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lunes, 15 de diciembre de 2025

El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo - Irene Vallejo



Hay libros que uno empieza sin saber que le cambiarán la mirada. El infinito en un junco, de Irene Vallejo, es uno de ellos. Lo abrí atraído por su forma, una edición preciosa, de esas que se sienten como un regalo entre las manos, pero seguí leyendo porque su voz me envolvió con una ternura erudita, tan sabia como cercana. 

Este ensayo, a medio camino entre la narración y la crónica, recorre los orígenes del libro y de la lectura como si fueran una aventura humana: desde los rollos de papiro hasta los códices medievales, desde Alejandría hasta nuestros días digitales. Mientras nos habla de rollos, bibliotecas antiguas y lectores de otras épocas, lo hace siempre desde una voz cercana, más interesada en las personas que en las fechas. A medida que avanzaba, fui inundando sus páginas de pequeños post-it, marcas silenciosas para volver a esos datos, imágenes y frases que no quería perder, como si plantara banderitas en un mapa personal de la lectura.

Al leerlo, sentí que cada página era una declaración de amor al acto de leer: al silencio, al olor del papel, al gesto de abrir un libro y desaparecer por un rato en él. Quizá eso sea el “infinito” del título: el espacio que se abre entre las palabras y quien las recibe, una extensión invisible del tiempo humano.

He leído muchas obras de autores japoneses, que saben hablar con delicadeza del paso del tiempo y de la fragilidad de las cosas. Pero en Irene Vallejo encontré algo parecido: una sensibilidad atenta, una escritura que se detiene, que observa, que respira. El infinito en un junco es una invitación a pensar en todo lo que hubo detrás de un gesto tan cotidiano como leer. 

Un libro exterior e interiormente hermoso. Un objeto que celebra la cultura y la fragilidad de quienes la sostienen. Un recordatorio de que, pese a los siglos, seguimos buscando lo mismo: dejar constancia de nuestro paso, y hacerlo con palabras.

   Irene Vallejo
Mi junco

4 comentarios:

Fackel dijo...

Aunque hay varios libros de otros autores sobre el tema central que trata Irene este es de los más accesibles. Y los artículos que escribe en El País son de una gran información y enjundia. Esta es producto no es solo de estar informada sino de saber enfocar la información que abunda por doquier en nuestro entorno,a travésde los tiempos. Catalizadora, sin duda, y flexible como el junco.

cosas de bara dijo...

¡Gracias, Fackel, por tu comentario tan atinado! Me encanta que destaques esa accesibilidad de Irene Vallejo: hace que la historia del libro se sienta viva y cercana, no como un tratado polvoriento. Tienes razón en lo de sus artículos en El País —esa capacidad para seleccionar y enfocar entre tanta información es un don, y se nota en cada página de El infinito en un junco. Esa flexibilidad "como el junco" resume perfecto su estilo: resistente y elegante a la vez. ¡Un abrazo lector! 📖
He hecho una fotografía de mi junco para las redes sociales, la voy a incluir en la entrada del blog 🙂

Fackel dijo...

Buenoooo, más que un junco es un juncal, ¿no?

Qué bien me llevaba yo de niño con los juncos de la ribera del río junto al que nací. Y con los carrizos y con las eneas...Les echo tanto de menos a todos ellos...

cosas de bara dijo...

¡Jajaja, Fackel, tienes toda la razón! Mi "junco" es más bien un juncal lleno de post-it, como un río de recuerdos marcando cada idea que me atrapó. Me encanta esa imagen tuya de niño jugando con los juncos del río —esa conexión con la naturaleza que evoca flexibilidad y libertad, igual que el espíritu del libro de Irene. ¡Gracias por ese toque nostálgico que lo hace aún más vivo! 📖🌿