La lectura de La danza o la vida Wigman, con guion de Fernando González Viñas y dibujos de Joaquín Santiago García, me dejó, de entrada, desconcertada. Afrontar en viñetas un arte tan físico, árido y rompedor como la danza expresionista empuja irremediablemente a acudir a las fuentes originales: sentí la urgencia de buscar a la Mary Wigman real y verla en movimiento. Curiosamente, no ha sido su obra fundacional, la célebre Danza de la bruja de sus primeros años, la que me ha dado la clave, sino la fuerza telúrica de Pastorale. Al verla bailar en este vídeo de 1929, ya en plena madurez expresiva, entiendo de verdad la magnitud de esta pionera: una mujer rompiendo los moldes estéticos de su época con una expresión corporal absolutamente visceral. Partiendo de este desconcierto inicial, comienzo la disección de la obra.
Os dejo aquí el documento visual de Pastorale para que entendáis a qué me refiero antes de entrar en materia:
Si nos detenemos en el núcleo de la obra tras verla en movimiento, lo verdaderamente fascinante no es la danza en sí, sino la insumisión. Acostumbradas a una historia del arte donde el cuerpo de la mujer ha sido habitualmente relegado al papel de objeto estético, frágil y complaciente, la figura de Mary Wigman irrumpe en estas páginas como un auténtico mazazo. Ella se niega en rotundo a ser el adorno grácil que la sociedad de su tiempo esperaba ver sobre un escenario.
Y es precisamente ahí donde el apartado gráfico de la obra acierta de pleno. Los dibujos de Joaquín Santiago García, que me han parecido francamente muy buenos, se convierten en el vehículo perfecto para transmitir esa fuerza física y esa incomodidad inherente al expresionismo. Su trazo expresivo, rotundo y libre de artificios retrata a una creadora que no busca agradar, que no quiere resultar dócil bajo la mirada ajena; busca la verdad del movimiento.
Además, el guion de Fernando González Viñas no esquiva el peso del contexto ni aísla a su protagonista. Por las viñetas desfilan otras grandes figuras de la cultura del momento, tejiendo el retrato de una Europa convulsa donde la libertad de esta vanguardia artística acabó chocando de bruces con la asfixiante sombra del nazismo. Esta capa de profundidad sociopolítica enriquece la lectura y convierte el relato en algo más que una simple biografía: es un testimonio de resistencia
En definitiva, La danza o la vida Wigman no es una lectura cómoda ni complaciente, pero tampoco lo fue su protagonista. Es un acercamiento honesto y sin concesiones a la rebeldía de una pionera que decidió hacer saltar por los aires los roles femeninos a base de puro movimiento.
Otras lecturas vinculadas a Fernando González Viñas reseñadas en Cosas de Bara:
- Japón, un viaje entre la sonrisa y el vacío
- Manolete, biografía de un sinvivir
- El Ángel Dadá
- El traje del muerto. Novela funeraria
- Diario de una perdida (Una novela maravillosa donde nuestro autor de hoy no firma la obra original, pero sí su traducción al castellano).




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