Un año después de deslumbrar con La presa, Kenzaburō Ōe publicó en 1958 su primera novela larga: Arrancad las semillas, fusilad a los niños (芽むしり仔撃ち - Memushiri kouchi). Si en su obra anterior exploraba el impacto del "otro" en una comunidad cerrada, aquí nos entrega un relato aún más sombrío sobre los efectos colaterales de la guerra y la marginación social.
La novela sigue a un grupo de adolescentes de un reformatorio que, evacuados en tiempo de guerra, son trasladados a un remoto pueblo de montaña. Sin embargo, la tragedia se cierne cuando brota una epidemia y los habitantes locales huyen aterrorizados, abandonando a los chicos a su suerte y bloqueando las salidas para dejarlos aislados a causa de la enfermedad.
De repente, los jóvenes marginados se encuentran solos, obligados a construir una microsociedad para sobrevivir. En este texto se palpa profundamente la influencia occidental en el estilo de Ōe. Apasionado estudiante de literatura francesa (y ferviente lector de Rabelais y Sartre), el autor rompió con la tradición japonesa de frases cortas y etéreas. Su estructura aquí es compleja y densa, lo que él mismo llamaba un estilo de frases largas.
Es una historia que expone la crudeza del mundo. Los chicos demuestran en su aislamiento temporal una humanidad que contrasta brutalmente con la cobardía de los adultos.
Un apunte sobre el autor: La palabra como compromiso
Leer a Ōe (大江 健三郎) es enfrentarse a una literatura que no hace concesiones. Disfrutar de su lectura, y considerarlo, como ser humano, inmejorable, implica aceptar su compromiso absoluto con el dolor.
Hay un punto de inflexión vital en su trayectoria tras el nacimiento de su hijo Hikari en 1963 con una discapacidad. Entonces, el autor se fue a Hiroshima para empaparse del dolor humano, como él suele contar. A partir de ese momento, su escritura se convirtió en una Literatura de Curación: un proceso terapéutico que no solo expone el dolor, sino que busca una forma de convivir con él. Él mismo lo resumió con una claridad demoledora:
"Escribo para que mi hijo, que no puede hablar, tenga una voz en este mundo".
Pero de todo esto y de muchas cosas más, hablaré en otro momento.



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