Hay lecturas que te acompañan mucho antes de que tus pies pisen el destino. El verano pasado, mientras recorría las islas Británicas e Irlanda, sentía que los paisajes me resultaban familiares. No era solo por las fotos, sino por las decenas de páginas devoradas meses atrás. Entre ellas, Qué verde era mi valle (How Green Was My Valley) fue la brújula que me permitió entender que bajo ese verde infinito se escondía una historia de carbón, lucha y silencios.
Hay una maleta que espera junto a la puerta y un hombre que, antes de marcharse para siempre, decide envolver sus recuerdos en un pañuelo de seda azul. Así comienza una de las crónicas más desgarradoras y bellas sobre la pérdida: "¡Qué verde era mi valle!". A través de la memoria de Huw Morgan, Richard Llewellyn en el papel y John Ford tras la cámara nos transportan a un Gales donde el cielo parecía teñido por la esperanza, pero donde el suelo acabaría volviéndose negro bajo el peso del carbón.
El honor de los hombres, el cuerpo de las mujeres


