A veces, para entender una obra maestra, no basta con leer sus páginas; hay que mirar a los ojos de quien la escribió. O, mejor aún, a los ojos de quienes lo amaron. En mi entrada de hoy quiero llevaros a un viaje doble por las estrellas. Primero, a través de las páginas de El tren nocturno de la Vía Láctea ( Ginga tetsudō no yoru 銀河鉄道の夜), ese cuento infinito de Kenji Miyazawa que es casi un rezo a la bondad y al sacrificio. Y segundo, a través de la gran pantalla con la película Father of the Milky Way Railroad ( Ginga Tetsudo no Chichi 銀河鉄道の父, 2023), de Izuru Narushima. Si el libro es el sueño —lleno de trenes celestiales, garzas de cristal y paisajes oníricos—, la película es el corazón que latía detrás: la historia de un hijo rebelde, de una hermana que fue luz, Toshi , y de un padre que, rompiendo todos los moldes de su época, decidió que su mayor orgullo no sería su negocio, sino el talento de su hijo. El peso del nombre ...
Crítica cultural:
literatura, sociedad y mucho cine japonés.
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