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miércoles, 29 de julio de 2026

Los amantes de la noche (すべて真夜中の恋人たち) de Mieko Kawakami (川上未映子): la universalidad de un mapa emocional


Hay novelas en las que lo mejor es olvidarse del mapa geográfico y simplemente dejarse llevar. Al adentrarnos en Los amantes de la noche, lo primero que nos envuelve es una atmósfera marcadamente distante: la de una sociedad tokiota hiperconectada en apariencia, pero cargada de una profunda incomunicación y de unas normas de relación tan rígidas que, desde nuestra mirada occidental, pueden parecernos lejanas al principio.

Sin embargo, una vez que te dejas llevar, sientes de verdad a su protagonista. Aunque se notan, y mucho, las diferencias culturales entre Japón y España, en cuanto conectamos con Fuyuko la barrera geográfica desaparece. Sus miedos silenciosos, sus inseguridades y esa necesidad profunda de afecto son absolutamente universales.

Ese mapa emocional y esos miedos no nacen de la nada. Años después, cuando Fuyuko ya es adulta, descubrimos el origen de su fractura interior: de niña sufrió una violación a manos de un compañero que le gustaba. Es un episodio que la marcó profundamente y que forjó a la mujer en la que se ha convertido. Aunque en la novela no se diga con trazo grueso, es importantísimo expresarlo con claridad y señalar cómo operó esa violencia machista sobre ella: el chico llegó a culparla de lo sucedido, escudándose en que «ella sabía adónde iba». Esa revictimización y el peso de una culpa que no le correspondía explican tantas cosas de su presente y de su forma de aislarse del mundo.

Esa empatía hacia ella se vuelve aún más especial al adentrarnos en su medio de vida. Fuyuko trabaja como correctora de pruebas, un oficio solitario, minucioso y a menudo invisible, desarrollado en el silencio de la madrugada. A veces, nos llevamos las manos a la cabeza cuando encontramos un gazapo en un libro publicado; pero conocer de cerca la fatiga y la fragilidad de alguien como ella te cambia la perspectiva. A partir de ahora, cuando me tope con una errata en una página, no le daré más importancia: me acordaré de Fuyuko, sonreiré con complicidad hacia esas profesionales que trabajan en la sombra y seguiré la lectura.

Termino la lectura y, aunque en un principio quería esperar al próximo estreno de su adaptación cinematográfica, la historia me exigía poner por escrito lo que me ha hecho sentir. A Mieko Kawakami ya la había traído al blog tras leer la punzante Pechos y huevos, y regresar a su literatura con esta novela —publicada en español en 2025— ha sido un acierto absoluto. Una maravilla que no brillaría de la misma forma sin el delicado puente que construye la traducción de Lourdes Porta, capaz de traer al castellano los silencios de la narrativa japonesa sin perder una gota de naturalidad. Al fin y al cabo, hablamos de una autora inmensa, capaz de sentarse frente al mismísimo Haruki Murakami y cuestionarle sobre la representación de las mujeres en sus novelas (una entrevista fascinante recopilada en el libro japonés Mimizuku wa tasogare ni tobitatsuEl búho alza el vuelo en el crepúsculo—, que aún no está publicado en español).

Mieko Kawakami

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