En futuras entradas seguiré desgranando Kawaita hana y os hablaré de secuencias magistrales, como esa en la que Muraki da muerte a otro yakuza rival. Es, simplemente, genial.
Crítica cultural:
literatura, sociedad y mucho cine japonés.
Reseñas profundas con mirada personal. ¡Sígueme!
Lo que leo, lo que veo y lo que guardo.
Mostrando entradas con la etiqueta Masahiro Shinoda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Masahiro Shinoda. Mostrar todas las entradas
domingo, 27 de julio de 2008
Pale flower, Kawaita hana 乾いた花 - Masahiro Shinoda 篠田 正浩
Este señor de cara tan agradable en las fotografías es Masahiro Shinoda (篠田 正浩), el director de esta joya seleccionada para la retrospectiva Japón en negro del Festival de San Sebastián de 2008; un ciclo inolvidable para quienes pudimos asistir y sumergirnos en las sombras de la yakuza en pantalla grande.
Shinoda nació en 1931, en el seno de una ilustre familia de la prefectura de Gifu. A lo largo de su carrera ha dirigido 34 películas, siendo Kawaita hana (1964) su décimo largometraje. Aunque en Occidente no goza de la misma popularidad que maestros clásicos como Ozu y Mizoguchi, o que compañeros generacionales como Oshima e Imamura, su filmografía es de visionado obligatorio para cualquier amante del cine japonés.
En sus inicios, Shinoda fue rápidamente etiquetado dentro de la Nueva Ola japonesa (Nūberu Bāgu), pero su obra no tardó en tomar otros derroteros. Por lo general, sus películas poseen una serenidad y un tempo pausado que evocan más al clasicismo de Ozu o Mizoguchi que a la rebeldía visual de los directores de su propia época. Kawaita hana es una excelente prueba de este estilo tan personal.
La trama nos presenta a Muraki (Ryo Ikebe), un yakuza curtido que acaba de salir de la cárcel tras cumplir una condena de tres años por el asesinato de un gángster rival. Gran parte de la película respira a través de la atmósfera densa de los casinos clandestinos donde se juega al hanafuda (el juego de cartas floral tradicional japonés). En uno de estos antros conoce a Saeko (Mariko Kaga), una joven de clase alta, enigmática y adicta a las apuestas, que busca sin control el abismo de las emociones fuertes.
El Festival de San Sebastián incluyó esta cinta en su retrospectiva de cine negro, supongo que avalada por la cantidad de yakuzas (やくざ) que desfilan por la pantalla. Sin embargo, personalmente, yo no la encasillaría de forma estricta en el noir; tiene un tono existencialista y melancólico que la acerca mucho más a un drama profundo. A esto contribuye enormemente la vanguardista y disonante banda sonora del compositor Toru Takemitsu, que convierte cada partida de cartas en una experiencia casi ritual.
Para que os hagáis una idea de la genialidad visual de Masahiro Shinoda, os dejo un fragmento que corresponde a una secuencia onírica del protagonista. Es tan surrealista que parece que el mismísimo Salvador Dalí se hubiera colado en el set de rodaje para codirigir la escena con él.
Etiquetas:
Cine,
Masahiro Shinoda
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



