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domingo, 9 de agosto de 2026

Carta de una desconocida: La fantasía patriarcal de Stefan Zweig

A lo largo de los años, he leído y escuchado innumerables elogios hacia Carta de una desconocida de Stefan Zweig. Se la suele clasificar como una obra maestra del desamor, una exploración profunda y conmovedora de la devoción absoluta. Sin embargo, tras cerrar sus páginas, la sensación que me queda no es de sobrecogimiento romántico, sino de un profundo y absoluto hastío.

El romanticismo de la sumisión

La historia nos presenta a una mujer cuyo único propósito vital es adorar en silencio a un escritor de éxito que apenas registra su existencia. Desde que es una niña hasta su lecho de muerte, la protagonista anula su propia identidad para convertirse en un mero satélite de este hombre. Lo que muchos críticos y lectores insisten en llamar "amor incondicional", yo no puedo evitar leerlo como una sumisión enfermiza y una alarmante falta de amor propio.

Una mente calenturienta y masculina

Mientras leía, una pregunta me rondaba la cabeza sin descanso: ¿Podría una mujer haber escrito esta historia? Sinceramente, lo dudo mucho.

El personaje de la "desconocida" es, en esencia, la fantasía definitiva de la mente masculina de la época (y, tristemente, de muchas mentes actuales). Es el retrato de una mujer conveniente: que lo da todo, que sufre en silencio, que no exige nada a cambio, que no estorba y que, para colmo, asume toda la culpa y la carga de los actos del hombre, eximiéndolo de cualquier responsabilidad emocional o paternidad. Es un viaje al ego de un protagonista masculino que, incluso cuando lee la carta de la mujer a la que ha destruido indirectamente, sigue siendo el centro del universo.

Por qué paso de la película

Al terminar el libro, me planteé ver la célebre adaptación cinematográfica de 1948 dirigida por Max Ophüls. Pero he decidido pasar. Si la novela ya me ha resultado frustrante por la pasividad y el masoquismo de su protagonista, no tengo ninguna intención de tragarme dos horas de Hollywood romantizando aún más esta tragedia de sumisión.

Conclusión

Carta de una desconocida puede estar muy bien escrita —Stefan Zweig dominaba la prosa, eso no se lo niego—, pero como lectora estoy cansada de que nos vendan la anulación femenina como la cima del romanticismo. Ya es hora de dejar de aplaudir a personajes que se borran a sí mismas en nombre del amor, y de empezar a llamar a las fantasías patriarcales por su nombre.

Stefan Zweig

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