El otro día pasé por la librería y, como nos suele ocurrir a las lectoras empedernidas, no pude salir con las manos vacías. Me llevé a casa Clásicos sin filtros, la última obra de la gran Mary Beard. Al llegar a casa con él, me acordé de un desliz imperdonable: tenía abandonados en mi Blogger los borradores de dos de sus grandes títulos anteriores sobre Roma. Solo el título, y el resto... en blanco.
Así que, antes de abrir las páginas de esta nueva adquisición, he decidido saldar mi deuda con el Imperio Romano.
Pero, ¿quién es Mary Beard?
Para quienes aún no se hayan cruzado con su obra, Mary Beard es una de las especialistas en la Antigüedad Clásica más relevantes de nuestro tiempo. Catedrática en la Universidad de Cambridge y divulgadora habitual en la BBC, su mayor virtud es, sin duda, su capacidad para sacar la historia de Roma de los pasillos académicos más polvorientos y acercarla al gran público. Lo hace con un rigor absoluto, pero también con una frescura y un sentido del humor que te enganchan. En España, de hecho, su inmensa labor fue reconocida con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2016.
SPQR: Una historia de la antigua Roma
Este libro es, sencillamente, magnífico y profundamente didáctico. Mary Beard tiene un don especial, un lenguaje maravilloso y accesible que te atrapa desde la primera página y te llena los márgenes de comentarios mentales. No es un manual de historia al uso, sino un relato apasionante que arranca en los cimientos de la ciudad con el mito de Rómulo y Remo.
A lo largo de la lectura, Mary Beard brilla especialmente al desgranar los momentos de ruptura. Es fascinante cómo aborda la figura de Julio César: su ascenso, el impacto de su asesinato y cómo ese tremendo vacío de poder fue maniobrado hábilmente por su hijo adoptivo, Octavio (el futuro emperador Augusto). Con una claridad pasmosa, la autora nos muestra cómo esas luchas intestinas terminaron por enterrar la República para dar paso al Imperio.
Y luego está la magistral elección del año 212 d.C. como punto final. Es el momento en el que el emperador Caracalla concede la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio. Pero Mary Beard nos baja del pedestal idealista y nos explica el verdadero por qué de esta decisión: lejos de ser un arrebato de generosidad universal, fue una jugada recaudatoria brillante. Al convertir a millones de provinciales en ciudadanos romanos, Caracalla los obligaba automáticamente a pagar los impuestos exclusivos de la ciudadanía, como el impuesto de sucesiones. Una lección de puro pragmatismo político que te hace ver la historia con otros ojos.
Emperador de Roma
Como continuación natural a ese vasto recorrido, este ensayo resulta también tremendamente informativo. Mary Beard sigue demostrando su enorme erudición, aunque como lectora atenta debo admitir una cosa: si vienes de leer SPQR con los apuntes frescos, encontrarás que algunos comentarios o reflexiones ya se habían asomado en el libro anterior.
Aun así, la obra funciona a la perfección como una extensa y detallada relación de emperadores. Tras haber visto en SPQR cómo se forjó el sistema, aquí Mary Beard nos acerca a la figura del poder absoluto, bajando a los césares de sus estatuas de mármol. Nos muestra todas sus luces y sus muchas sombras, acercándonos a la realidad cotidiana de quienes gobernaban. Es el complemento ideal para tener la visión completa de quiénes y cómo manejaban realmente los hilos de aquel inmenso territorio.
Ahora sí, con los deberes hechos y la conciencia tranquila, estoy lista para hincarle el diente a Clásicos sin filtros. Ya os contaré.
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| Mary Beard |




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