En 2007, Kitano dirige Glory to the Filmmaker (titulada originalmente Kantoku · Banzai! 監督ばんざい!, algo así como "¡Gloria al director!"). En esta cinta, Takeshi Kitano vuelve a interpretarse a sí mismo. Como nos revela una sarcástica voz en off al comienzo, las películas de yakuzas son lo que mejor se le da; sin embargo, según esta misma voz, «este director es tonto» y en sus entrevistas asegura que no va a volver a rodar ese tipo de cine porque mostrar violencia de forma gratuita ha dejado de tener sentido para él.
En su lugar, el protagonista busca recuperar la esencia del cine japonés más tradicional, emulando el estilo del maestro Yasujirō Ozu, tan idealizado por cineastas como Wim Wenders. De este modo, acompañamos a un Kitano que carga con un muñeco a tamaño real de sí mismo durante toda la trama, un recurso visual brillante: el director se transforma en este maniquí justo en aquellas situaciones que más le incomodan.
A lo largo del metraje, Kitano va saltando de un género cinematográfico a otro en una búsqueda desesperada por encontrar su nueva voz como autor, pero parece que con ninguno de ellos logra replicar el éxito que le dio el cine de mafias.
Un detalle precioso de la película es que no termina de verdad con los créditos. Tras ellos, vemos a un hombre entrar en un pequeño cine aislado en medio del campo. La película que están proyectando (y que este individuo no llega a ver) es Kids Return, la hermosa obra que el propio Kitano dirigió en 1996 sobre dos adolescentes y el peso de sus decisiones. Es un guiño final dotado de un lirismo y una poesía visual maravillosos.


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