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jueves, 5 de marzo de 2026

"El amante polaco", de Elena Poniatowska. Un viaje apasionante entre la historia y la memoria



¿Es posible que el destino de una nación entera dependa de un amor no correspondido? El amante polaco no es solo una novela histórica; es una crónica descarnada y brillante sobre Stanisław Poniatowski, el último rey de una Polonia que fue devorada por sus vecinos, y la reconstrucción personal de su descendiente, la gran Elena Poniatowska. A través de sus páginas, viajamos de los lujosos y fríos palacios de San Petersburgo al México vibrante y caótico del siglo XX, descubriendo que la historia de los reyes es, en realidad, la historia de las fragilidades humanas.

Una anécdota del destino

Os contaré un secreto sobre cómo este libro llegó a mis manos: fue fruto de una salida airosa. Hace dos años, lo compré para regalárselo a uno de mis primos, con los que tenemos la costumbre de juntarnos en Navidad para intercambiar libros. Al ver su cara de desconcierto (y esa ceja levantada), me hice la disimulada. "¡Ay, qué tonta! Me he equivocado, este es para mí", le dije, y le cambié el libro de Elena por unas Crónicas marcianas de Bradbury que me acababan de regalar a mí. Él se fue feliz con sus marcianos y yo me quedé con el polaco. El año pasado por fin lo saqué de la estantería... y me apasionó.

Un amor real y una tragedia política

Lo que más me ha atrapado es la relación entre Stanisław y Catalina la Grande. Es una historia de amor que marcó el destino de toda una nación. Es apasionante ver cómo él mantuvo esa devoción por ella y cómo, a pesar de las intrigas y el poder arrollador de la emperatriz, se mantuvo fiel a su país hasta el final.

Stanisław Poniatowski conoció a Catalina la Grande en San Petersburgo siendo un joven diplomático de 24 años (ella tenía 28 y era gran duquesa); fueron amantes durante años e incluso tuvieron una hija que murió siendo niña. Elena Poniatowska lo retrata como un rey "dócil" en lo personal pero valiente en el trono, elegido en 1764 con el apoyo de una emperatriz que pretendía usarlo como marioneta... aunque él resistió con dignidad. Elena narra con una sensibilidad única las dudas de un hombre culto y pacifista atrapado en una época de guerras y ambiciones desmedidas.

El tablero de ajedrez: Los tres repartos de Polonia

Si algo he aprendido con esta lectura es la crudeza de la geopolítica. Me dejó impactada descubrir cómo Polonia fue, literalmente, el juguete de Rusia, Prusia (Alemania) y Austria. A través de tres repartos, el país fue borrado del mapa:

1. Primer reparto (1772)

Aquí aparece una región que me sorprendió muchísimo: Galicia (o Galitzia). No es nuestra Galicia española, sino una zona que se anexionó Austria (la zona amarilla del mapa, con Leópolis como ciudad clave). Rusia y Prusia también empezaron a recortar los bordes del reino.


2. Segundo reparto (1793)

Tras años de guerras y hambrunas que redujeron la población hasta un 40% en algunas zonas aliadas, Polonia quedó reducida a un protectorado ruso. Como se ve en el mapa, el territorio "blanco" se asfixia rápidamente.


3. Tercer reparto (1795)

El golpe final. Rusia se llevó Bielorrusia y Ucrania, Prusia se quedó con Poznań y Austria con la zona sur. Polonia desapareció como estado independiente durante más de un siglo. El mapa habla por sí solo: no queda nada.

Es increíble, y muy triste, ver cómo los poderosos disponían de la vida de la gente y de las fronteras como si movieran piezas en un tablero, sin importarles el sufrimiento de un pueblo entero.


La mujer tras el apellido: Elena Poniatowska

No se puede hablar de este libro sin rendirse ante la maestría de su autora. Elena, conocida cariñosamente como La Poni, realiza aquí un ejercicio de honestidad brutal. No solo rescata la figura de su antepasado, sino que entrelaza su propia llegada a México como una niña europea exiliada con la caída del reino polaco.

Es admirable cómo una mujer que pertenece a la nobleza europea por linaje, se convirtió en la voz de los desposeídos en México. En El amante polaco, Elena demuestra que la memoria es un acto de resistencia; nos enseña que, aunque un país sea borrado de los mapas, la identidad permanece viva a través de la palabra. Su pluma es culta pero cercana, capaz de hacernos sentir el frío de San Petersburgo y el sol de México en una misma página.

Conclusión: Un puente entre dos mundos

Al final, la obra es un espejo de dos caras: mientras nos narra la caída de una monarquía en el siglo XVIII, Elena nos cuenta su propio despertar en México, su curiosidad insaciable y su evolución como mujer y periodista.

Me alegro de que aquel regalo fallido terminara en mi mesilla; ha sido una de lectura que no olvidaré. Si buscáis una historia contada con alma, que hable de lealtad y de cómo la memoria sobrevive a los imperios, tenéis que leer a la Poniatowska.



Elena Poniatowska

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