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El auténtico poder del clan: Un reparto que trasciende el guion
Si hay un motivo ineludible por el que Gokudō no Onnatachi merece ser analizada hoy, es por la fuerza arrolladora de su elenco femenino, auténtico motor de la cinta. Shima Iwashita, en la piel de Tamaki Awazu, nos regala un ejercicio magistral de contención y magnetismo; con una mirada gélida y una presencia imponente, logra transmitir la complejidad de una mujer dispuesta a sostener el entramado criminal en representación de su esposo, que está en prisión. A su lado, Rino Katase como Makoto Ike, junto a actrices de la talla de Murasaki Fujima o Akiko Kana, construyen personajes llenos de aristas y fiereza. Es este talento desbordante el que eleva la película, regalando una dignidad y un carisma que eclipsan por completo al reparto masculino y salvan la obra de las propias limitaciones de la dirección.
La mirada caduca de Gosha: El falso espejismo del poder
Sin embargo, este despliegue interpretativo choca frontalmente con la óptica de Hideo Gosha, evidenciando que su cine ha envejecido francamente mal. Aunque
la premisa simule un matriarcado en la sombra, el reparto de poder es un espejismo: las protagonistas operan supeditadas a las brutales reglas de un sindicato patriarcal. Además, la dirección difumina constantemente la línea entre la brutalidad y la sexualidad, convirtiendo la violencia en un elemento de exploitation. Gosha arrastra vicios narrativos hoy indefendibles, como el morbo visual en las peleas entre mujeres o la preocupante romantización de la violencia machista, recurriendo al infame tropo de filmar agresiones sexuales para derivar en que la víctima termine enamorada de su agresor.Esta fricción entre el magnetismo de las actrices y la mirada misógina de la cámara hace que el visionado actual sea una experiencia tan compleja como contradictoria. En Cosas de Bara ya me había asomado al cine de este director cuando, reseñando Haru's Journey (春との旅) de Masahiro Kobayashi y repasando la trayectoria de ese genio absoluto que es Tatsuya Nakadai, incluí su genial Onimasa en aquella lista de películas suyas de las que quería ir hablando en el blog poco a poco. Y mientras sigo cumpliendo propósitos (tengo pendiente comentar El infierno del odio para este mismo ciclo de Japón en negro), me quedo con el valor de The yakuza wives como testimonio de un cine vibrante, ideal para admirar el inmenso talento de sus protagonistas y, sobre todo, para debatirla después con la mirada crítica bien afilada.
Como nota curiosa sobre el título: aunque internacionalmente se la conoce como The Yakuza Wives (cuya traducción literal sería "Las esposas de la yakuza"), el título original esconde una pequeña gran reivindicación. En japonés, está escrito con el kanji de "esposas" (極道の妻たち). Sin embargo, Hideo Gosha y los creadores forzaron mediante el uso de furigana (las pequeñas letras que indican cómo leer un kanji) que esa palabra no se pronunciara como "esposas" (tsumatachi), sino como "mujeres" (onnatachi). Toda una declaración de intenciones para remarcar que ellas no eran un mero apéndice marital, sino mujeres con entidad y autoridad propia dentro del sindicato.
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| Hideo Gosha |



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