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jueves, 26 de febrero de 2026

Pechos y huevos 乳と卵 de Mieko Kawakami 川上未映子


Hay libros que llegan con fama de “gran novela feminista del momento” y una se acerca con cierta desconfianza. Con Pechos y huevos me ha pasado algo distinto: más que un eslogan, me he encontrado con tres mujeres muy concretas, muy frágiles y muy tercas, que me han acompañado varios días después de cerrar el libro.

Cierro sus páginas y me queda una sensación difícil de nombrar. Es uno de esos libros que se te quedan dentro, dándole vueltas a la cabeza, como si aún no quisieran soltarte. Me ha removido y, a ratos, me ha dolido, pero también me ha hecho pensar en todo lo que todavía callamos las mujeres, aquí y allí.

Un viaje en el tiempo (y en el espacio)

Lo primero que me impactó fue la distancia cultural. Al leer sobre Natsu, Makiko y Midoriko, me venían imágenes de una España de hace sesenta años. Si quitamos el paisaje urbano de Osaka y los Snack Bars, lo que queda es una soledad parecida: mujeres que sobreviven como pueden, con trabajos precarios y pocas manos que las sostengan.

Me ha sorprendido la rigidez de la sociedad japonesa. La falta de ayudas públicas, el miedo al estigma, y sobre todo, el orgullo de Makiko, que prefiere hundirse antes que pedir ayuda. Es un retrato honesto —y doloroso— de un sistema que parece moderno solo en apariencia.

Los Snack Bars: El escenario de la precariedad

Los Snack Bars son un mundo aparte. En España no tenemos un equivalente exacto, aunque puedan recordarnos a ciertos locales de alterne. Pero en realidad, allí lo que se vende no es el sexo, sino la escucha: mujeres que sirven copas y compañía a cambio de dinero.

Kawakami convierte ese espacio en un espejo del desgaste silencioso y de la violencia machista estructural: mujeres que dependen de su cuerpo y de su juventud para seguir siendo “rentables”. Por eso la obsesión de Makiko con sus pechos no es vanidad; es supervivencia pura.

Tres mujeres, tres maneras de estar en el mundo

Mi relación con las protagonistas ha ido cambiando:

  • Natsu: Me conquistó al principio: su deseo de ser madre sin renunciar a su libertad me pareció un gesto de valentía absoluta. Pero su evolución me deja un regusto amargo, como si su independencia estuviera siempre a medio camino.
  • Makiko: Me resulta agotadora, pero profundamente humana. Su lucha entre la inseguridad y la imagen es una batalla que muchas entenderán.
  • Midoriko: Ella es la esperanza. Representa a una generación que observa más que habla, pero que va gestando otra forma de vivir, más libre y más consciente.

Sobre la autora y su voz en castellano

Nada de esto tendría tanta fuerza sin la voz de Mieko Kawakami (Osaka, 1976). Antes de consagrarse como escritora, trabajó en ese mismo entorno precario que describe, y se nota: escribe desde las entrañas, con una sinceridad que desarma.

Y qué acierto la traducción de Lourdes Porta en la edición de Seix Barral (2021). Ha sabido mantener esa mezcla de dulzura y crudeza sin edulcorar nada. Se siente cercana, pero sigue siendo japonesa.

Conclusión

Pechos y huevos no es una lectura cómoda, pero sí necesaria. Nos recuerda que la modernidad tecnológica no siempre camina al ritmo del progreso social. He terminado el libro con un nudo en la garganta, pero también con admiración por estas tres mujeres.

Cierro sus páginas removida, pero más despierta. Kawakami consigue eso: obligarte a mirar lo que normalmente evitamos.

Y ahora os lanzo la pelota: ¿también sentís esa especie de viaje en el tiempo cuando leéis literatura japonesa contemporánea, como si el decorado fuera de neón pero las heridas fueran muy viejas? Os leo en los comentarios.

Mieko Kawakami