Para cerrar esta trilogía caribeña de lecturas, y después del dramón tan intenso de Mitsuyo Kakuta del que os hablaba en mi entrada anterior, me vino de perlas cambiar de registro en la hamaca con una historia más ligera.
Hacía tiempo que tenía Aki y el misterio de los cerezos, de Carlos Bassas del Rey, en el Kindle, pero no me decidía a leerlo. Yo qué sé, compro libros y después tardo mucho en leerlos; algunos llevan esperando mucho en la estantería, o en el lector digital, a que me digne a comenzar su lectura. Sobre el autor de esta novela no puedo hablar, nunca antes había leído nada suyo, hasta ahora.
Es una lectura juvenil que se desarrolla a comienzos del siglo XVII, con Tokugawa dirigiendo los designios del país, en paz después de muchas guerras.
Aunque utiliza algunos clichés literarios —como el joven inexperto y el maestro casi superdotado, con un amigo de aquel, gordo y bonachón— la novela funciona bastante bien y hasta que no llegas al final no paras.
Aki es el joven protagonista y el que nos cuenta en primera persona los hechos acaecidos, hablándonos de él mismo, del maestro y de qué ocurre con los cerezos. Tendrá una batalla con unos yokais (demonios) de la que, por supuesto, saldrá victorioso, y gracias a él, su maestro no muere.
Por cierto, los personajes femeninos no existen (apenas tiene alguna frase al final del libro la madre de Aki). ¡La mitad de la humanidad ha desaparecido! Esto es un entretenimiento juvenil de "chicos", pero ya ve el señor Bassas: las chicas también leemos historias de samuráis.
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| Carlos Bassas del Rey |



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