El cine como reflejo social y el machismo sin fronteras
Hace unos días leía una crítica cinematográfica que tachaba a la sociedad japonesa de ser profundamente androcentrista, un rasgo que, según el autor, se refleja inevitablemente en su cine. Estos términos suenan muy contundentes, sobre todo cuando los firma un señor. Como espectadora atenta, tengo bastantes dudas sobre la generalización de estas afirmaciones.
Si nos paramos a pensarlo, ¿refleja la saga Torrente a la sociedad española? Evidentemente no; es un mero producto concebido para ganar dinero y entretener a las masas. Esto no quiere decir que debamos apartar los estereotipos por completo o negar que exista machismo en Japón —al igual que en España seguimos sufriendo y combatiendo la violencia machista en nuestro día a día—, pero la sociedad nipona ha evolucionado enormemente. El anterior emperador, al término de la Segunda Guerra Mundial, era considerado un dios; desde entonces, el país ha avanzado a pasos agigantados en un tiempo récord. El cine, por supuesto, puede retratar la sociedad magistralmente (ahí tenemos al gran Shohei Imamura para demostrarlo), pero no siempre tiene un fin de denuncia o documental.
Masato Harada: Un maestro detrás y delante de la cámara
De Bluestockings (Jiyuu renai) existe poquísima información, hasta el punto de no haber podido encontrar ni un mísero tráiler para acompañar el texto. Siendo la primera vez que hablo de Masato Harada por aquí, merece la pena repasar brevemente su biografía.
Nacido en Shizuoka el 3 de julio de 1949, tuvo como mentor nada menos que a Howard Hawks, a quien conoció acudiendo como periodista al Festival de San Sebastián de 1972. En España pudimos disfrutar de su presencia en 2008, durante la retrospectiva "Japón en Negro" del mismo festival, donde presentó Jubaku: Spellbound (1999), cinta con la que cosechó numerosos galardones. Su filmografía incluye éxitos como Kamikaze Taxi, Bounce KO Gals, The Climber's High y The Choice of Hercules. En todas estas excelentes películas brilla mi admirado Kōji Yakusho, aunque lamentablemente no participa en la cinta que hoy nos ocupa. Como curiosidad, Harada también trabajó como actor, interpretando al infame Omura en El último samurái (2003) de Edward Zwick.
La fascinante era Taisho y el despertar feminista
Dentro de su obra, Bluestockings no suele destacar y en ocasiones ni se menciona, seguramente por puro desconocimiento. Se estrenó en Japón en 2005. Basada en una novela de Shimako Iwai, el propio director firma el guion, como es costumbre en su carrera.
La trama nos sitúa en el interesantísimo periodo Taisho (1912-1926), una época también conocida como "democracia Taisho" o "Gran Rectitud" debido al cambio de emperador. Tras la Primera Guerra Mundial, un Japón en el bando vencedor vive una mentalidad de invencibilidad, un gran crecimiento económico a expensas de los países occidentales y el fortalecimiento de su ejército. A nivel legal, abandonan el sistema francés para acercarse al ordenamiento jurídico penal alemán (más garantista con los acusados), nacen los tribunales de menores y, en 1926, se instaura el sufragio universal masculino.
Pero lo más apasionante de este periodo es el clima de libertad individual y el surgimiento de los movimientos feministas. Las jóvenes universitarias abogaron por la igualdad, dando voz a la Liga del Sufragio de las Mujeres y al movimiento Blue Stocking (Seitō), liderado por figuras históricas como Raicho Hiratsuka y Fusae Ichikawa, fundadoras de la Asociación de Mujeres Nuevas.
Un triángulo amoroso en tiempos de cambio
En este efervescente contexto conocemos a Yuichiro (Etsushi Toyokawa) y a su esposa Akiko (Kyoko Hasegawa). Forman una familia acaudalada que, pese a mantener ciertas tradiciones a través de un matrimonio concertado, destila amor y se adapta a los nuevos tiempos. Akiko es una mujer joven, guapa, espontánea y feliz.
Todo se complica cuando Akiko decide ayudar a Kiyoko (Yoshino Kimura), una antigua compañera de colegio recién divorciada que atraviesa un mal momento. Akiko convence a su marido para que le dé trabajo, dando inicio a los verdaderos problemas y a un intrincado triángulo amoroso.
Cuando la amante queda embarazada, la resolución del conflicto recaerá, de forma muy reveladora de los principios japoneses de la época, en la madre de Yuichiro. Un elemento muy destacado es el personaje del padre de Kiyoko: un hombre humilde y católico que anhela un mundo alejado de la opresión del hombre para su hija. Sus emotivas referencias a Raicho Hiratsuka y a la Asociación de Mujeres Nuevas aportan gran profundidad a la historia.
El Gran Terremoto de Kanto: La historia como documental
El final de la película coincide con el devastador terremoto que asoló Tokio en 1923, un evento que Harada filma con un pulso casi documental. A través de personajes como Masanosuke (hermano de Yuichiro), la cinta no elude episodios oscuros como la masacre sufrida por los ciudadanos coreanos, acusados de pillaje tras el seísmo, sumando víctimas a las más de cien mil muertes causadas por los incendios y derrumbes.
Como señala Emilio García Montiel en sus informes recogidos en Muerte y Resurrección de Tokio, la destrucción supuso una calamidad incuestionable, pero también fue vista por las autoridades municipales como "la más alegre medida" para poder acometer nuevos proyectos urbanísticos.
Veredicto final
Después de todo lo dicho, es evidente que hay que verla. La primera vez que la disfruté apenas conocía su contexto histórico; la segunda vez, sabiendo de qué hablaban los personajes, me cautivó por completo. Masato Harada realiza un trabajo estupendo, mostrándonos de forma entretenida una parte importantísima y muy desconocida de la historia de su país.









Actualización (Obituario): Adiós a Masato Harada
Tristemente, el tiempo pasa y toca actualizar esta entrada para rendir un último homenaje a Masato Harada, que nos ha dejado recientemente. Se apaga la cámara para un director indispensable que supo bucear como pocos en las luces y sombras de la historia y la sociedad japonesa, desde la era Taisho hasta la época contemporánea.
Nos deja un legado inmenso, pues después de Bluestockings dirigió otras muchas películas que le valieron importantes galardones tanto en Japón como internacionalmente. Consolidó su carrera con obras aclamadas por la crítica como Chronicle of My Mother (2011, Gran Premio del Jurado en el Festival de Montreal) o la comedia histórica Kakekomi (2015, premio al Mejor Guion en los Mainichi Film Awards). Su maestría para abordar grandes dramas históricos culminó con ambiciosos títulos como The Emperor in August (2015, ganadora del Nikkan Sports Film Award al Mejor Director), el monumental drama bélico Sekigahara (2017) o Bad Lands (2023). Descanse en paz un verdadero maestro, que siempre seguirá llenando espacios en el blog de Cosas de Bara.


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