Cuando un autor nos conquista con una obra, es inevitable acercarnos a su siguiente publicación buscando revivir esa misma fascinación. Eso es exactamente lo que me ocurrió con Niklas Natt och Dag. Tras quedar atrapada en la atmósfera asfixiante, oscura y magistralmente sórdida de su trilogía 1793, 1794 y 1795, no dudé en hacerme con La maldición de los Stensson. Sin embargo, la sorpresa al abrir sus páginas ha sido mayúscula: nos encontramos ante un libro que no tiene absolutamente nada en común con su predecesor.
El salto es radical. Natt och Dag nos arranca de las cloacas de la Estocolmo de finales del siglo XVIII y nos lanza casi cuatro siglos atrás, a la Suecia medieval de 1434. Pasamos del nordic noir más descarnado a una novela épica de asedios y política palaciega.
El telón de fondo: La Unión de Kalmar y el yugo danés
Para comprender la magnitud de la historia, es imprescindible situarse en el complejo tablero político de la época. En 1434, Suecia no es un reino independiente, sino una parte fundamental de la Unión de Kalmar, una alianza que, bajo una única corona, agrupaba a los reinos de Suecia (que incluía la actual Finlandia), Noruega (con sus territorios de Islandia, Groenlandia y las Islas Feroe) y Dinamarca.
En la práctica, esta unión se tradujo en una hegemonía absoluta por parte de los daneses. A lo largo de la novela se palpa la fuerza y la tiranía del rey Erico, un monarca que gobernaba desde Dinamarca imponiendo una presión fiscal asfixiante sobre todos estos vastos territorios. El descontento ante los abusos de los gobernadores daneses, que actuaban con total impunidad sobre tierras suecas, es la chispa que enciende la Rebelión de Engelbrekt. Y es justo en este polvorín de hartazgo donde arranca la trama.
Måns, Engelbrekt y el peso de quince generaciones
¿A qué se debe este drástico cambio de temática? La respuesta se encuentra en el propio árbol genealógico del autor. Con esta novela, Natt och Dag retrocede quince generaciones para reinterpretar la historia de su propio linaje (su apellido significa "Noche y Día" y pertenece a la antigua nobleza sueca).



