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sábado, 10 de mayo de 2008

からっ風野郎 (Afraid to die) - YASUZO MASUMURA 増村 保造


Una de las películas seleccionadas para el ciclo de Japon en Negro del Festival de San Sebastián 2008
Una curiosidad, Miedo a morir (からっ風野郎) Afraid to die, está interpretada nada más y nada menos que por Yukio Mishima, sí ese Mishima, el escritor de "Confesiones de una máscara" o "Caballos desbocados", por ejemplo, el mismo que cometió seppuku  en 1970, el de las imágenes vestido de militar y con un pañuelo en la frente, desde una de las torres del Cuartel General de Tokio arengando a los soldados para que éstos se sublevaran y devolvieran al Emperador su legítimo lugar.

Por cierto, que se deje de decir que Yukio Mishima y Kenzaburo Oe, eran amigos. En el Japón actual, Mishima se ha vuelto una figura incómoda; según Oe, en los momentos de crisis reaparece como un fantasma siniestro despertando ideas extremas y nacionalistas. Además, en una entrevista para Carlos Alfieri en 2004, Oe fue tajante: "No, no éramos amigos ni acabamos siéndolo. Además, tampoco aprecio su obra, no me gusta..."

Entrando en materia sobre la película, dirigida por Yasuzo Masumura en 1960, hay que reconocer que es una auténtica delicia, siempre y cuando logremos situarnos mentalmente en el Japón de los años  sesenta y dejemos a un lado la política. Resulta fascinante ver a Mishima interpretar a un yakuza (やくざ) con pocas luces, cobarde y que encarna la pura violencia machista. Hoy en día no dudaríamos en calificarlo de maltratador, pero en el contexto de la época y del país, la narrativa normaliza que la mujer a la que golpea y viola termine enamorándose de él.

Como espectadora, resulta imposible identificarse con el protagonista. A pesar de ser un yakuza, da la impresión de ser un cobarde que vive muerto de miedo, siempre temiendo que un enemigo envíe a un sicario a por él. Tampoco destaca por su inteligencia; menos mal que su amigo es más espabilado y le saca las castañas del fuego continuamente. Asahina, así se llama el personaje, es bruto como un "arao", y esto no se refleja solo en las palizas que le da a su novia, sino en su cruel frialdad cuando le exige que aborte. Ante la negativa de ella en la clínica, llega al extremo de intentar engañarla para que se tome una pastilla abortiva haciéndole creer que es para aliviar las náuseas matutinas,

Hay un momento en la cinta que inevitablemente te saca una pequeña sonrisa: la aparición de unos huelguistas cantando La Internacional (en japonés, evidentemente) rodeados de un montón de banderas rojas comunistas. Irónicamente, son unos yakuzas quienes terminan ayudando a la policía a detenerlos.

Hacia el final de la película, Asahina decide abandonar esa forma de vida con la ayuda de su amigo. Este cambio vital viene acompañado de un cambio de vestuario: tras pasar todo el metraje enfundado en una cazadora de cuero negro con el cuello subido (en un claro intento de imitar a su ídolo, Marlon Brando), en las últimas escenas aparece con una inmaculada chaqueta blanca.

Como no podía ser de otra forma en este género, su destino lo sella un tipo asmático que se ha pasado buena parte de la película persiguiéndolo, pegándole un tiro. Su muerte, al igual que el resto de la película, resulta bastante sobreactuada; pero no deja de ser un fantástico ejemplo de cine negro japonés de 1960, dirigido por Yasuzo Masumura e interpretado por Yukio Mishima

A modo de cierre, y ya en un terreno más personal, he de confesar que la literatura de Mishima nunca me ha gustado. Su prosa me resulta tan artificiosa y teatral como su actuación en esta cinta y, para ser sincera, su ideología me aleja muy mucho de sus libros. Como lectora, me resulta del todo imposible conectar con una obra cuando el pensamiento de su autor me causa tanto rechazo.

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