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martes, 4 de agosto de 2026

Kinuyo Tanaka 田中 絹代: La musa que se rebeló contra el patriarcado del celuloide. Detrás de la cámara

Películas dirigidas por Kinuyo Tanaka

Kinuyo Tanaka fue, durante décadas, el rostro inconfundible del cine clásico japonés. Cualquiera que se haya asomado mínimamente al cine nipón la recordará deslumbrando frente a la cámara en obras maestras absolutas como Cuentos de la luna pálida, El intendente Sansho o Vida de Oharu, mujer galante —todas ellas dirigidas por Kenji Mizoguchi—. Resulta trágicamente irónico que quien fuera su director fetiche y la encumbrara a la historia del cine se convirtiera después en su mayor obstáculo. Y es que su verdadera proeza comenzó el día que decidió exigir el megáfono. Dar ese paso en 1953 significaba enfrentarse a un sistema de estudios asfixiante y a una industria que no estaba dispuesta a ceder el control. La feroz resistencia que encontró fue una demostración de pura violencia machista institucionalizada, encarnada en el propio Kenji Mizoguchi, quien, como presidente del Sindicato de Directores, se negó en rotundo a firmar su recomendación para dirigir. El hombre que la había encumbrado intentó vetarla argumentando que la dirección requería un intelecto y una resistencia física que ella, por ser mujer y actriz, simplemente no poseía.

Este intento de boicot fue vivido por Kinuyo Tanaka como una traición imperdonable. Había sido su mayor musa, la protagonista que había elevado las obras maestras de Mizoguchi a la historia del cine, y él fue el único que intentó cortarle las alas cuando ella quiso dar el salto. Como resultado, Tanaka rompió toda relación con él. Se negó a volver a trabajar bajo sus órdenes o a dirigirle la palabra. Fue una ruptura definitiva; nunca se reconciliaron antes de la repentina muerte del director tres años después, en 1956. Afortunadamente para la historia, el boicot de Mizoguchi fracasó porque otros gigantes del cine japonés cerraron filas en torno a ella. Yasujiro Ozu, Mikio Naruse y Keisuke Kinoshita la apoyaron públicamente frente a las cámaras y a la prensa. Pero no solo los directores le tendieron la mano; actores y actrices legendarios de la talla de Masayuki Mori, Chishū Ryū, Ganjirō Nakamura, el magnético Tatsuya Nakadai y la inmensa Hideko Takamine, entre muchos más, se pusieron a sus órdenes sin dudarlo, respaldando con su enorme prestigio frente a la pantalla la incipiente carrera de la realizadora.

Un puente de celuloide hacia la literatura

Lo más fascinante de la carrera de Kinuyo Tanaka detrás de las cámaras, una vez superado ese boicot inicial, es cómo supo tejer un hilo invisible entre el séptimo arte y las letras. Consciente del enorme poder que tenían los estudios de cine, no se conformó únicamente con dirigir, sino que utilizó ese altavoz para poner a la mujer en el centro del relato. Aunque adaptó a autores masculinos como Fumio Niwa para Carta de amor, gran parte de su filmografía se erigió sobre cimientos literarios femeninos. Llevó a la gran pantalla las exitosas memorias de Hiro Saga, pero la cima de este cruce de disciplinas la alcanzó con Pechos eternos. En esta obra maestra, Tanaka transformó en puro lenguaje visual el desgarro vital y la poesía tanka de Fumiko Nakajo, convirtiendo la cámara en una extensión de la pluma. Gracias a esta alianza entre cine y literatura, retrató a mujeres complejas y reales que, por fin, dejaban de ser el decorado sumiso en las historias de los hombres.

Un recorrido por su filmografía

Para comprender la magnitud de su obra, es fundamental repasar los seis títulos que logró levantar, en los que la mujer siempre ocupó el centro absoluto del relato:

miércoles, 27 de octubre de 2010

Una mujer fuera de la ley. Dragnet Girl (非常線の女, Hijosen no onna) - Yasujiro Ozu (小津 安二郎)

Las primeras películas japonesas que vi fueron de Akira Kurosawa  黒澤 明 y de Yasujiro Ozu 小津 安二郎.
Hubo un tiempo que  creía que Japón y sus habitantes eran como los de Cuentos de Tokio. Es más, creía que Chishu Ryu 笠智衆, su protagonista, era un anciano venerable y prácticamente inmortal, hasta que vi el documental Tokyo-ga de Wim Wenders y me enteré que fue caracterizado desde joven como un anciano.
(Por cierto, al hablar de El funeral de Juzo Itami no le destaqué, él hacía el papel de sacerdote).
La película que traigo hoy la disfrutamos en el ciclo de Japón en negro,
Dragnet Girl  (非常線の女, Hijosen no onna, 1933, conocida en España como Una mujer fuera de la ley .
Esta  es la etapa de Ozu en el cine mudo. Así que, película para cinéfilos, además, no tiene banda sonora, pero, si te metes  en la película, no será posible dejarla a medias, pues, sus personajes están tan bien hechos que te crees que estás en los bajos fondos de Yokohama, además, los planos, la colocación de la cámara, desde su inicio la película atrapa. Es para disfrutarla y fijarse en todo lo que aparece en la pantalla.
Algo sorprendente es que todos los letreros, avisos, carteles, etc., que aparecen en la película, están escritos en inglés, supongo que sería un momento de apertura del director a occidente.
Tiene todos los ingredientes del cine negro, hay una chica "mala",  Tokiko, Tanaka Kinuyo 田中絹代, que le gusta divertirse, trabaja de mecanógrafa por el día y coquetea con el jefe. Su novio, Joji, Oka Joji, es un chico "malo", un guapo gánster que hace todo lo posible para mantener su forma de vida.
Sin embargo, las cosas se tuercen cuando aparece en escena Hiroshi, Mitsui Hideo, un muchacho que quiere ser de la banda y su hermana, "la buena", Kazuko, Kikubo Sumiko, se entera y hace todo lo posible para que no tenga nada que ver con Joji y sus secuaces.