que voy a reseñar todos los libros que me faltan de Haruki Murakami, y por supuesto, lo haré sin ningún orden en concreto.

El matiz de la traducción: de Chandler a Lourdes Porta

Investigando un poco sobre las traducciones de este libro, es fascinante ver la diferencia entre el Murakami que leen los anglosajones y el que leemos nosotros. Mientras que en inglés las versiones tienden a "americanizar" mucho el lenguaje para que suene como una novela negra de Raymond Chandler, en España hemos tenido la suerte de contar con traductores que respetan más esa pausa y esa ambigüedad tan japonesa.

Mencionaba a Chandler y no es casualidad: Murakami es un fan confeso del maestro del noir (incluso ha traducido sus obras al japonés). Sin embargo, prefiero el equilibrio que logran nuestras traducciones. Esto es posible también gracias a la propia naturaleza del español, que al igual que el japonés, nos permite omitir sujetos y jugar con los tiempos verbales para mantener ese aire de misterio que el inglés, mucho más rígido y directo, a menudo se ve obligado a rellenar.

Esa sutileza es la que permite que brille de verdad la voz del autor, y en ese sentido, no puedo dejar de mencionar a la gran Lourdes Porta Fuentes (junto a Junichi Matsuura), de quien soy fan absoluta; ese tándem tradujo Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y fue quien realmente me descubrió ese tono tan particular. La labor de esta traductora o la de Rodríguez-Izquierdo, y de otros traductores del japonés al español, es el puente directo desde Japón que nos permiten sentir el ritmo original sin perder la esencia.

Los mil rostros del "Yo" y las formas del habla

Una muestra de la dificultad de la traducción del japonés es precisamente este punto. Un detalle que me fascina de la lengua original, y que lamentablemente se diluye al traducirlo, es cómo se definen los personajes a través del lenguaje. En japonés, el Yo no es una palabra única y plana como en nuestro idioma; es un espejo de la identidad y la posición social de quien habla. Al pasar al español, la lengua pierde algo tan simple y profundo como esa elección del Yo japonés:

  • El protagonista usa el boku frente al ore del Rata: El narrador anónimo de esta novela utiliza el boku, un yo masculino que denota una juventud humilde e informal, muy propia de su apatía melancólica. Por el contrario, su amigo el Rata utiliza el ore, mucho más rudo y asertivo. En español, ambos son simplemente yo, pero en japonés esa diferencia marca una distancia enorme entre sus personalidades.

  • La novia de las orejas perfectas y el matiz del wa: En el original, ella se refiere a sí misma como watashi —una forma de yo mucho más madura y equilibrada que el boku del narrador— y utiliza partículas como el wa al final de sus frases. Esto dota a su habla de una suavidad y una feminidad muy específica; una identidad marcada por una dulzura firme que en español tenemos que imaginar a través del contexto, pero que en japonés suena con una cadencia clara y armónica.

Es una pena que perdamos esa riqueza, porque son esos matices los que hacen que sus personajes, aunque a veces no tengan nombre, tengan una identidad tan poderosa. Y ahí reside la gran importancia de las traducciones.

El inicio de la aventura

Como os comentaba en mi entrada anterior sobre Escucha la canción del viento y Pinball 1973, estas obras fueron el puente necesario para llegar aquí. En esta tercera entrega de la Trilogía del Rata, el estilo de Murakami se consolida definitivamente en el realismo mágico, si bien, él mismo reniega de esta etiqueta: Simplemente escribo las historias que quiero escribir, y con el estilo que me conviene. Este estilo, que mezcla lo cotidiano con lo fantástico de forma tan única, es lo que hoy ya conocemos como murakamismo.

Nuestro protagonista anónimo, un publicista en la treintena algo apático, se ve envuelto en una búsqueda surrealista por el chantaje de un hombre sombrío: debe encontrar a un misterioso carnero con una mancha en forma de estrella. Pero no viaja solo; lo acompaña su novia, una mujer con unas orejas mágicamente perfectas. En la simbología de Murakami, estas orejas no son solo un rasgo físico, sino una antena hacia lo sobrenatural y el verdadero motor que empuja a nuestra protagonista a salir de su zona de confort hacia las frías tierras de Hokkaido.

Una relectura vital

He vuelto a este libro con una comprensión lectora (y vital) mucho más madura que la primera vez. Si antes me atrapaba el misterio, ahora me detengo en la melancolía del protagonista, en esa sensación de ser un quitanieves cultural. 

Con esta relectura también me ha interesado más la dimensión política del carnero. Algunos críticos japoneses lo han interpretado como una idea parasitaria que recorre la historia reciente de Japón: una fuerza que pasa del imperialismo en Manchuria a los jefes ultraderechistas y a los ejecutivos del boom económico, siempre exigiendo lo mismo a cambio de poder, que renuncies a tu propio yo para diluirte en un gran proyecto colectivo. Visto así, el viaje del protagonista y la decisión final del Rata no son solo una aventura surrealista, sino una resistencia íntima frente a ese Japón uniforme que prefiere cuerpos dóciles antes que individuos raros e incómodos.

Releer La caza del carnero salvaje, ahora me hace entender mucho mejor la búsqueda posterior de Kiki en Baila, Baila, Baila y ese sentimiento de pérdida que inunda el Hotel Delfín. Al final, las descripciones de Haruki Murakami nos permiten recrearlo todo sin esfuerzo, demostrando que su vínculo con nosotros es mucho más profundo que cualquier barrera cultural.

A disfrutar de la lectura!

¿Sois de quienes preferís el Murakami de los inicios, más crudo y noir, o el de las grandes epopeyas surrealistas? Me encantará leeros en los comentarios.

Haruki Murakami