Lo que leo, lo que veo y lo que guardo.

Mi foto
Madrid, Madrid, Spain
Lo que leo, lo que veo y lo que guardo

domingo, 19 de julio de 2026

La mano que mueve los hilos 模倣犯 - Miyuki Miyabe 宮部 みゆき | Exceso de equipaje y un cierre decepcionante


Leer una novela sobre violencia machista donde la comunicación policial se hace a base de faxes te sitúa de inmediato en otra época. La mano que mueve los hilos nos traslada al Japón de los años 90 con un asesino en serie que convierte sus crímenes en un circo mediático. Es una lectura que plantea una intriga sólida desde el principio, pero que peca de un exceso de equipaje imperdonable y culmina con un cierre editorial que es una auténtica tomadura de pelo.

Una institución del misterio (que ya tenía en el Kindle)

A pesar de mi afición por la literatura nipona, estaba totalmente convencida de que hasta ahora no me había cruzado con Miyuki Miyabe. Y digo estaba porque, cosas de acumular lecturas, acabo de descubrir que tengo El susurro del diablo —otra de sus novelas— perdida por el Kindle. Sin haberla leído, por supuesto. Indagando un poco en su biografía, resulta que esta autora (Tokio, 1960) es una institución del misterio en su país. Tiene en su haber el Premio Naoki y fama de diseccionar con crudeza la cara más oscura de la sociedad japonesa. Y hay que reconocer que el pulso narrativo lo tiene: te engancha y te crea la necesidad imperiosa de saber quién es el asesino.

El lastre: exceso de información

La mano que mueve los hilos fue publicada originalmente en Japón en 2001 bajo el título Mohōhan (que significa «el asesino imitador»). Se ve que a la editorial esto le debió parecer poco comercial y prefirió sacarse de la manga esta licencia poética para ilustrar cómo el criminal manipula a los medios y a la policía como si fueran marionetas. Sea como sea, esta edición en español es del pasado mes de junio. Y aquí viene mi gran problema con la novela: no es que aburra, pero padece un exceso de páginas evidente provocado por un desfile constante de personajes secundarios. Estas figuras deambulan por la historia sin un propósito claro y, lejos de enriquecer el misterio, se limitan a aportar datos y detalles que no ayudan en absoluto a la lectura. Toda esta sobreinformación solo sirve para diluir la tensión y entorpecer un ritmo que exigía muchísima más fluidez.

Un desenlace apresurado y el golpe de gracia

Después de leer las 382 páginas que tiene la novela, gran parte de ellas de puro relleno, llegar al final resulta desconcertante. De pronto, todo el desenlace se atropella y se condensa en las últimas veinte páginas, liquidando la tensión a base de introducir incluso personajes nuevos en el último momento. Te deja tan fría que da la sensación de que a la autora le hubieran entrado las prisas por quitarse la historia de encima cuanto antes para ponerse a escribir un libro nuevo. Pero el remate absoluto, lo que verdaderamente me mató tras la inversión de tiempo, es llegar a la última página y darme de bruces con la frase: «sigue en el segundo volumen». Y yo me pregunto: ¿será cierto o estamos ante una argucia —ya sea de la editorial o de la propia autora— que no sé muy bien qué pretende?

Como nota al margen: hay una serie en Netflix basada en esta novela, una adaptación taiwanesa titulada Copycat Killer, El asesino mediático (2023). Al ser de Taiwán y no japonesa, escuchar los diálogos en chino se me hace un poco raro. He visto parte del primer episodio y ya he notado algunos cambios; por ejemplo, quien investiga en el libro es la policía, mientras que en la serie ese papel recae sobre un fiscal. Tal vez con tiempo me anime a verla completa, en fin, no lo sé.

En definitiva, y aunque me sepa mal ir a contracorriente de las maravillosas críticas y de todo el bombo publicitario que trae el libro, me planto aquí. Sintiéndolo mucho, no puedo seguir la estela de la mayoría ni sumarme a los aplausos cuando la lectura me ha dejado con esta frustrante sensación de que me han tomado el pelo.

Miyuki Miyabe

No hay comentarios: