El horror desde la cotidianidad y el estigma social Una de las grandes virtudes de Shohei Imamura (uno de los maestros indiscutibles del cine japonés junto a Akira Kurosawa ) es huir del tono revanchista. La película no se regodea en el odio, sino que comienza retratando la tranquilidad de la vida diaria, para luego quebrar esa paz con el relámpago del 6 de agosto de 1945. El núcleo de la historia recae en los supervivientes y aborda frontalmente el drama de los hibakusha (los afectados por la explosión). La desesperación de los tíos de Yasuko por obtener un certificado médico de salud refleja una dura realidad histórica: el terrible estigma social. Nadie quería emparentar con los supervivientes por el miedo a la enfermedad por radiación y a posibles malformaciones genéticas. La estética de la tragedia La maravillosa fotografía en blanco y negro es crucial. El trabajo del director de fotografía Takashi Kawamata dota a la película de una crudeza casi docu...
Crítica cultural:
literatura, sociedad y mucho cine japonés.
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