Si la novela Punto cero de Matsumoto ya nos dejaba con el frío metido en el cuerpo, su paso por el cine confirma que nació con vocación de ser vista. Como la historia no tardó en reclamar su espacio en la gran pantalla, esta entrada se centra precisamente en sus dos adaptaciones, que pese a partir del mismo material nos ofrecen enfoques muy distintos: el clásico indiscutible de 1961 dirigido por Yoshitarō Nomura, y la cinta de 2009 a cargo de Isshin Inudō.
1961: El blanco y negro y la crudeza del noir
La cinta de Nomura es puro noir nipón y, de las dos adaptaciones, es la que se mantiene más fiel al texto original de Matsumoto. Volver a esta película es reencontrarse con la esencia de aquella fantástica retrospectiva de «Japón en Negro» del Festival de San Sebastián. Encaja a la perfección en ese universo de fatalismo, donde el pasado siempre vuelve para cobrarse sus deudas y la moralidad se mueve en una escala de grises en la que nadie es completamente inocente.
Hay un aliciente añadido en esta adaptación: en la escritura del guion andaba metido nada menos que Yoji Yamada, que había dirigido la adaptación de la anterior novela de Matsumoto, La chica de Kyushu. Esa cercanía temporal de la película con el libro le otorga un tono muy realista a la investigación. La cinta refleja a la perfección ese estilo tan propio del autor de bajar el misterio a la crudeza de la calle, deteniéndose en los detalles más frustrantes y burocráticos: el tedio de los interminables viajes en tren, las esperas y el ambiente opresivo de intentar armar un rompecabezas donde nadie quiere hablar.
En esta tarea, la geografía funciona como una amenaza constante. Y esto no es fruto de los trucos de estudio: Nomura y su equipo se negaron a usar nieve artificial, trasladándose en pleno invierno a la costa del Mar de Japón para rodar en exteriores bajo condiciones extremas. Gracias a este rigor y a un magistral uso del blanco y negro, la auténtica nieve de Kanazawa y los escarpados acantilados de Noto dejan de ser un mero fondo estético para convertirse en un entorno hostil y claustrofóbico que parece a punto de aplastar a la protagonista.
Y es en medio de este paisaje donde brilla la construcción de los personajes. Aquí reina la contención: el miedo y los estigmas de la época se procesan en silencio, sin aspavientos ni excesos dramáticos.
Como curiosidad, el impacto de las escenas finales fue tan abrumador que la cinta prácticamente inauguró el turismo de localizaciones cinematográficas en Japón, llenando las agencias de peticiones para visitar el acantilado de Yase no Dangai. Tristemente, la atmósfera fatalista caló tan hondo que el lugar se convirtió también en un punto de peregrinación para suicidios; un lado oscuro del éxito que llegó a conmocionar al propio Seicho Matsumoto.
2009: Color, contexto histórico y algún exceso
Casi medio siglo después, y para conmemorar el centenario del nacimiento de Matsumoto, Isshin Inudō retoma la historia apostando por una factura visual muy distinta. El salto al color le da un claro punto a favor a esta versión, sacándole un partido espectacular a los paisajes nevados de Kanazawa y a los vertiginosos acantilados. Ese diseño cromático es muy deliberado: Inudō apostó por una paleta casi hitchcockiana donde los vibrantes abrigos rojos de las protagonistas (como bien adelanta el cartel de la película) se recortan dramáticamente contra la nieve inmaculada, alejándose del realismo sucio de los sesenta para abrazar un thriller mucho más estilizado.
Para lograr esta perfección visual, y a diferencia del arriesgado rodaje al natural de 1961, el equipo de Inudō se apoyó en la nieve artificial y en los efectos digitales (CGI) para recrear las peligrosas secuencias del acantilado. Una decisión que respondía tanto a las estrictas normativas de seguridad modernas como a la necesidad de mantener un control absoluto sobre esa estética casi teatral.
Pero la película no solo vive de su estética; hay que reconocerle un arranque muy sólido que se toma su tiempo para asentar el relato. El contexto histórico y social del Japón de la época queda plasmado a la perfección, mostrándonos el dolor generacional a través de imágenes estremecedoras de las ceremonias de despedida de los estudiantes reclutados para ir al frente y la crudeza de las muertes en el campo de batalla.
Ese peso del pasado no solo se refleja en las imágenes documentales, sino también en el trabajo actoral. Para prepararse el papel, la actriz Miki Nakatani (que interpreta a Sachiko) se sumergió en una investigación exhaustiva sobre las llamadas chicas pan-pan (las mujeres prostituidas para los soldados estadounidenses durante la ocupación). Quería entender físicamente la vergüenza y el trauma de esa generación para justificar por qué su personaje está dispuesto a llegar tan lejos con tal de sepultar su pasado.
Es a partir de esta sólida base donde Inudō se toma ciertas licencias narrativas respecto al libro que, en líneas generales, funcionan bastante bien y oxigenan la trama. Sin embargo, no todo es redondo. A medida que avanza el metraje, el desarrollo dramático de las mujeres implicadas en el misterio va perdiendo la sutileza para volverse cada vez más estridente, cayendo en un exceso melodramático que le resta fuerza al desenlace. Curiosamente, la película arrasó en nominaciones en los Premios de la Academia Japonesa de aquel año, pero se fue de vacío a casa sin rascar ni un solo galardón.
El veredicto
Aunque la adaptación de 2009 es una película muy estimable que sabe aprovechar el color y plantea un buen contexto social inicial, me quedo con el blanco y negro de 1961. La obra de Nomura y Yamada respira con mucha más verdad, capturando a la perfección la aspereza burocrática y social de aquel Japón fracturado que tan bien diseccionó SeichoMatsumoto.
Fichas técnicas:
Punto cero (Zero no shōten) - 1961
Dirección: Yoshitarō Nomura
Guion: Shinobu Hashimoto, Yoji Yamada, Yoshitarō Nomura (sobre la novela de Seichō Matsumoto)
Reparto principal: Yoshiko Kuga (Teiko), Hizuru Takachiho (Sachiko), Ineko Arima (Hisako), Kōji Nanbara (Kenichi)
Punto cero (Zero no shōten) - 2009
Dirección: Isshin Inudō
Guion: Isshin Inudō, Kenji Nakazono (sobre la novela de Seichō Matsumoto)
Reparto principal: Ryōko Hirosue (Teiko), Miki Nakatani (Sachiko), Tae Kimura (Hisako), Hidetoshi Nishijima (Kenichi)





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