La historia nos presenta a Etsuko, una mujer de mediana edad afincada en Inglaterra que, tras el trágico suicidio de su hija mayor, Keiko, intenta lidiar con la culpa remontándose a sus recuerdos de la Nagasaki de posguerra. Allí, la narración se centra en su extraña amistad con Sachiko, una mujer inestable y egoísta que planea huir a América con un extranjero, y su atormentada hija, Mariko.
Como lectora japonesa empedernida, estoy más que acostumbrada a los finales trágicos y a los silencios, pero hay que reconocer que en esta novela Ishiguro lleva la ambigüedad a un nivel casi asfixiante. El libro retrata de forma excelente el tiempo inmediatamente posterior a la guerra y los drásticos cambios sociales. Vemos el choque generacional a través de ese padre jubilado, anclado en la tradición, que reprocha a un maestro joven un artículo sobre la pérdida de las costumbres anteriores. Y vemos, sobre todo, una cruda radiografía de la violencia machista de la época: un hombre comentaba que había golpeado a su mujer porque se negaba a votar por su candidato en las elecciones y a nadie le llamó la atención la agresión a su esposa, sino el hecho de que ella quisiera ejercer su propio voto, reflejo de cómo la sociedad japonesa se estaba democratizando.
Al terminar la lectura, la historia parece quedar incompleta. ¿Qué sucedió realmente? ¿Por qué esa mujer se va a Inglaterra? ¿Qué pasó con Jiro, el marido de Etsuko? ¿Qué ocurrió con la joven que se suicidó? Pasamos las páginas buscando unas respuestas explícitas que nunca llegan. Y es ahí, en esa frustración intencionada, donde entra la genialidad de la reciente adaptación cinematográfica dirigida por Kei Ishikawa 石川 慶.
Al igual que me ocurrió hace poco con La chica de Kyushu de Seichō Matsumoto, me decanto por afirmar que la película ha logrado redondear a la obra original, acercándola a nuestros tiempos.
Esta sorprendente coproducción entre Japón, Reino Unido y Polonia arranca con un acierto absoluto: una sucesión de fotografías reales en blanco y negro de la gente en las calles de Nagasaki que nos sitúan de golpe en la atmósfera de la época. A partir de ahí, la película hace un retrato descarnado del desprecio hacia los hibakusha (los supervivientes sospechosos de estar contaminados por la radiación de la bomba atómica), mostrándolo sin filtros a través de altercados, como el vivido en un restaurante, y en diversas conversaciones de los personajes. Lo que en el libro era un telón de fondo sutil, en la gran pantalla se convierte en el motor visceral que justifica la necesidad asfixiante de huir del país.
Pero el mayor hallazgo de Ishikawa es darle un papel protagonista a Niki, la hija menor (nacida del segundo matrimonio británico de Etsuko). En la cinta, Niki entra en la habitación de su hermanastra que se había suicidado y busca activamente la verdad. A través de ella, desenredamos el gran truco psicológico sobre el que se sostiene toda la historia: ¿quién es la que se fue a Londres? ¿Hubo realmente dos mujeres en Nagasaki?
La respuesta más demoledora es que Etsuko y Sachiko son, muy probablemente, la misma persona. Aplastada por la culpa tras el suicidio de su hija mayor en Inglaterra, la mente de Etsuko se fractura y utiliza a la figura de Sachiko como un escudo para no enfrentarse a su propio egoísmo. Es ella quien arrancó a su hija de su hogar. El instante en el que la máscara cae ocurre en ese tenso momento del puente, cuando Etsuko le dice a la niña: "Si no te gusta allí, siempre podemos volver". En ese lapsus ya no hay vecinas; es una madre intentando convencer a su propia hija.
A veces, la literatura nos exige caminar a tientas por los vacíos de la mente humana. Pero cuando una película, con una fotografía hipnótica y una narrativa tan inteligente, sabe encender la luz sobre esos silencios, las cinéfilas solo podemos sentarnos a aplaudir el resultado.
Si queréis ver el tráiler y conocer mi opinión más centrada en el aspecto visual, el estreno y la experiencia en la sala de cine sin desvelar tantos detalles de la trama, os invito a leer la reseña que he preparado en Bara y el cine de los viernes.
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| Kazuo Ishiguro - Kei Ishikawa |



