Leer una novela sobre violencia machista donde la comunicación policial se hace a base de faxes te sitúa de inmediato en otra época. La mano que mueve los hilos nos traslada al Japón de los años 90 con un asesino en serie que convierte sus crímenes en un circo mediático. Es una lectura que plantea una intriga sólida desde el principio, pero que peca de un exceso de equipaje imperdonable y culmina con un cierre editorial que es una auténtica tomadura de pelo.
Una institución del misterio (que ya tenía en el Kindle)
A pesar de mi afición por la literatura nipona, estaba totalmente convencida de que hasta ahora no me había cruzado con Miyuki Miyabe. Y digo estaba porque, cosas de acumular lecturas, acabo de descubrir que tengo El susurro del diablo —otra de sus novelas— perdida por el Kindle. Sin haberla leído, por supuesto. Indagando un poco en su biografía, resulta que esta autora (Tokio, 1960) es una institución del misterio en su país. Tiene en su haber el Premio Naoki y fama de diseccionar con crudeza la cara más oscura de la sociedad japonesa. Y hay que reconocer que el pulso narrativo lo tiene: te engancha y te crea la necesidad imperiosa de saber quién es el asesino.
El lastre: exceso de información

