Los caminos de una mente en el Japón Heian: «Sueños y ensoñaciones de una dama de Heian», de la Dama Sarashina
La lectura de las memorias de la Dama Sarashina me ha deparado un disfrute inmenso. Por lo que se trasluce de aquella época, en la que las fincas se administraban con rigor y las cartas se redactaban y enviaban atadas con flores, esta obra se adentra no solo en las vivencias de su autora, sino también en el mapa íntimo de su familia, de su padre y en los traslados obligados por los avatares de la administración. La Dama Sarashina nos cuenta con una sensibilidad sutil cómo se sentía en aquellos parajes; eso sí, conviene matizar que era una mujer de profundas devociones, sumamente religiosa, que encontraba su mayor refugio en la visita constante a templos y en la devoción ferviente a Buda.
El volumen que nos ocupa funciona como una especie de diario espiritual y vital donde se diluyen las fronteras de los géneros. Su verdadero nombre permanece en el anonimato; la conocemos por el título de esta obra y por situarse cronológicamente unas cinco décadas después de la célebre Murasaki Shikibu, autora de la monumental Novela de Genji. Nacida en 1008 y fallecida en 1057 en la antigua capital de Kioto, Sarashina vivió inmersa en esa corte imperial donde la sensibilidad estética lo impregnaba todo. El subtítulo de la edición, Sueños y ensoñaciones de una dama de Heian, resume a la perfección el pulso de unas páginas donde la vigilia y la ensoñación se solapan. En aquella época, esta mujer poseía ya la curiosidad de los auténticos devotos de la literatura, rindiendo una particular admiración a figuras como la propia Murasaki.
La cuidada traducción de esta edición corre a cargo de Akiko Imoto y Carlos Rubio, quien firma además un prólogo de gran interés que enriquece notablemente la lectura.

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