Lo más destacable de la novela es su ambiciosa arquitectura narrativa. La trama nos sitúa en un país latinoamericano que, aunque nunca se nombra explícitamente, dibuja con innegable precisión el Chile del siglo XX, abarcando desde los años de la oligarquía terrateniente hasta la instauración del terror tras el golpe de Estado militar. A través del puente intergeneracional que se tiende entre el abuelo y la nieta, la obra articula tanto la memoria íntima de una estirpe como la convulsión histórica de una nación fracturada.
En este paisaje, la figura de Esteban Trueba irrumpe con una brutalidad sobrecogedora. Isabel Allende construye un personaje

