Lo que leo, lo que veo y lo que guardo.

Mi foto
Madrid, Madrid, Spain
Lo que leo, lo que veo y lo que guardo
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Otero Macías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Otero Macías. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2026

Una prisión sin rejas: Memorias del subsuelo (Записки из подполья) Fiódor Dostoievski (Фёдор Достоевский) | Traducción de Fernando Otero Macías


Rincón de intensidad y calidez: Dostoievski, chocolate y mi compañero de mundo


Tenía muchas ganas de empezar con los clásicos heredados de Dostoievski que guardo en casa, pero mi lectura de Memorias del subsuelo ha sido una auténtica sorpresa, y no precisamente para bien. Iba con la expectativa de encontrar un relato sobre una prisión real, el reflejo físico del cautiverio en Siberia que sufrió el autor, pero me topé con algo mucho más asfixiante: una cárcel mental y metafórica construida a base de aislamiento y resentimiento.

El protagonista de esta novela corta es un ser mezquino y contradictorio. Es imposible empatizar con su absoluta ruindad, algo que queda patente en la relación de absurda tiranía que mantiene con su propio criado. Según avanzaban las páginas, ha terminado despertando en mí una verdadera sensación de desprecio y asco.

Resulta escalofriante pensar que la obra fue escrita en 1864 y ver cómo resuenan hoy ciertas actitudes. Hay una escena durante una cena de antiguos compañeros donde uno de esos «señoritos» alardea de tener derecho sobre las vírgenes de sus tierras; un comentario que resulta brutal leer hoy en día. Lo peor es que terminan la celebración yendo a un prostíbulo con total naturalidad. Es una forma de violencia machista que, a pesar de las diferencias de sociedad y de época, sigue tristemente normalizada en muchas de las juergas varoniles actuales.

El contraste de tanta miseria se vuelve aún más nítido al recordar las calles de San Petersburgo; resulta impactante ver esa Avenida Nevski imponente, monumental y majestuosa que un día caminé, convertida aquí en el escenario de las humillaciones más ridículas y patéticas de este personaje.

Quizá para entender la capacidad del autor de sumergirnos en esta asfixia haya que recordar que él mismo conoció el terror psicológico más extremo: llegó a estar frente a un pelotón de fusilamiento con los ojos vendados, indultado en el último segundo. Esa experiencia sin duda curtió su habilidad para crear mentes al límite.

No ha sido una lectura grata, pero quizás ahí resida su brutal mérito: lograr transmitir la repulsión de un subsuelo puramente psicológico.

Fiódor M. Dostoievski